
En 2009 hizo historia en París y en 2010 llegó a ser número 4 del mundo. Un año después, una mononucleosis lo sacó del circuito y abrió la puerta a años de ataques de pánico y ansiedad. Hoy habla de salud mental en el deporte de élite.
En 2009 hizo historia en París y en 2010 llegó a ser número 4 del mundo. Un año después, una mononucleosis lo sacó del circuito y abrió la puerta a años de ataques de pánico y ansiedad. Hoy habla de salud mental en el deporte de élite.
El 31 de mayo de 2009, Robin Söderling hizo algo que nadie había logrado: le ganó a Rafael Nadal en Roland Garros. El sueco cortó una racha de 31 victorias seguidas del español en París y llegó a la final. Dos años después, con 26 años y en el mejor momento de su carrera, jugó su último partido. Lo que vino después fue una batalla mucho más dura que cualquier final: ansiedad constante, ataques de pánico y pensamientos de los que tardó años en poder hablar.
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Söderling nació el 14 de agosto de 1984 en Tibro, Suecia. Su nombre quedó en la historia en los octavos de final de Roland Garros 2009, cuando venció a Nadal por 6-2, 6-7, 6-4 y 7-6. Fue la primera derrota del español en el torneo que había ganado cuatro veces seguidas.
Ese triunfo lo impulsó hasta la final, que perdió con Roger Federer. Un año después volvió a jugar la definición en París, esta vez ante Nadal, y también cayó. En noviembre de 2010 alcanzó el cuarto puesto del ranking mundial. En total ganó 10 títulos ATP.
En julio de 2011, Söderling ganó en Båstad, en su país, y le ganó la final a David Ferrer. Nadie lo sabía, pero fue su último partido como profesional. Poco después le diagnosticaron mononucleosis, una enfermedad que provoca un cansancio extremo y persistente, y debió bajarse del US Open de aquel año. Cada vez que intentaba aumentar la intensidad de los entrenamientos, los síntomas volvían y nunca pudo regresar. En diciembre de 2015, a los 31 años, anunció oficialmente su retiro.
La enfermedad fue solo una parte de la historia. En una entrevista con la radio pública sueca, en 2020, Söderling reveló que durante años convivió con una ansiedad constante y con ataques de pánico. Contó que hasta el ruido de una carta al caer en la puerta de su casa podía desatarle una crisis, y que llegó a tener pensamientos suicidas. “Cualquier cosa era mejor que vivir ese infierno”, resumió.
También habló de la presión que se imponía como jugador. Según contó, sentía que solo tenía permitido perder con tres rivales y que al resto estaba obligado a ganarles. “Nadie te da información ni herramientas sobre cómo manejar la presión”, escribió más tarde.
La recuperación fue lenta y contó con el apoyo de su familia, en especial de su esposa. En julio de 2020 anunció públicamente que se había curado: “Me siento bien otra vez, quizás incluso mejor que antes”. Habían pasado nueve años desde su último partido.
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Lejos de la competencia, Söderling siguió ligado al tenis. Lanzó su propia marca, RS, fue director del torneo de Estocolmo y entre 2021 y 2023 fue capitán del equipo sueco de Copa Davis. Hoy usa su historia para impulsar algo que en su época casi no existía: hablar de salud mental en el deporte de élite.
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