
Celso Lamas, docente en tres escuelas rurales de Salta, le contó a Olé cómo se sigue la Copa del Mundo en zonas alejadas de los grandes centros urbanos.
Celso Lamas, docente en tres escuelas rurales de Salta, le contó a Olé cómo se sigue la Copa del Mundo en zonas alejadas de los grandes centros urbanos.
Celso Lamas, el maestro que da clases en escuelas rurales de Salta y que se hizo viral por ver un partido de Argentina en el Mundial con sus alumnos en el celular.
Argentina gana un partido en el Mundial y los videos de los festejos se viralizan de inmediato: un grupo de amigos a los saltos en un departamento; familias que corren al patio de casa para gritar junto a otros vecinos; el Obelisco lleno; el Patio Olmos repleto y así entre tantos ejemplos. Pero en la Puna salteña, a más de 4.100 metros sobre el nivel del mar, Celso Lamas, docente en la escuela rural de San José del Aguilar y quien recorre alrededor de 70 kilómetros en moto para dar clases, se abraza junto a su grupito de alumnos en un colchón tras haber observado el triunfazo de la Selección ante Egipto por 3-2. "Pegaditos" porque lo vieron en su celular, ante el incesante pedido de los chiquitos que, hasta entonces, venían de escuchar las victorias anteriores por la radio.
"Yo soy profesor de educación artística, trabajo por lo general desde la mañana hasta la hora del almuerzo. Como el partido era después del almuerzo, yo ya tenía planeado juntarme en mi casa (ubicada en San Marcos de Nazareno, un pequeño pueblito del departamento de Santa Victoria) con mis amigos para verlo. Yo tengo que recorrer 70 km para volver a mi casa. Ya estaba por salir y no me percaté de los chicos, porque ellos me miraban y me decían 'profe, ¿y nosotros donde vamos a ver el partido?' Y les dije 'me quedo' y nos acomodamos en una habitación con un colchón para no pasar tanto frío. Nos juntamos todos bien pegaditos y pudimos disfrutar el partido desde el celular. Y fue una linda forma de vivir este partido porque ellos son muy apasionados del fútbol. Fue un momento hermoso", le cuenta Celso a Olé.
La escuelita primaria, que cuenta con apenas seis alumnos, no tiene ninguna casa cerca. Los chicos, como Celso, quien hace los viajes con Chiquito, su perro, también deben superar un importante recorrido hasta llegar al establecimiento, con caminatas de más de 45 minutos o una hora. "Si usted sale a la mañanita a la puerta de la escuela no va a ver ninguna casa. Y de a poquito vienen apareciendo los chicos; uno viene de la quebrada, el otro de arriba... Es una experiencia hermosa la que se vive en estos lugares", explica.
La vida en semejante altura, donde el viento y el frío pegan fuerte de verdad, no conoce de inmensas pantallas ni de la tecnología que se acostumbra ver en los grandes centros urbanos. De hecho, el establecimiento se abastece de energía a través de paneles solares. "Acá los chicos no tienen televisores, entonces lo que tiene mucho protagonismo es la radio. Los padres, los chicos, andan con su radio, al hombro, a todos lados. La única forma de entretenerse e informarse es por ahí", comenta Celso, de 32 años.
Bueno, en realidad, hay que decir que la vida allí no conocía, en tiempo pasado, de una gran pantalla; porque Celso, quien comparte en redes sociales (más de 100.000 seguidores en Instagram y más de 75.000 en TikTok) su vida como docente en las tres escuelas rurales en las que da clases (además de la de San José del Aguilar, lo hace en la de Santa Cruz del Aguilar y en la de Campo La Paz), registró en video cómo veía el partido junto a sus alumnos. Y se hizo tan viral que la gente se movió de inmediato para armar una colecta y así conseguirles un televisor a los chicos. Aclara, antes que nada, que ellos tenían uno "de los antiguos" que les donó el Ministerio pero que consumía tanta energía que no daban a basto los paneles solares.
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Y tan exitosa fue la colecta (su alias para quien desea hacer donaciones es ELTORONO) que el dinero recaudado incluso alcanza para adquirir más objetos esenciales. Pero el objetivo principal de aquellos que la empujaron, que era que los chicos pudieran ver un partido en un televisor, se cumplió.
"Como repecurtió el video, muchos me escribieron en los comentarios y al privado también para que podamos hacer una colecta. Yo en un principio dudo, pero como era mucha la gente decido poner mi alias en un comentario. Entonces arrancó la campaña para conseguir un televisor. Pero fue tanta la colaboración, tanta la gente que se sumó a la causa, que ahora ya estamos pensando en conseguir otros elementos que son muy importantes para nuestras escuelas, tales como el termotanque. Imagínese el frío que hace. Y tener agua caliente es un sueño. También las estufas en las aulas sería algo fundamental. También como nosotros no tenemos electricidad, no podemos comprar heladera o freezer. Solo se puede buscar un freezer que sea conectado a gas. Y seguramente vamos a conseguir estas cosas porque fue tanta la ayuda de la gente... Estamos eternamente agradecidos y felices", relata.
Ya con el dinero recaudado, el sábado pasado pudieron ver -aunque no exento de dificultades- el triunfo de Argentina ante Suiza en un televisor: "El día jueves yo ya tengo la seguridad de que ya tenemos para el televisor entonces junto a los padres, a la directora y les doy la noticia. Y ellos estaban emocionados. Yo les digo que el viernes iba a comprar el televisor porque el sábado era el partido. Aunque no haya clases, me comprometí a hacer llegar el televisor. El viernes temprano me encaminé hacia La Quiaca (Jujuy, al límite con Boliva) y ahí andaba buscando precios para un lado, para otro y pude conseguir un televisor de 50 pulgadas, que lo hicimos llegar hasta San José del Aguilar gracias a que algunas familias habían contratado una camioneta ese día para ir a buscar mercadería a La Quiaca".
"Increíblemente cuando llego para ver el partido ya habían hecho un asado en la casa de Naim (uno de sus alumnos). Y todos felices compartimos el asado. Yo nunca me compré un televisor así que no sé manejarlo. Tengo celular, compu, pero nunca he usado un televisor entonces nos costó bastante configurarlo. Y recién pudimos ver el partido casi en el segundo tiempo, cuando un muchacho más joven lo configuró. Lo hemos visto con un motorcito, un generador que brinda electricidad que nos prestó Don Roberto, y con una antena de Starlink (NdeR: el servicio de Internet satelital propiedad de Elon Musk) que me donó hace menos de un mes el señor Nacho, de Salta capital", agrega.
Fueron unas 15 o 20 personas las que miraron el partido esa noche, contándose a tres alumnos y a los familiares de ellos. "A los chicos no los pude juntar todos: solo fueron tres. Las familias acá tienen animales, llamas, cabras, ovejas y tienen otros lugares más alejados que le llaman 'puestos', que son sus casas. Y ellos aprovechan este receso para ir a pastar en esos lugares que tienen más pasto. Entonces llevan por esas semanas a los animales a aprovechar el pasto que hay por esos lugares y vuelven cuando ya están las clases", señala Celso.
Esa es la razón por la que, por ejemplo, no habrá otra juntada para ver el ansiado Argentina - Inglaterra de este miércoles: "No tenemos nada planeado porque seguramente los otros tres chicos que quedaban también ya se han ido a los puestos, ya se han dispersado".
No obstante, la alegría con los chicos, con los que Celso siempre juega a la pelota porque "aman el fútbol" fue total en esos dos partidos de Argentina que compartieron. En el primero, ante Egipto, con mucho sufrimiento mediante, claro está: "En un momento nos hemos sentido tan tristes que por ahí ya no querían ver el partido los chicos. 'Pero profe, mire, van perdiendo, van perdiendo'. Y después la remontada ellos gritaron como nunca. Fue impresionante el partido".
Para los chicos de San José del Aguilar, esa reunión en comunidad se disfruta muchísimo. No es frecuente: sus casas están muy alejadas entre sí, por lo que el Mundial, en realidad, se vive por radio y con cada familia dispersa. Lo mismo sucede en el paraje de Santa Cruz del Aguilar, a media quebrada. Una excepción es Campo La Paz, que se encuentra mucho más abajo y donde tanto el establecimiento como las casas están ahí nomás.
"En Campo La Paz los chicos tienen la posibilidad de relacionarse, salir a jugar, entretenerse. Se juntan porque viven cerquita, pegaditos. Y en estas escuelas de San José y Santa Cruz no tienen esas posibilidades. Entonces por eso aprovechamos al máximo para entretenernos, para jugar, para divertirnos en la hora de los recreos", añade.
Para Celso, aún pese a las dificultades y peligros que supone partir después de las 7 de la mañana en moto hacia estas escuelas rurales en caminos complejos y comenzar las clases a las 09:00, todo es felicidad brindándose a los chicos. Él, de pequeño, vivió la misma vida que ellos. Nunca se halló en Salta capital, cuando cursó sus estudios para recibirse como docente. Como muchos, extrañaba su tierra. Tal como reza una canción de José Larralde y como entienden solo aquellos que han vivido el desarraigo: "Un día me fui del pago, la pucha que lo extrañé".
"Siempre extrañé y anhelé volver a mi tierra. A devolver lo que la vida me enseñó. Porque yo también desde pequeño viví la misma vida que los chicos. Tal cual. Había cosas que por ahí no podíamos disfrutar como un caramelo, unas zapatillas... Y valorar esas cosas tan simples lo he vivido mucho desde muy pequeño. Yo me acuerdo que usaba unas ojotas que son de goma, y para la escuela solo teníamos un par de zapatillas. Y salíamos de la escuela y era obligación usar las ojotas. También la única oportunidad donde nosotros teníamos para que nos compren una ropa nueva era en los desfiles de cada 9 de julio de cada año. Y era el único momento donde nos compraban la ropa. Entonces nosotros esperábamos tanto el 9 de julio para tener un buzito, un pantalón nuevo. Y era cuidar todo lo poquito que uno tenía. Y uno viviendo así aprende a valorar, a valorar todas las cosas que tiene, las cosas tan simples, como un caramelo, un lápiz, un abrigo", narra.
"Yo veo reflejada gran parte de mi vida en estos niños, en estas comunidades. Y no quiere decir que yo ahora esté bien económicamente. Solo que siento que tengo la posibilidad de hacer algo", comenta Celso. Y ese sentir, construido desde un profundo sentido de pertenencia y de afecto por su gente, es su motor: "Y al sentir que tengo esa posibilidad también siento la responsabilidad de intentarlo. Por eso lo hago. Porque realmente lo siento: es mi gente, es mi tierra, y si siento que tengo la posibilidad, siempre lo intento. Y por ahí sí, a veces termino cansado. Pero los chicos, las comunidades, el alma de uno mismo ya te inspira a seguir. Te levanta, te reanima y te da fuerzas para continuar".
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-Doy clases de lunes a jueves. Nosotros los profes especiales tenemos 18 horas cátedra para repartirnos durante la semana. Entonces esas 18 horas nos entran justo en estos cuatro días.
-¿Cómo se distribuyen esas clases?
-Yo recorro de 60 a 70 km dependiendo a cuál escuela vaya por semana. Cada semana trabajo en una escuela diferente. La que está más lejos es la de Campo La Paz. Para salir de mi casa yo tengo una odisea. Porque tengo que subir una cuesta de 20-28 curvas, es impresionante la subida que tengo que hacer. Subir al Cerro Fundición, que está a 5.00 metros de altura y ahí siempre hay que ir con cuidado por el tema del viento, el frío, no vaya a ser que caiga nieve o se congele. Y cuando llego a la cima tengo que descender por el otro lado. Es subir y bajar.
-¿A qué hora se despierta para hacer ese trayecto?
-Yo por lo general me despierto 6:30/6:40, a las 7:30 ya estoy saliendo de acá de mi casa y de acá tengo unas dos horas de viaje. Doy clases desde las 09:00 hasta las 13 o 13:20 que es la hora del almuerzo. Pero no todos los días voy y vengo. Porque en la escuela también tenemos una habitación donde nosotros nos podemos quedar. Pero como yo tengo mi casa aquí algunas veces voy y vengo. Cuando ya estoy muy cansado, me quedo. O cuando tenemos algún acto o preparativo, me quedo. Pero por lo general voy y vengo.
-¿Va solitario en la moto?
-Acompañado de mi perro que se llama Chiquito. Conoce a todos los chicos de todas las escuelas y de hecho él es protagonista en todas estas aventuras que nosotros hacemos. El año pasado nosotros tuvimos la posibilidad de viajar a Salta con los chicos. Para el 90% de los chicos era algo nuevo porque ellos nunca salieron de su pueblo. No conocían ni Nazareno (una de las localidades del departamento de Santa Victoria, con casi 3.000 habitantes según el Censo 2022), imagínese. Solo los más grandes, ellos conocían porque sus papás son 'trabajadores golondrinas', que trabajan de provincia a provincia, van por temporada. Entonces tuvieron las posibilidades de llevarlos una vez. Pero el 90% de los chicos no conocía. Entonces fue un mundo nuevo para ellos. Y tuvimos la posibilidad de hacer este viaje también gracias a toda la gente que en redes sociales nos ofrecía almuerzo, merienda, por ahí otro que nos ofrecía para quedarnos, o transporte. Y en ese viaje estuvo también Chiquito, es el que roba los corazones. Es hermoso.
-¿Los chicos cuánto hacen de recorrido?
-Hay una nena que se llama Melani, es la más pequeña de San José del Aguilar. Ella es la que camina bastante. Ella está por cumplir 7 años. Camina una hora, hora y media porque ella vive abajo y le cuesta la subida. Ella tenía su perro, que ya estaba viejito, era su compañero, su mamá la mandaba desde su casa hasta la escuela acompañada de su perro. Y su perro el año pasado sufrió una enfermedad en una de sus patas, ya no podía caminar y lamentablemente murió. Ahora ella camina sola o algunas veces su mamá tiene la posiblidad de acompañarla.
-Es para ellos muy difícil también llegar a las escuelas...
-Sí. Ahí en San José y en Santa Cruz es donde los chicos caminan bastante. Y en el pueblito de Campo La Paz ahí no caminan porque la escuela está rodeada de las casas de las familias.
-¿En esas caminatas cuánto tardan?
-Entre una hora, o una hora y media algunos. Algunos 40 minutos o 50. Melani como es más chiquita camina más despacio: una hora y media.
-Campo La Paz tiene la ventaja, como mencionó, de que las casas están cerca. ¿Y en los otros lugares?
-En estas escuelas de San José y Santa Cruz no tienen esas posibilidades de juntarse. Entonces por eso aprovechamos al máximo para entretenernos, para jugar, para divertirnos en la hora de los recreos. O cuando tenemos posibilidad en la escuela siempre hacemos una interacción para que ellos puedan relacionarse, puedan charlar. Porque saliendo de la escuela me imagino que charlan poco en la casa, o no tienen posibilidad de jugar, o si juegan juegan entre ellos solitos, o con sus perros, no hay mucha posibilidad de relacionarse. Entonces el momento de disfrute es la escuela o el recreo. A mí hace tres años me han operado de la rodilla, se me rompieron los meniscos y ya no juego al fútbol en campeonatos. Pero siempre, todos los días, en cada escuela jugamos porque son amantes del fútbol. Siempre los acompaño en eso.
-¿Cuántos alumnos tiene en cada escuela?
-En la escuelita de San José del Aguilar este año son más poquitos, son seis alumnos. En Santa Cruz del Aguilar son 13. Y en Campo La Paz también 13.
-¿Cuántas personas trabajan con usted?
-En cada una está el director y los docentes especiales que somos de Educación Física, Artística, Inglés y Agronomía. Agronomía no tienen mucho porque el profe de Agronomía también se distribuye por otras escuelas. Pero somos los tres que estamos frecuentemente: Inglés, Educación Física y Educación Artística. Entonces vamos rotando los tres en cada escuela. Tres docentes más el director de cada escuela.
-¿La conexión a Internet, cómo funciona?
-Es contratada por un señor de Nazareno que va conectando el Internet, pero es un tanto flojo porque se maneja por antena. Hay unas antenas en el cerro que repercuten en la escuela y por ahí a veces por el tema del viento o la nieve ya se joden esas antenas y nos perjudica por ahí el Internet. A mí hace menos de un mes me regaló el señor Nacho, de Salta capital, una antena Starlink, entonces yo a donde voy, si anda fallando el internet saco la antena y lo conectamos. Y este día del partido justamente el Internet de la escuela estaba muy flojo. Y tuvimos que sacar nuestra antena y lo conectamos.
-¿Los partidos anteriores los habían visto?
-Sé que en Campo La Paz sí. El director tiene en su habitación un televisor. Como ellos viven más cerca, hay más relación, a las tardes ahí juegan a la pelota los padres, los chicos, el enfermero, los docentes... Ahí se juntan en la habitación del director que él tiene una tele y ahí vieron el partido. Y en San José del Aguilar no los vieron. En Campo La Paz ahí viven todos a la vuelta y es lindo, porque uno termina su trabajo y ya va a visitar alguno. Se relacionan mucho más en la comunidad.
-Con las donaciones de la gente, ¿también pudo conseguir cosas para las otras escuelas?
-Justamente. Ya tengo ahí en Campo La Paz hace dos semanas hemos instalado un termotanque que el año pasado lo hemos ganado a través de una campaña. Pero por cuestiones de que el camino se nos jode, hace poco pudimos hacer llegar el termotanque a la escuela y lo pudimos instalar. Nos faltaría para San José y Santa Cruz. Y si está la posibilidad de ayudar a las otras escuelas vecinas que tienen las mismas características, seguramente lo vamos a hacer, porque también tienen las mismas necesidades. Y para las otras escuelas donde yo trabajo seguro que cubrimos las necesidades en cuanto a estos elementos que están faltando. Pero como también mucha gente me escribió, me dijo que algunas donaciones las dirija hacia otros proyectos solidarios que yo tengo.
-¿Hace cuánto trabaja como docente?
-Empecé a trabajar en el 2020, justo en pandemia. Pero no trabajaba en estas escuelas, yo trabajaba acá en mi pueblito, en San Marcos, y en otro pueblito que se llama Cuesta Azul. Y todavía no estaba en redes sociales pero siempre hacía una que otra cosa. Trataba de llevar materiales para los chicos, algunas golosinas, algunos juguetes. Tal vez no lo reflejaba en redes sociales porque todavía no estaba activo. En el 2023 es donde me cambian para estas escuelas de altura. A mí siempre me gustó la fotografía. Y de a poquito me fui animando a hacer videos y bueno, de ahí empecé a hacer ya todas estas actividades sociales a través de videos, de las redes. Tengo 32 años y un hijo de 6 años. Él vive en Salta. Yo soy soltero, ja. No tengo la posibilidad de convivir con mi hijo porque él está en Salta capital, ahora seguro vaya a verlo en este receso. Y eso te mueve mucho. Porque la falta de cariño, de apego, de la presencia de mi hijo me hace sentir un vacío que tal vez lo relleno haciendo todo lo que hago.
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