
Los dispositivos pueden reducir el esfuerzo físico, asistir la marcha y facilitar tareas exigentes. En Infobae al Mediodía, Tomás Balmaceda explicó sus diferencias, aplicaciones y los desafíos que enfrenta esta tecnología.
Los dispositivos pueden reducir el esfuerzo físico, asistir la marcha y facilitar tareas exigentes. En Infobae al Mediodía, Tomás Balmaceda explicó sus diferencias, aplicaciones y los desafíos que enfrenta esta tecnología.
Durante años, los exoesqueletos fueron parte de la ciencia ficción, asociados con trajes robóticos capaces de multiplicar la fuerza humana. Hoy, estos dispositivos ya tienen aplicaciones concretas en la industria, los rescates en montaña y la rehabilitación, con modelos que ayudan a sostener cargas, acompañar movimientos y facilitar el desplazamiento.
En una columna de Infobae al Mediodía, Tomás Balmaceda explicó cómo funcionan estos equipos, qué diferencias existen entre los modelos disponibles y cuáles son sus principales usos. Aunque algunos incorporan motores para asistir el movimiento, otros recurren a estructuras mecánicas que ayudan a mantener la postura y reducir parte del esfuerzo físico.
"Tenemos exoesqueletos pasivos, que son los que simplemente me ayudan a acomodar, a que yo pueda tener una mejor postura. Y hay otros que son activos, es decir, que me dan más fuerza, que me dan más estabilidad", explicó.
Los modelos pasivos tienen aplicaciones en depósitos y centros de distribución, donde los trabajadores deben levantar objetos, repetir movimientos o permanecer durante períodos prolongados en posiciones incómodas. El objetivo es reducir parte de la exigencia física, aunque su eficacia para prevenir lesiones depende de la tarea y de las condiciones de uso.
Los exoesqueletos activos, en cambio, utilizan motores y sistemas de control para acompañar los movimientos del usuario. Su desarrollo estuvo condicionado durante años por el peso, el costo y la necesidad de contar con fuentes de energía adecuadas.
Balmaceda recordó el proyecto Hardiman, impulsado por General Electric, como uno de los primeros intentos de construir una estructura robótica capaz de asistir la fuerza humana. "Era muy complicado de cargar, necesitaba mucha energía y era muy caro y muy pesado", señaló. Los avances en baterías y componentes electrónicos permitieron desarrollar alternativas más compactas, aunque el precio y la autonomía siguen siendo desafíos.