
En una jornada que ya se describe como histórica para los mercados financieros International Business Machines (IBM) registró este martes la mayor caída diaria de toda su historia.
En una jornada que ya se describe como histórica para los mercados financieros International Business Machines (IBM) registró este martes la mayor caída diaria de toda su historia. Sus acciones se desplomaron un 25% en Wall Street un derrumbe que superó en porcentaje al fatídico "Lunes Negro" de octubre de 1987. El colapso borró de un plumazo más de US$ 50.000 millones en valuación de mercado de la compañía ya que el papel se arrastró desde los US$ 290 a la zona de los US$ 217.La fuerte ola de ventas se desató luego de que la compañía de Armonk Nueva York publicara de manera anticipada sus resultados preliminares del segundo trimestre del año. Las cifras mostraron ingresos por USD 17.200 millones (apenas un 1% de incremento interanual) lo que terminó muy por debajo de los US$ 17.860 millones que proyectaban los analistas de Wall Street.Sin embargo el dato que verdaderamente asustó a los inversores no fue solo el desvío en los números sino el motivo detrás de ellos: la fiebre por la inteligencia artificial está canibalizando los presupuestos corporativos habituales. El propio CEO de IBM Arvind Krishna admitió con inusual autocrítica que la empresa "falto en adaptarse y moverse lo suficientemente rápido" ante un drástico cambio de comportamiento en sus clientes.¿Qué fue lo que pasó? Según explicaron desde la firma las grandes corporaciones globales entraron en un estado de desesperación por adquirir la infraestructura física (servidores de alto rendimiento sistemas de almacenamiento y chips de memoria de última generación) necesaria para desarrollar la IA antes de que suban los precios por la altísima demanda global.Para poder pagar esos costosos servidores y "fierros" las empresas congelaron o pospusieron sus presupuestos destinados a software tradicional consultoría y sistemas de mainframes corporativos (los gigantescos sistemas de procesamiento de datos para bancos y aerolíneas que son el núcleo histórico y de mayor margen para IBM). Como consecuencia directa la división de Infraestructura de la compañía sufrió una caída interanual del 7%.Efecto arrastre en Silicon ValleyLa advertencia de IBM encendió las luces rojas en todo el ecosistema tecnológico. Al ser un proveedor clave para las corporaciones del índice Fortune 500 sus números funcionan como un termómetro directo del gasto corporativo en tecnología.Tras conocerse la noticia se generó un efecto dominó que golpeó a otros pesos pesados del software y los servicios en la nube: Microsoft Salesforce ServiceNow e Intuit registraron caídas de entre el 3% y el 5% durante la rueda del martes. Tanto las acciones de software como las de servicios de TI estuvieron bajo presión este año debido al temor de los inversores de que la proliferación de la IA reduzca la demanda de sus servicios. El ETF de software de iShares lleva una caída de más del 12% en 2026 en comparación con una suba de más del 78% del Índice de Semicondutores de Filadelfia (SOX) reportó la agencia de noticias Bloomberg.Una empresa centenaria y "pesada"Para entender la magnitud del impacto hay que recordar quién es IBM en el mapa global. Fundada en 1911 es una de las pocas corporaciones tecnológicas centenarias que sobreviven liderando. Apodada el "Gigante Azul" (Big Blue) IBM moldeó la vida moderna: es la creadora de las tarjetas con banda magnética los cajeros automáticos el código de barras e incluso de la computadora personal (PC) que revolucionó las oficinas y hogares en los años 80. Su tecnología es la que sostiene todavía hoy la infraestructura transaccional de casi todos los bancos del planeta.Sin embargo su historia reciente está marcada por la dificultad para girar a tiempo ante las olas disruptivas. Ya le pasó en los 90 cuando casi quiebra al no ver venir el auge de las computadoras personales clonadas y el software de consumo masivo viéndose obligada a reinventarse como una firma de servicios y consultoría.Años más tarde vendió su mítica división de computadoras personales (ThinkPad) a la china Lenovo para volcarse de lleno a la nube y la inteligencia artificial cognitiva (con su famoso sistema Watson). Hoy la historia parece repetirse: en la era de la IA generativa los clientes demandan una velocidad de procesamiento y flexibilidad que los tradicionales sistemas estructurados de IBM no logran proveer con la rapidez que exige la bolsa neoyorquina.