
Paseó su grandeza por Brasil, eliminó a Vasco y está en la final de la Sudamericana. Los méritos de Arruabarrena, Paredes y el resto para poner al equipo a pelear en lo más alto.
¿Por qué Boca es distinto? ¿Qué lo diferencia de un simple equipo de fútbol? ¿Cuál es su secreto, su magia? ¿Dónde está escrito su destino de gigante inabarcable? Boca es el aura, por decirlo de alguna manera, al estilo de los chicos de hoy. Ellos lo repiten, lo gritan, lo exclaman para declarar su admiración por algo. Probablemente, muchos de ellos no sepan qué es el aura. Sí saben que es algo bueno, genial, cool. Lo más.
El aura es, por definición, "un campo energético o un campo de luz que rodea a las personas". Un halo invisible pero palpable, una emanación tibia y misteriosa. Es la espiritualidad misma, un marco para el alma, la potencia, la fuerza, pero también el escudo. Hoy, pareciera, el aura es todo desde un punto de vista mucho más material: es "el carisma, el estilo o la épica". Desde el prisma con el cual se lo mire, Boca es el aura. Tiene carisma, estilo y épica como la de anoche en el Maracaná. Boca es la energía que arrasa, la luz en todos los sentidos imaginables.
Boca no olvidó: así se rieron del jugador de Vasco que había compartido una imagen rompiendo el escudo
Paredes es el aura. Un tipo que, once días después de un desgarro, sale a dar la cara por el equipo y lo mete en la final con un derechazo furioso y letal. Un líder absoluto, inconmensurable, respetado y amado puertas adentro, admirado casi como una deidad desde afuera. En la línea de los grandes líderes que regresan (Riquelme, Tevez), aún con la cuenta pendiente de ganar algo para satisfacer a su corazón bostero, es el guía espiritual de un grupo que se reinventó.
En eso, en el renacimiento, mucho tiene que ver Arruabarrena. Boca tenía el alma (o el aura) dormida y el Vasco la rescató. Le dio al equipo una identidad emparentada con su historia de grandeza, generó compromiso, le puso el cuerpo al despojo que era en muchos sentidos un grupo golpeado, lo revitalizó, levantó niveles, encontró perlas ocultas (Flores, Jagger), recuperó desahuciados (Velasco, Palacio), fue maestro con un lateral que tenía mucho más para dar (Blanco), aceptó desafíos (Villa, Valencia), terminó con las prebendas (Cavani) y los ilusionistas (Ander Herrera). Hizo un trabajo serio y a conciencia, e increíblemente, con muchos de aquellos jugadores que se arrastraban, armó un equipo que da pelea en todos lados y que a menudo da gusto ver. Y que cuando no satisface estéticamente, genera orgullo.
Arruabarrena, rendido ante sus jugadores: "Tengo un grupo que la sufrió y ahora quiere hacer historia"
Boca, aun con sus bajas, con sus tocados, fue demasiado grande para un Vasco que acá lo había complicado pero que sufrió, al momento de hacerse cargo, la responsabilidad de voltear a un monstruo sagrado de América, una bestia mitológica. Por eso, entre otras cosas, es distinto Boca. Por lo que genera en los propios pero sobre todo en los otros. Muchas veces lo han dado por muerto, e invariablemente, Boca se rehizo desde las cenizas de su gloria.
Ayer, este equipo del Vasco, iluminó la noche de Río de Janeiro con su aura. Con un Paredes guerrero heroico, con un Merentiel que vuelve a aparecer cuando se juegan cosas importantes, con Di Lollo vestido de Schiavi o de Samuel, con Blas Armando Giunta reencarnado en el Ruso Ascacíbar, con el pibe Jagger subido al escenario como un Rolling Stone, con un Battaglia que es orden y equilibrio aun disminuido, con un Milton Delgado que empieza a llenar todos los casilleros para hacerse apetecible en Europa.
Boca golpeó, aguantó, peleó con guapeza e inteligencia. Tuvo fútbol, tuvo huevo y hasta tuvo esa dosis de fortuna que todos necesitan para poder avanzar. Tuvo, también, la cordura para no reaccionar nunca frente a un arbitraje vergonzoso que hizo de la cancha un plano inclinado siempre a favor del local.
Boca, este Boca que se dio un golpazo en la primera parte del año saliendo a patadas de una Libertadores muy esperada, ya está en la final de la Sudamericana, el objetivo que sobresalía en la escala de valores de su técnico, y no se resigna ni en ningún lado. Vive como juega, y juega a lo Boca. Porque su vida está escrita así, a fuego, en azul y aura.
Recibí las últimas noticias, cúando juega Boca Juniors ¡y más!
"Es diferente": el DT de Vasco habló de la diferencia de Boca con o sin Paredes
Boca tiene a Paredes de vuelta y un plan por delante: cómo llevarlo hasta la final
Boca ganó en Brasil y le sacó a River un récord impresionante
Los puntajes de la épica clasificación de Boca a la final
La felicitación de Neymar a Paredes por su gol agónico que metió a Boca en la final