
Un estudio científico permitió conocer detalles de un titanosaurio que vivió hace 68 millones de años en Río Negro y cuyos restos se conservaron en un muse
Un estudio científico permitió conocer detalles de un titanosaurio que vivió hace 68 millones de años en Río Negro y cuyos restos se conservaron en un museo.
Restos de un dinosaurio gigante descubiertos hace casi dos décadas en Río Negro volvieron a despertar el interés de la comunidad científica internacional. El material, recuperado durante excavaciones cerca de Lamarque, permaneció bajo resguardo en un museo hasta que una nueva investigación permitió reconstruir parte de la historia de uno de los
que habitaron la Patagonia.
El hallazgo se produjo en Cerro Salamanca, cerca del paraje Bajo Santa Rosa, durante campañas paleontológicas realizadas entre 2008 y 2012 por jóvenes investigadores de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) y del CONICET. En aquel momento, las excavaciones permitieron recuperar restos de distintas especies, entre ellas peces, tortugas, cocodrilos y reptiles voladores, además de numerosos huesos de dinosaurios.
Todo el material fue trasladado al Museo Paleontológico Municipal Héctor "Tito" Cabaza de Lamarque, donde permaneció conservado durante dos décadas, hasta que un proyecto científico iniciado en 2024 volvió a ponerlo en bajo la lupa de la comunidad científica internacional.
Qué revelaron los restos del dinosaurio gigante
Restos del dinosaurio encontrado
El análisis de los restos permitió identificar a un dinosaurio saurópodo perteneciente al grupo de los titanosaurios, herbívoros conocidos por sus largos cuellos, sus extensas colas y sus enormes dimensiones.
Aunque no fue posible determinar la especie exacta, los investigadores calcularon que el dinosaurio habría medido entre 15 y 20 metros de largo y alcanzado unos tres metros de altura a la cadera.
Entre las piezas recuperadas había costillas, vértebras de la cola, huesos del pecho, dedos de las extremidades delanteras y dientes. Además, se encontraron dos huesos peronés, pertenecientes a las patas traseras, que medían casi un metro de largo.
La antigüedad de los restos también resulta significativa. Según las estimaciones, el animal vivió hace entre 67 y 68 millones de años, durante el Cretácico, poco antes de la extinción masiva que terminó con los dinosaurios hace aproximadamente 66 millones de años.
Un diente aportó una pista clave
Entre los materiales analizados, una pieza llamó especialmente la atención de los especialistas: un diente fósil de alrededor de nueve centímetros. Los demás dientes encontrados en las cercanías medían entre cuatro y cinco centímetros.
El desgaste que presentaba el diente permitió obtener información sobre la alimentación del dinosaurio y las características de la vegetación que consumía.
Los científicos observaron marcas compatibles con una dieta basada en materiales vegetales duros, como hojas resistentes y fragmentos de ramas, lo que sugiere que el dinosaurio se alimentaba principalmente de la vegetación de los árboles.
Además, los estudios microscópicos realizados sobre el tejido óseo indicaron que el ejemplar había alcanzado una edad avanzada.
La investigación que volvió a poner los restos bajo estudio
La revisión de estas piezas forma parte de un proyecto vinculado con National Geographic que comenzó en 2024 y reúne a investigadores de distintas regiones del país. El objetivo es revisar las colecciones de los museos, identificar materiales que todavía no fueron estudiados y construir una base de datos sobre los fósiles encontrados en diferentes localidades.
La iniciativa, denominada El fin de la era de los dinosaurios, busca reconstruir cómo eran las comunidades de dinosaurios y plantas de la Patagonia durante los últimos momentos del Cretácico, antes de la caída del meteorito y de la extinción masiva.
Los resultados del trabajo fueron publicados en 2026 en la revista científica internacional Journal of Vertebrate Paleontology. La investigación estuvo a cargo de Bellardini, Windholz, Pino, Garrido, García y Pol.
Los materiales están registrados en la colección del museo de Lamarque bajo las siglas MML-PV-1031 y MML-PV-1032. Su estudio representa una de las últimas evidencias de titanosaurios en la región y suma información para comprender los cambios que atravesaron los ecosistemas patagónicos hacia el final de la era de los dinosaurios.