
La lucha por el poder estalló en plena popular durante el último partido de local y el Santo vuelve a jugar en la Ciudadela este domingo. Por qué luchan los bandos y qué puede pasar.
La lucha por el poder estalló en plena popular durante el último partido de local y el Santo vuelve a jugar en la Ciudadela este domingo. Por qué luchan los bandos y qué puede pasar.
Así fue la batalla entre barras de San Martín de Tucumán en pleno partido
El Santo tucumano vive horas de mucha preocupación. Algunos podrían inferir que esto tiene que ver con su situación deportiva, ya que a falta de tres fechas está décimo en su zona de la Primera Nacional, y fuera del Reducido a cuatro puntos del último puesto que da derecho a pelear por el segundo ascenso. Pero en realidad, el temor que atraviesa a la Ciudadela tiene que ver con otro motivo: la guerra interna de la barra brava que tuvo un capítulo en el último partido de local, el triunfo ante Gimnasia y Tiro de Salta por uno a cero, y que nadie sabe cómo puede continuar este domingo, cuando San Martín reciba a Midland desde las 18.30.
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Es que lo ocurrido hace 14 días fue grave. La barra viene dominada desde tiempo inmemoriables por la familia Ale, cuyo último referente es Facundo. Pero éste tiene prisión domiciliaria por un tiroteo ocurrido en una fiesta electrónica en Tafi Viejo y su mano derecha, Santiago Villafañe, está detenido por abuso de armas de fuego y amenazas.
En ese contexto, la facción disidente apodada 'El Piolín' y que concentra también un grupo de barras que se identifican con la vieja La Banda del Camión, que tenía por líder absoluto a Sergio Flay Roldán, quizá el barra tucumano más famoso hasta la década anterior y miembro fundador de Hinchadas Unidas Argentinas, decidió que era un buen momento para intentar tomar el centro de la popular, lo que significa tomar la mayor parte del negocio.
Pero los integrantes de 'La Brava' y 'Barrio Oeste II', que responden a Ale, resistieron a puro golpe de puño y otras armas. Así se armó un escándalo de proporciones, mientras los hinchas comunes gritaban “que se vayan todos” y al final, la Policía hizo su trabajo pero parcialmente: detuvo a 17 barras, casualmente todos de la misma facción, los de 'Piolín'. Y éstos prometieron venganza y nadie sabe si podrán llevarla a cabo en el estadio, aunque el organismo de seguridad de la Provincia aseguró que habrá un operativo importante para que nada ocurra.
Lo cierto es que la tensión en la tribuna local viene in crescendo en los últimos cinco meses. El grupo de los Ale que manejan la popular nunca fue muy generoso con las otras facciones pero siempre tuvo el apoyo dirigencial, político y policial. El negocio de la reventa de entradas, del narcomenudeo, del fernet en los alrededores y el merchandising oficial siempre dejó buenos dividendos que iban al mismo bolsillo.
Cuando los Ale cayeron con causas judiciales sobre todo por cuestiones ajenas al fútbol y ligadas presuntamente al narcotráfico, los otros bandos vieron la posibilidad de ir creciendo. El primer incidente serio se dio en mayo y ganó la facción oficial, que logró hasta robar banderas de los rivales. Después hubo un período de relativa calma hasta que la agudización de los problemas en Tribunales de los líderes envalentonó a sus enemigos a actuar, aunque otra vez sin lograr imponerse.
El tema es que muchos suponen que la definición debería darse a más tardar este año, porque en el siguiente cumplen la pena de diez años por asociación ilícita los Ale: Rubén, 'la Chancha', quien llegó a ser presidente del club como cabeza del grupo que gerenció a la institución a comienzos de este siglo, falleció tres años atrás, pero nadie duda de que Ángel, 'el Mono', volverá a mandar en la popular si su bando no es desbancado antes.
No es la primera vez que los Ale enfrentan una interna. Fueron amos y señores de La Ciudadela desde mediados de los 90 hasta que la investigación por asociación ilícita y su presunta participación en la desaparición de Marita Verón, un caso paradigmático de la Argentina, los hizo a un lado y permitió el ascenso de la familia Roldán, que habían crecido bajo su ala.
Después vinieron los problemas judiciales para los Roldán y entonces el Mono decidió que su hijo, Facundo, heredaría la tribuna y él la manejaría desde afuera, aún cuando estaba condenado. Y así fue que desde 2022 se adueñaron otra vez de la popular. Pero se engolosinaron con el negocio del fútbol y empezaron cada vez a repartir menos los beneficios que dejaba la tribuna. Fue así que desde el año pasado se les armó un nuevo frente interno que detonó en este 2026 con una guerra abierta cuyo último capítulo aún está por escribirse.
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