
Si bien fue de menos a más, el ofensivo coronó la goleada de River con una definición deluxe.
Si bien fue de menos a más, el ofensivo coronó la goleada de River con una definición deluxe.
River goleó a Belgrano en Córdoba en el mejor partido de la era Ponzio y se metió en puestos de playoffs
"Lo necesitaba. Me sirve para ganar confianza". Thiago Almada esperaba un partido así, porque el fichaje de los 20 millones sabe que tiene las cualidades para que cada vez que tiene la pelota, el hincha se ilusione, pero además porque "este club siempre tiene que estar peleando arriba". Y ante Belgrano lo logró. Acaso esa definición sublime para sentenciar el 3-0 final ante el Pirata fue la frutilla del postre en un partido en el que venía mostrando esos destellos de fútbol que hacían que los fanas se pararan de sus asientos en el Kempes.
Pero recién los hizo estallar a los 27 minutos del segundo tiempo, cuando le robó la pelota a Zelarayán y se mostró para recibir la devolución de Tomás Galván, para luego encarar llevando la pelota con el revés del pie derecho, pasar entre tres rivales y definir bien contra el palo izquierdo de Cardozo, quien voló para la foto, haciendo aún más estético "el gol más lindo que hice con esta camiseta".
De todos modos, el partido de Almada fue de menor a mayor. Con un arranque en el que no intervino demasiado y hasta tuvo algunas pérdidas, el Guayo se fue amigando con la pelota con el correr de los minutos. Así, poco a poco comenzó a ser trascendente, liderando los ataques de River y asociándose muy bien con Ángel Correa y el propio Galván.
De hecho, esto queda reflejado en sus números, ya que tuvo una efectividad del 93% en sus pases, siendo la mayoría de estos en campo rival (el 79%). Pero claro, su desequilibrio también estuvo marcado en la gambeta, esa que deslumbró en el 3-0.
Así, Almada cerró una actuación que realmente necesitaba porque, si bien luego de su lesión vs. Huracán ("Una mala leche", tal como la definió) se venía notando una mejoría, el ex Vélez no había tenido de esas noches que deslumbran a los hinchas. Pero en Córdoba la historia cambió, porque no tuvo problemas para complementarse con Correa (lo había asistido en el cuarto gol que terminó siendo anulado) y llegó a su tercer tanto en 11 partidos con River, luego de lo que habían sido sus festejos ante Banfield -de penal- y Atlético Tucumán. Claro que ahora buscará que "las buenas lleguen para nosotros", pero si Almada juega de esta forma, seguramente será más fácil que se dé.
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