
Un relato de 1865 describe una escena que el sacerdote italiano interpretó como una advertencia espiritual. La historia volvió a circular por su relación con las distracciones y el entretenimiento.
Un relato de 1865 describe una escena que el sacerdote italiano interpretó como una advertencia espiritual. La historia volvió a circular por su relación con las distracciones y el entretenimiento.
El 1 de mayo de 1865, San Juan Bosco relató a los jóvenes del Oratorio de Turín un sueño que quedó registrado en el tomo VIII de las Memorias Biográficas de Don Bosco, recopiladas por el sacerdote salesiano Giovanni Battista Lemoyne. En la visión, aparecía un hombre muy alto, de aspecto oscuro y con dos cuernos, que sostenía una linterna mágica dentro de una iglesia llena de jóvenes.
El aparato proyectaba distintas imágenes que captaban la atención de los presentes. Entre ellas había escenas de juegos, deportes, lugares conocidos, libros, familiares, amigos, frutas y dulces. Mientras los jóvenes se concentraban en esas imágenes, pocos se acercaban a recibir la comunión.
La linterna mágica era un dispositivo óptico utilizado durante el siglo XIX para proyectar imágenes mediante una fuente de luz. Aunque hoy puede recordar a las pantallas y los contenidos audiovisuales, se trataba de una tecnología propia de aquella época.
Don Bosco interpretó el sueño como una advertencia sobre las distracciones que podían apartar a los jóvenes de la vida espiritual y de los sacramentos. En su relato, las imágenes funcionaban como una forma de captar la atención y alejar a los presentes de aquello que consideraba importante.
El episodio volvió a despertar interés por las similitudes que algunos lectores encuentran entre aquella visión y las distracciones actuales. Sin embargo, el relato original no menciona teléfonos, internet ni redes sociales: esas comparaciones corresponden a interpretaciones contemporáneas del sueño.