
El vestuario argentino tiene un rincón sagrado en cada estadio, una muestra de fe que acompaña a este plantel hace años y a la Albiceleste hace décadas.
El vestuario argentino tiene un rincón sagrado en cada estadio, una muestra de fe que acompaña a este plantel hace años y a la Albiceleste hace décadas.
Un altar improvisado aguarda por la llegada de los jugadores de Argentina al vestuario visitante del AT&T Center de Dallas. Faltan horas para el partido contra Jordania. En esa ventana de tiempo entre la preparación del utilero Mario Di Dtéfano y la llegada del micro, ingresa un fotógrafo acreditado y entre todas las fotos de rutina también saca algunas de ese espacio sagrado, ubicado en un rincón dentro de esas cuatro paredes en las que casi nadie sabe lo que pasa, porque casi nadie puede entrar.
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Esas imágenes reflejan el costado más creyente de la delegación albiceleste. No se trata de algo nuevo: la base de este equipo tiene integrantes de Qatar 2022 y de las Copas América 2021 y 2024, torneos en los que sobraron muestras de fe antes, durante y después de que ruede la pelota. De hecho hay varias figuras que se repiten de esos años. Las que están en Estados Unidos son las siguientes:
2- Miniatura de la Virgen de Luján
5- Botella de agua bendita con una ilustración de la Basílica de Luján
6- Pequeño retrato de la Virgen con el Niño Jesús.
En un Mundial en el que ya hubo manifestaciones sobre temas religiosos y ayudas divinas, el equipo argentino prefiere el silencio. En Ghana, por ejemplo, tomó notoriedad el brujo Nana Kwaku Bonsam, que anunció una maldición sobre Harry Kane antes del enfrentamiento contra Inglaterra y su posterior liberación. Creer o reventar, el 9 inglés se erró un gol imposible contra los ghaneses y en los dos partidos siguientes, contra Panamá y DR Congo, la mandó a guardar tres veces. El tema llegó hasta la conferencia de prensa de Eberechi Eze, que no quiso contestar. Ahora Nana Kwaku Bonsam anticipó la eliminación de Argentina contra Cabo Verde.
De la delegación albiceleste se sabe que Chiqui Tapia llevó la Copa del Mundo a la Basílica de Luján en enero de 2023, a los pocos días de la consagración ante Francia en Lusail, y que también lo hizo con la Difunta Correa, acompañado del jugador Exequiel Palacios. “Si no cumplís, Deolinda te la cobra”, dijo después de subir los escalones que llevan hasta el santuario ubicado en Vallecito, en el municipio de Caucete, a 60 kilómetros de la capital de San Juan.
“Yo creo que subí siete veces de rodillas, porque también lo hice por promesas de Barracas Central y temas de salud”, explicó Tapia, devoto de la Difunta Correa desde que era niño y sus padres se tomaban el colectivo en la terminal de San Juan para ir a visitarla. Tras la obtención de la última Copa América, en 2025 en Estados Unidos (igual que ahora), llevó como ofrenda el traje que había usado a lo largo del torneo.
Deodelinda Cabrera, como era su nombre, es venerada por miles de creyentes en Argentina, que aseguran que intercede por los vivos. En la década de 1840 fue encontrada por un grupo de arrieros en el desierto sanjuanino. Mientras ella yacía muerta, su hijo seguía alimentándose de su pecho. Ese es el primer milagro que le atribuyen.
Respecto a la Virgen de Luján, sobran los testimonios que unen su historia con la de la Selección Argentina a lo largo de décadas. En 1986, antes del Mundial, el plantel visitó la Basílica. Y a lo largo de todo el torneo la delegación viajó con una réplica. José Luis Cuciuffo, integrante de aquel equipo, tenía un rol que excedía lo futbolístico: era el encargado de ubicar la figura siempre arriba de un armario en cada vestuario que ocupaban.
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En vísperas del partido en Miami, hay un hilo invisible que une a la Virgen de Luján, Argentina y Cabo Verde. El protagonista es Manuel Costa de los Ríos, un esclavo caboverdiano que llegó al Río de la Plata en 1630. El Negro Manuel, como se lo conoce popularmente, fue testigo del primer milagro de la Virgen -el “milagro de las carretas”- y desde entonces se convirtió en su devoto y cuidador hasta el día de su muerte, cinco décadas más tarde. Su historia, como la del plantel albiceleste, es una historia de fe.
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