
Virginia Aguirre Talamona presentó una investigación que reconstruye más de dos siglos de historia, desde los orígenes del poblado hasta hoy.
Virginia Aguirre Talamona presentó una investigación que reconstruye más de dos siglos de historia, desde los orígenes del poblado hasta hoy.
Hay imágenes que sobreviven al tiempo porque su valor excede la materia. En Curuzú Cuatiá, Nuestra Señora del Pilar es una de ellas: testigo de los orígenes del pueblo, de sus transformaciones y de la vida de generaciones enteras. Esa historia, hecha de documentos, episodios decisivos y memoria colectiva, ocupa el centro del libro que la licenciada Virginia Aguirre Talamona presentó el viernes 9 de octubre en el salón Manuel Belgrano de ACYAC-BPR, ante más de 200 personas.
El título elegido, Bajo su mirada. Historia de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá, propone una clave de lectura que trasciende la biografía de una imagen religiosa. La mirada de la Virgen funciona como una metáfora de la continuidad: mientras cambian las calles, las costumbres y los nombres de las familias, hay una presencia que enlaza el pasado con el presente y ofrece a la comunidad una referencia compartida. En esa relación entre la historia documentada y la experiencia íntima de los habitantes reside buena parte del interés de la obra.
Durante la presentación, Aguirre Talamona invitó al público a recorrer más de dos siglos de acontecimientos, desde los primeros proyectos de organización del poblado hasta las intervenciones recientes destinadas a conservar la imagen. Su relato recuperó nombres, fechas y testimonios, pero también evocó una historia cotidiana: la de quienes encontraron ante Nuestra Señora del Pilar un lugar para celebrar bautismos, primeras comuniones y matrimonios, despedir a sus seres queridos y renovar, en distintos momentos de la vida, un vínculo con sus antepasados.
El origen de esa historia se remonta a los últimos años del siglo XVIII, cuando Tomás Castillo, José Zambrana y José Andrés Casco y Mendoza impulsaron las gestiones para establecer una capilla y dar forma a un poblado. El proyecto tomó impulso en 1785 y obtuvo autorización en 1789, en un tiempo en que la fundación de una comunidad exigía mucho más que la delimitación de un territorio: requería un espacio de reunión, una organización común y símbolos capaces de expresar una pertenencia.
La capilla y la advocación de Nuestra Señora del Pilar ocuparon un lugar central en ese proceso. Décadas más tarde, la presencia de Manuel Belgrano, en noviembre de 1810, añadió otro capítulo a la historia local, con su intervención en la organización jurídica y territorial del pueblo. El libro permite así situar la memoria religiosa dentro de un contexto más amplio, en el que la formación de Curuzú Cuatiá se vincula con los cambios políticos y sociales de la región.
Uno de los episodios más significativos de la investigación es el recorrido de la propia imagen. Su historia no transcurrió al margen de las dificultades que atravesó la comunidad. El incendio de la antigua capilla en 1826, su posterior traslado y su recuperación en Perugorría forman parte de una sucesión de hechos que muestran la fragilidad material de un patrimonio y, al mismo tiempo, la voluntad de preservarlo.
A esos episodios se sumaron, con el paso de las décadas, nuevas formas de reconocimiento y cuidado. La coronación canónica de Nuestra Señora del Pilar, el 11 de octubre de 1958, quedó entre los acontecimientos religiosos más importantes de Curuzú Cuatiá. Las intervenciones de conservación y restauración de 2000 y 2026, por su parte, permitieron recuperar aspectos de la fisonomía de la imagen y renovar el compromiso con su preservación.
En ese recorrido aparece una dimensión que interesa tanto a la historia del arte como a la historia social: una imagen religiosa también puede ser un objeto patrimonial, una pieza de valor histórico y un testimonio de las prácticas culturales de una comunidad. Su conservación exige atender a la materia, a las huellas del tiempo y a las transformaciones que atravesó, pero también comprender los significados que distintas generaciones depositaron en ella.
La presentación del libro reunió esas dimensiones en una misma escena. Más de 200 personas acudieron al salón Manuel Belgrano para escuchar a la autora y reencontrarse con episodios que forman parte de la memoria local. La respuesta del público reveló el interés que todavía despierta la historia de una ciudad cuando el relato no se limita a una cronología de acontecimientos, sino que recupera las experiencias humanas que les dieron sentido.
En ese aspecto, Bajo su mirada propone una lectura que trasciende el ámbito estrictamente religioso. La historia de Nuestra Señora del Pilar permite explorar cómo una comunidad construye su identidad. Hay una razón por la que ciertas imágenes permanecen en el centro de una comunidad durante siglos. No se trata solamente de su antigüedad ni de los acontecimientos extraordinarios que marcaron su recorrido. También importa la cantidad de vidas que pasaron ante ellas.
El 11 de octubre de 1958, Nuestra Señora del Pilar recibió la coronación canónica.. La imagen también fue objeto de trabajos de conservación y restauración en 2000 y 2026.
Tapa del Miércoles 14 de Octubre de 2026