
Las diferencias entre Claudio Tapia y los dirigentes que reclaman cambios en la AFA reabrieron el debate sobre el formato de los torneos, la cantidad de equipos en Primera División y el nivel del fútbol argentino.
Las diferencias entre Claudio Tapia y los dirigentes que reclaman cambios en la AFA reabrieron el debate sobre el formato de los torneos, la cantidad de equipos en Primera División y el nivel del fútbol argentino. La disputa suma nuevos protagonistas y expone intereses cruzados en la conducción del deporte.
Los días de la primavera van poniéndose a tono con la estación, el sol va quedándose mas tiempo, la temperatura se lleva bien con una remera o un abrigo muy liviano. Tal vez sea por todo esto, que Claudio Tapia convocó a una reunión de dirigentes de clubes el martes 22 de septiembre en el predio Lionel Andrés Messi, lleno de verde y con arboledas añosas y altísimas y con un paisaje futbolero que rompe los ojos.
De todos modos, la reunión se hizo en el majestuoso salón preparado para estos eventos en donde, difícilmente, uno de estos representantes de clubes no levante la mano para aprobar o se muestre en disidencia. Todavía son abrumadora mayoría los que aprueban las decisiones tomadas por la AFA en materia de organización de torneos o alguna otra cosa.
Más allá de la formalidad eterna y del resultado ya conocido de antemano, esta reunión, particularmente, traía cierta expectativa de algún debate, de cierta diferencia con las de siempre. River había anunciado con bombos y platillos su “regreso” a la AFA y lo hacía presentando una serie de reclamos – propuestas vinculadas a cambios estructurales profundos, tanto en la propia AFA como en la organización de los campeonatos y las cuestiones arbitrales.
Cambiar el formato de las competencias, con reducción gradual de equipos en la Primera División y reglas que no se modifiquen mientras el torneo transcurre.
Reordenar el calendario y la ventana del mercado de pases.
Rediscutir los roles de quienes hoy conducen el arbitraje argentino y, fundamentalmente, definir criterios para las designaciones arbitrales. A su vez, hacer una evaluación por rendimiento y un comité independiente que las audite.
Los bombos y los platillos con los que River anunció su presencia en la reunión de Ezeiza fueron una estrategia comunicacional. El club de la Banda Roja tiene una de las vicepresidencias y ya había estado ausente en cuatro reuniones del año, sobre todo después de aquel incendiario discurso de Stefano Di Carlo, el titular millonario. El reglamento de la AFA, en este sentido, dice que si un club o un representante de ese club se ausenta cinco veces en un año, pierde su lugar. Es decir, si River no concurría a este mitin, perdía la vicepresidencia que ejerce Ignacio Villarroel (a la sazón, vicepresidente segundo de River) y quien sabe cuando la institución de Núñez podría estar en la cocina del fútbol para discutir u oponerse a las decisiones de Claudio Tapia y Pablo Toviggino.
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Hay otra cuestión que generó expectativa, acaso mayor que la de las propuestas de River. Uno de los dirigentes de mejor y mas estrecha relación con la cúpula de la AFA es Gonzalo Belloso, ex jugador y presidente de Rosario Central, de largo paso previo por CONMEBOL. De los ex futbolistas que asumieron cargos directivos, acaso Belloso sea el que llegó al cargo máximo de su club con más experiencia que los demás.
El lunes 21, un día antes de la reunión, surgió la versión de que Belloso iba a presentar una propuesta de reducir de 30 a 22 ó 24 y de manera gradual, el número de equipos en Primera División. Fue sorpresivo, justamente, por la cercanía de Belloso con Tapia y, si bien el presidente de Central lo desmintió al final de ese mismo lunes, quedó la idea de que hicieron algo que suelen hacer como estrategia, que es lanzar una versión y ver qué sucede, que repercusión tiene entre la gente y el periodismo. Que lo haya dicho Belloso, además, da a pensar que Tapia no es ajeno a esta idea. Muchas veces Tapia trató de despegarse del asunto de “los 30 equipos en Primera División”, responsabilizando a “los dirigentes de los clubes” de semejante cantidad.
En esta estructura, tiene razón Tapia. Los dirigentes jamás van a votar la reducción de equipos, ni gradual ni brusco, sobre todo los de los clubes que están muy cómodos con este esquema de dos descensos, de los que uno es por promedio y el otro por acumulación de puntos. Que sean 30 equipos y sólo dos descensos los pone a cubierto de varias cosas. Entre ellas, de tener que armar un equipo demasiado competitivo, porque con uno de medio pelo zafan la temporada y se dudan en primera. Pagan sueldos bajos, pocos premios porque las victorias son escasas, pero se mantienen en Primera sumando unos pocos puntos. ¿Qué dirigente va a votar un cambio si con esto están bárbaro? Juegan en Primera, arman un equipo mediocre, les alcanza para mantenerse, reclaman público visitante cuando llegan los grandes, juntan unos mangos y ya.
Del nivel del torneo, del que hay y del que podría haber con un torneo de elite, no se discute nunca. En la cabeza de Tapia siempre está la idea de volver a tener menos equipos, me consta, lo sé, aunque esto no lo exonera de ningún modo. Es el presidente de la AFA y, por lo tanto, carga con esa responsabilidad. Pero no es el único. Quienes conocen a fondo el día a día de la AFA, dicen que Tapia gobierna “la Selección Argentina”, pero el fútbol doméstico lo maneja Toviggino.
El rosarino de nacimiento y santiagueño por adopción Pablo Toviggino no sería hoy tesorero de la AFA ni mano derecha de Claudio Tapia sin antes haber sido designado por Daniel Angelici como Presidente del Consejo Federal de Fútbol, en un acuerdo político ocurrido en 2015. “Toviggino no es del Chiqui, como cree todo el mundo; es mío”, me dijo alguna vez el ex presidente de Boca. El ladero de Tapia logró sobrevivir al naufragio de la Comisión Normalizadora —de la que fue integrante y tesorero— y en 2017, cuando Chiqui se convirtió en Presidente de la AFA, Toviggino pasó a ser su Secretario Ejecutivo, toma decisiones sobre las cuestiones del día a día y es el hombre de consulta permanente de los dirigentes de los clubes.
Todo parecía seguir su curso normal, pero en las últimas semanas algunas voces se elevaron con críticas muy puntuales a la conducción de la AFA. Por un lado, en el canal de streaming Clank!, conducido por Juan Pablo Varsky, Nicolás Tagliafico, uno de los Campeones del Mundo más emblemáticos, dijo
“Veo poco fútbol argentino, en Europa es muy difícil por los horarios. Pero, además, empecé un poco a perder ese amor por el fútbol argentino. Siento que bajó la calidad, tal vez porque crecí con el Apertura y Clausura, 20 equipos y hoy uno no se da cuenta de las cosas. Grupo A, Grupo B, cómo se conectan. ¿Volver al fútbol argentino? Y… va un poco de la mano con esto. Se me termina el contrato en junio de 2027 y todo va a depender del proyecto que haya acá, de que club se trate…¨
Que Tagliafico sea quien ponga en duda su vuelta, que vuelque una critica tan dura al nivel del fútbol argentino es un serio llamado de atención. No es una voz más. Es alguien que convivió con Tapia durante tres Mundiales, con una trayectoria impecable, extensa y exitosa. Nadie piensa que la opinión negativa que tiene Tagliafico haga temblar estructuras, pero entre tantos que vuelven (Di María, Paredes, Correa, Almada, Otamendi) que haya uno que se plante y ponga en duda su regreso por la organización y el nivel de juego merecería, cuanto menos, una señal de atención, un diálogo profundo y honesto.
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Como corolario de todo esto, Stefano Di Carlo y Juan Sebastián Verón se reunieron el 13 de octubre al mediodía en las oficinas del Estadio Monumental. En realidad, primero debieron suavizar viejas rencillas, producidas cuando en febrero de 2025 Di Carlo dijo que “todo lo que hace y dice Verón genera desconfianza”, después de que, en medio de las negociaciones de River por Sebastián Driussi con el Austin FC, de la Major League Soccer, Estudiantes de La Plata consultó por el jugador y disparó la cotización. River terminó pagándolo 10 millones de dólares, cuando lo tenía abrochado por bastante menos. Di Carlo y Verón quedaron tirantes.
Pero como le ocurría a Jorge Luis Borges con la Ciudad de Buenos Aires, a Di Carlo y a Verón no los une el amor, sino el espanto. El presidente de River invitó al de Estudiantes a unir fuerzas, a construir un frente común para ponerse enfrente de la cúpula de la AFA. Aquello del comienzo —organización de torneos, nivel e integridad de los arbitrajes, la pésima conducción de Beligoy, reducción de la cantidad de equipos en Primera y Segunda División, generación de recursos— es un credo para los que están del lado de Di Carlo y Verón.
Desde la AFA y sus espadas mediáticas, disparan contra los que están enfrentados de Tapia y Toviggino con el argumento de que en el discurso de que “quieren mejorar el fútbol argentino” están escondidas intenciones de habilitar las SAD, aunque ni River ni Estudiantes no parecen en tener esa pretensión.
Para terminar, y como si todo esto no fuera suficiente, el diario La Nación dedica todos los días a cuestiones judiciales de Tapia. La más reciente es que el fiscal Gerardo Policita investiga al presidente de la AFA por transferencias de la FIFA y de Camioneros entre 2018 y 2020 (recordemos su parentesco político con Hugo Moyano) eran el orden de los dos millones de dólares. Esta investigación lo involucra, además, como funcionario del CEAMSE. Lo que La Nación publica a diario con rigurosidad, lo rebota Infobae. En la cúpula de la AFA, están convencidos de que todo esto forma parte de un ataque coordinado desde el Gobierno Nacional y que, ahí si, la idea final es, por fin, habilitar las SAD.
Así están las cosas hoy. Hace casi un mes que la AFA y sus opositores estrechan filas y se miran de rabo de ojo y con desconfianza. Los 30 equipos continuarán, en nombre de las fuentes de trabajo y el federalismo. La enorme mayoría de los dirigentes del fútbol argentino avalan todo lo dispuesto por la AFA por diferentes razones e intereses. De todos modos, esta pelea no da tregua y va escalando.
El final es impredecible.
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