
Los celtas, eternos rivales de los ingleses, tienen además una ligazón histórica y futbolística con Argentina que se remonta a más de 130 años.
Los celtas, eternos rivales de los ingleses, tienen además una ligazón histórica y futbolística con Argentina que se remonta a más de 130 años.
Banderas de Argentina flameando en las casas de Escocia
Cuando la Selección Argentina salte al campo ante Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026, tendrá un hincha inesperado, pero justificado: Escocia. La rivalidad de los celtas con los ingleses es eterna, pero lo que los une con el pueblo albiceleste va mucho más allá de eso. Son 130 años de historia compartida, futbolística y cultural, que hacen que el apoyo de los escoceses a la Scaloneta no sea solo antipatía hacia su vecino sino algo más profundo y con fundamento real.
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El vínculo arranca en el origen mismo del fútbol argentino. Alexander Watson Hutton, profesor de escuela nacido en Glasgow, dejó Escocia para instalarse en Buenos Aires y fundó la primera liga de fútbol del país en 1893. Es reconocido oficialmente como el padre del fútbol argentino. Sin un escocés, no hay Messi. La conexión es directa.
Y no termina ahí. El primer campeonato de liga reconocido de Argentina se disputó en 1891, cuando St. Andrew's y Old Caledonians terminaron igualados. Dos clubes de origen escocés disputando el primer título del fútbol argentino.
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Diego Armando Maradona marcó su primer gol internacional con la Selección Argentina en Hampden Park, Glasgow. Y cuando años después se convirtió en director técnico de la Albiceleste, su primer partido también fue en Hampden, en noviembre de 2008. El estadio más sagrado del fútbol escocés fue escenario de dos momentos fundacionales de la historia de Maradona con Argentina.
En 1986, Maradona eliminó a Inglaterra del Mundial con la Mano de Dios y el Gol del Siglo. Para Escocia, eso fue entretenimiento garantizado durante cuatro décadas. La deuda de gratitud es real y tiene historia: la rivalidad entre escoceses e ingleses es una de las más antiguas y profundas de Europa, con raíces que van desde las guerras de independencia del siglo XIII, donde figuras como William Wallace y Robert Bruce lucharon contra la corona inglesa, hasta siglos de tensión política que derivaron en la unión forzada de las coronas en 1603 y la posterior unión parlamentaria de 1707, que muchos escoceses nunca terminaron de aceptar.
La tensión entre ambas naciones no quedó solo en los libros de historia. En 2013, cuando murió Margaret Thatcher, en varias ciudades escocesas hubo celebraciones callejeras. La ex primera ministra británica era especialmente odiada en Escocia por haber implementado el poll tax, un impuesto por persona que se aplicó primero allí como una especie de prueba piloto, un año antes que en el resto del Reino Unido. Pero Thatcher también tiene un capítulo oscuro en la historia argentina: fue ella quien dio la orden de hundir el crucero ARA General Belgrano durante la Guerra de Malvinas en 1982, cuando el buque navegaba fuera de la zona de exclusión declarada por el Reino Unido e iba en dirección contraria a las islas.
El ataque causó la muerte de 323 tripulantes argentinos y sigue siendo uno de los episodios más controvertidos del conflicto. Las imágenes de escoceses brindando en las calles tras la muerte de Thatcher dieron la vuelta al mundo. Y cuando en 2022 falleció la Reina Isabel II, el recibimiento que tuvo la noticia en ciertas zonas de Escocia distó bastante del duelo que se vivió en Inglaterra. La relación entre los dos países, en definitiva, nunca fue la de dos naciones que simplemente comparten una isla. Es una convivencia cargada de historia, agravios y una independencia que muchos escoceses todavía esperan.
Esa historia de dominación y resistencia dejó una marca cultural imborrable: para un escocés, ver a Inglaterra sufrir en el fútbol no es un capricho ni un exceso, es casi un derecho adquirido. Que haya sido Maradona, con una mano y un regate imposible, quien les hiciera ese favor en México 1986, convirtió al argentino en una especie de héroe honorario en tierras celtas.
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En el Mundial de Argentina 1978, el escocés Archie Gemmill marcó uno de los mejores goles de la historia de las Copas del Mundo contra Países Bajos, en Mendoza. El pico histórico del fútbol escocés está registrado en suelo argentino.
Y en el mediocampo del equipo que hoy dirige Scaloni juega Alexis Mac Allister, cuyo apellido de origen escocés no pasa desapercibido en ese país. Para los celtas, es uno de los suyos.
Además, el vínculo no es solo futbolístico. El Gobierno escocés estima que alrededor de 100.000 argentinos tienen ascendencia escocesa, lo que convierte a Argentina en la quinta diáspora escocesa más grande del mundo y la mayor fuera del mundo angloparlante. El Colegio Escocés San Andrés de Buenos Aires, fundado en 1838, mantiene hasta hoy una banda de gaitas activa entre sus alumnos.
Con todo ese peso histórico encima, la semifinal del miércoles tiene para Escocia un significado que va mucho más allá del fútbol. Argentina no es solo el rival de Inglaterra. Es, en muchos sentidos, una extensión de la propia historia escocesa.
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