
Los disturbios por el alto costo de vida provocaron severos destrozos y saqueos. El presidente Emmanuel Macron hablará este domingo para intentar calmar la situación.
Los disturbios por el alto costo de vida provocaron severos destrozos y saqueos. El presidente Emmanuel Macron hablará este domingo para intentar calmar la situación.
Este domingo, la ciudad de París y otras localidades de Francia volvieron a ser el escenario de violentos enfrentamientos entre la Policía y grupos de manifestantes. Los nuevos cruces en las calles se produjeron luego de una jornada de sábado extrema que dejó un muerto, más de 2.000 detenidos y cientos de comercios saqueados, en el marco de unas protestas masivas impulsadas por el fuerte descontento social frente al aumento del costo de vida y el deterioro de los servicios públicos en todo el país.
Durante el fin de semana, más de medio millón de personas se unieron a las marchas en decenas de ciudades. Lo que comenzó el mes pasado como un reclamo estudiantil por las condiciones escolares, se transformó rápidamente en una movilización nacional contra el presidente Emmanuel Macron. Sin embargo, las protestas pacíficas derivaron en un caos generalizado: un manifestante falleció tras sufrir un paro cardíaco en la capital y el Gobierno confirmó que más de 600 agentes policiales resultaron heridos.
La furia provocó la destrucción y el robo de locales comerciales, supermercados de lujo y edificios públicos desde el norte hasta el sur del territorio francés. En la ciudad de Limoges, el histórico ayuntamiento de 143 años fue incendiado y quedó prácticamente destruido. "Existía una clara intención premeditada de incendiar el ayuntamiento, y las personas que se encontraban dentro temían por sus vidas", denunció el alcalde local, Guillaume Guerin.
Por su parte, en París, la Policía se enfrentó a los manifestantes arrojando gases lacrimógenos en la Plaza de la República para intentar frenar los ataques. El turista holandés Tije De Boer, quien tuvo que ser evacuado de urgencia de su hotel, describió la gravedad de la situación con una frase contundente: "Esto parece una zona de guerra".
Frente a los masivos destrozos, que incluyeron el saqueo de unas 50 sucursales de la cadena Carrefour, el ministro de Economía, Roland Lescure, apuntó contra los responsables: "Quienes causen daños pagarán, repararán los desperfectos y rendirán cuentas por su intención de sembrar el caos". Mientras tanto, desde las autoridades nacionales culparon de la violencia a grupos delincuenciales y sectores de la ultraizquierda.
En medio de esta crisis, que aumenta la presión sobre el oficialismo de cara a las elecciones presidenciales del próximo año, la candidata opositora de extrema derecha, Marine Le Pen, pidió frenar los ataques. "La violencia no es una opinión. La destrucción no es una forma de expresión. Y el caos no puede servir como proyecto para Francia", manifestó a través de un video.
Con el objetivo de intentar calmar la tensión en las calles, la oficina presidencial confirmó que Macron se dirigirá a la nación mediante un discurso oficial programado para este mismo domingo a las 20:00 horas.