
No supo jugar sin Paredes y sintió la merma de calidad en puestos clave. Recién 11 contra 10 tuvo chances de empatar, pero sufrió el partido. La apuesta de Valencia por Merentiel no funcionó.
Boca perdió el partido mucho antes del pitazo final de Piero Maza. Lo perdió el viernes pasado en Córdoba y no anoche en la Bombonera. Para quienes osaron relativizar la importancia de Paredes -que los hubo, aunque más no fuera para llamar la atención-, va esta actuación pobre, decepcionante, triste. Probablemente la peor del ciclo Arruabarrena más allá de aquel papelón de los suplentes con Riestra.
A Boca se le cerró el arco: dos palos y muchos errados en la derrota ante Vasco
Estos eran los titulares, o lo que queda de ellos. A Boca no solo se le cayó un jugador de fútbol: se le cayó el alma, el símbolo, la bandera, el todopoderoso líder que le daba sentido a este Boca aún vivo en todos los frentes. Pero si repasamos las bajas, hay que contar a Aranda, a su reemplazante Velasco (jugó el segundo suplente que es Palacios, un tipo que estaba casi afuera del club y que Arruabarrena decidió recuperar). Se cayó Belmonte, habitual jugador número 12, el primer sustituto del medio, y en su lugar entró este Alarcón inexplicable. Y como si fuera poco, el goleador de Boca no se cayó pero el técnico decidió mandarlo al banco para poner a un tipo que hasta hace un mes era el meme del fútbol argentino. Así, muchachos, no hay equipo que aguante.
Vasco fue mucho más de lo que esperábamos todos. Un equipo que, once contra once, manejó el partido a su antojo, aprovechó un error de Di Lollo (en lugar de tirar la pelota afuera la dejó dentro de la cancha) y facturó el equipaje para volverse a Brasil con un triunfo inobjetable. Boca pudo haberlo empatado, claro, luego de la expulsión insólita de Andrés Gómez, que decidió complicarle la vida a su equipo. Pero hasta las que pintaban bien salieron mal: Villa entró bárbaro, empezó a desequilibrar, metió el primer tiro al arco de Boca (iba una hora entera de juego) y de repente se apagó, con un problema físico que le impidió casi volver a patear.
Otra vez el travesaño le dijo que no a Boca
No fue la noche de Lozano (Blanco al menos puso un centro en el palo) y con los laterales bajo control se fue buena parte de las chances de que Valencia se luciera con algún cabezazo. Porque eso es lo que buscó el DT a falta de intérpretes en el juego interno. Los chilenos no estuvieron a la altura. A Flores lo taparon bien y se empecinó en la individual. Ascacíbar -especialmente- y Delgado se sintieron abrumados por la responsabilidad de manejar el medio. Y los manotazos desde el banco esta vez no dieron resultado. Arruabarrena se quejó en conferencia de que había demasiada gente por delante de la línea de la pelota pero él la incentivó: terminó con ¡cinco! delanteros. Flores, Merentiel, Valencia, Romero y Villa. No es cuestión de acumular hombres en una misma función en desmedro de otras.
Es muy difícil voltear al hincha de Boca, hablarle de sentencias, porque su historia está construida con ladrillos de sufrimiento. El propio Vasco, más allá de la autocrítica, llamó a confiar en lo que viene. El equipo está herido, se confundió, perdió el invicto, está saturado de partidos pero no es un equipo cualquiera. Es Boca. Boca y el peso de su camiseta. Boca y su historia. Un Boca que sabe de adversidades e irá a Brasil a domarlas.
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