
El equipo de De la Fuente minimizó a los franceses con un plan fiel a un estilo: Rodri y Fabián Ruiz fueron los directores de orquesta.
El equipo de De la Fuente minimizó a los franceses con un plan fiel a un estilo: Rodri y Fabián Ruiz fueron los directores de orquesta.
Mbappé se lamenta tras el 2-0 de Pedro Porro. REUTERS/Lee Smith
Ya fue la primera semifinal y, en dos horas, Francia pasó de ser el gran candidato al título, el equipo que parecía estar por encima de todos, a un manso conjunto que el sábado jugará por el tercer puesto en Miami. Un conjunto casi domesticado, demostrando una vez más que el fútbol es capaz de cualquier cosa. Hasta de que Cabo Verde haya dejado afuera a Uruguay en la fase de grupos y le haya dado pelea a la Selección y también a España. Esa España que ahora superó con comodidad un clásico europeo.
Hubo una clase táctica de De la Fuente en Dallas, con el caballito de batalla que identifica a España, aunque hasta ahora no había aparecido con semejante autoridad en este Mundial. Mucha más tenencia de pelota que una Francia acostumbrada a explotar las transiciones rápidas y el vértigo. Fue como si ese toque permanente, de pases cortos y precisos, hubiera anestesiado a los franceses, que casi nunca pudieron lanzar esos piques al vacío con los que suelen atropellar a los rivales.
Fabián Ruiz y Rodri fueron los directores de orquesta de una España que todavía no tuvo a Lamine Yamal en todo su esplendor, más allá de haber provocado, con picardía e inteligencia, el penal del 1-0. Nunca le tembló el pie para manejar la pelota y, por momentos, fue incluso vertical, pisando el área rival, como en el golazo de Porro para el 2-0. En el primer tiempo dominó a puro toque y, en el segundo, hasta pudo haber ampliado la diferencia.
El impetuoso foul de Yamal a Mbappé: otra postal. (AP Photo/Tony Gutierrez)
España también presionó alto por momentos. Y cuando le tocó defender, sobre todo después ponerse en ventaja, se plantó muy bien en bloque, cerró espacios y recuperó con limpieza o forzó el error del rival. Mbappé, Olise y Dembélé quedaron impotentes frente a un equipo convencido, con carácter, que supo cómo jugar, cómo neutralizar y cómo atacar.
Francia apenas había recibido dos goles en todo el Mundial, ambos en la fase de grupos, y nunca había empezado un partido en desventaja. El golpe del penal le pesó desde el inicio y España aprovechó ese envión para adueñarse del partido. Increíblemente, domó a las fieras y llegó a la final con una autoridad que pocos imaginaban.
Rodri y Fabián Ruiz, estelares en el medio de España. EFE/EPA/ALBERT PENA
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