
El 2026 y hasta la década de River se compone mayoritariamente de desilusiones como el 1-1 ante Sarmiento. Jugadas 28 fechas sobre 32, el plantel más caro del país corre de atrás para arañar un mísero lugar en la Libertadores.
El 2026 y hasta la década de River se compone mayoritariamente de desilusiones como el 1-1 ante Sarmiento. Jugadas 28 fechas sobre 32, el plantel más caro del país corre de atrás para arañar un mísero lugar en la Libertadores.
El 2026 que River estuvo a menos de diez minutos de ganar en la final del Apertura contra Belgrano en Córdoba quedó supeditado a un improbable sprint final en las últimas cuatro fechas para evitar otro año perdido, una postal ya conocida y repetida en 2022, 2024 y 2025: la década de River se compone mayoritariamente de partidos decepcionantes como el 1-1 ante Sarmiento.
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Ilusiones naturales del hincha al margen, el empate en Junín tampoco debería sorprender demasiado. ¿Por qué un equipo que casi siempre está por debajo de las expectativas debería, de buenas a primeras, alcanzar el nivel acorde a la calidad de su plantel? ¿O por qué un equipo que no le dio alegrías verdaderas a su gente en los últimos años debería, de un día para el otro, ganar los partidos clave? ¿O por qué un equipo que hace 31 partidos no da vuelta una derrota debería, finalmente, ganar un encuentro que empieza perdiendo?
Las dudas de todo el 2026 se trasladan a las individualidades: ¿Por qué Lucas Martínez Quarta debería dejar de salir en la foto de casi todos los goles rivales si hasta ahora casi siempre lo hizo? ¿O por qué Sebastián Driussi debería demostrar que es el 9 adecuado para River si en los casi dos años que lleva en River todavía no lo hizo? ¿O por qué Tomás Galván perdería el puesto si los técnicos pasan y el 26, pese a que pasa inadvertido en muchos partidos, mantiene su titularidad?
Así fue el empate entre Sarmiento y River
Jugadas 28 fechas sobre las 32 de la temporada, el acumulado entre los equipos de Marcelo Gallardo, Eduardo Coudet y Leonardo Ponzio corre de atrás en la tabla general para arañar un mísero lugar en la Copa Libertadores y únicamente tiene chances de salir campeón en el Clausura gracias al impredecible sistema de los playoffs que, paradójicamente, su dirigencia parece criticar. Demasiado poco para el plantel más caro del país.
No sólo eso: River llega a las últimas cuatro fechas del Clausura afuera de los ocho primeros de su grupo, el mejor resumen de una temporada en la que ninguna de las patas del club -jugadores, técnicos y autoridades- pudo escaparse de un espiral de pequeños y grandes errores.
Un dato es increíble: salvo en su peor momento en la historia, cuando no jugó la Libertadores entre 2010 y 2014, para encontrar dos temporadas seguidas sin River en la máxima competencias internacional hay que retrotrarse hasta 1988 y 1989. Entonces, además, sólo participaban dos argentinos por temporada, no seis como ahora.
Con Ponzio con fecha de vencimiento y Ramón Díaz en las gateras -y, en ese caso, ¿Enzo Francescoli también afuera?-, River se jugará la clasificación a los octavos de final contra Belgrano, Racing, Boca y Aldosivi en los próximos cuatro partidos para ganar una última vida y, ya en los playoffs, evitar otro año perdido. Pero de nuevo vuelven las preguntas: ¿Por qué si River no goleó a Estudiantes de Río Cuarto como se esperaba y tampoco pudo vencer a Sarmiento, como también se esperaba, en lo que resta del año finalmente estará a la altura de las expectativas?
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