
La MOAB es el arma convencional más potente de su arsenal y puede generar una onda expansiva de gran alcance. Sin embargo, su capacidad para destruir instalaciones nucleares bajo tierra presenta importantes limitaciones.
La MOAB es el arma convencional más potente de su arsenal y puede generar una onda expansiva de gran alcance. Sin embargo, su capacidad para destruir instalaciones nucleares bajo tierra presenta importantes limitaciones.
Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, evalúa la posibilidad de utilizar la bomba GBU-43/B MOAB contra objetivos estratégicos en Irán, en medio de las tensiones por el programa nuclear iraní. Según el artículo de Carlos Eduardo Martínez, fechado el 15 de octubre, el Pentágono contempla esta alternativa militar para atacar infraestructura energética e instalaciones vinculadas al desarrollo nuclear, entre ellas el complejo subterráneo de Pickaxe Mountain, aunque no existe una confirmación de que la operación haya sido autorizada o ejecutada.
La MOAB, sigla en inglés de Massive Ordnance Air Blast y conocida como la "madre de todas las bombas", pesa aproximadamente 9.800 kilogramos, equivalentes a unas 21.600 libras. Se trata de un arma convencional, no nuclear, guiada mediante GPS y considerada la bomba no nuclear más grande del arsenal estadounidense, de acuerdo con el artículo.
Su diseño permite detonar en el aire y generar una onda expansiva de gran alcance. La superficie afectada puede equivaler, según las estimaciones citadas, a unas nueve manzanas urbanas, con capacidad para provocar daños extensos sobre tropas, equipamiento militar y estructuras expuestas.
Sin embargo, su enorme poder destructivo no garantiza que pueda neutralizar instalaciones protegidas bajo tierra. A diferencia de las bombas perforadoras, la MOAB no está diseñada para penetrar profundamente en el terreno antes de explotar, una limitación que resulta relevante ante la posibilidad de utilizarla contra complejos vinculados al programa nuclear iraní.
Uno de los objetivos mencionados es Pickaxe Mountain, una instalación que Estados Unidos e Israel vinculan con el almacenamiento de componentes del programa nuclear de Irán. Según fuentes citadas por CNN, el complejo estaría protegido por sucesivas capas de granito, una característica que podría reducir considerablemente la eficacia de una explosión en superficie.
En ese escenario, el uso de la MOAB podría causar daños en accesos, instalaciones expuestas y estructuras cercanas, pero su capacidad para destruir sectores profundamente enterrados es incierta. La magnitud de la explosión, por sí sola, no permite asegurar que un complejo nuclear de estas características quede inutilizado.
Además, el empleo de un arma con una onda expansiva tan amplia supone riesgos para la población civil si el ataque se produce cerca de zonas habitadas. La capacidad de causar daños en una superficie extensa constituye una de sus principales características, pero también una limitación importante en operaciones desarrolladas en áreas con presencia de civiles.
La bomba fue desarrollada durante la guerra de Irak y tuvo su primer uso en combate en abril de 2017, en Afganistán. En aquella oportunidad, las fuerzas estadounidenses la utilizaron contra una red de túneles fortificados empleada por el grupo terrorista Estado Islámico (ISIS).
Las autoridades afganas informaron entonces que el ataque había provocado la muerte de 36 combatientes y destruido tres túneles, además de armamento y municiones. Funcionarios estadounidenses y afganos señalaron que no se habían registrado víctimas civiles.
Más allá de su capacidad material, la MOAB también fue concebida para ejercer presión psicológica sobre las fuerzas enemigas. La magnitud de su explosión busca generar un efecto intimidatorio que puede formar parte de una estrategia militar más amplia.
En el caso de Irán, su eventual utilización podría integrarse en una campaña de ataques destinada a debilitar objetivos estratégicos sin recurrir inicialmente a una operación terrestre de gran escala. El artículo menciona estimaciones de miles de bajas estadounidenses ante una intervención de ese tipo, un escenario que representa uno de los riesgos considerados en la planificación militar.
Por el momento, la Casa Blanca no confirmó planes específicos para utilizar la bomba contra territorio iraní. La posición oficial, según el artículo, es que Washington mantiene todas las opciones disponibles para impedir que Irán obtenga un arma nuclear.