
Diego Galanternik debutó en la Academia en 2012 con Zubeldía, compartió la Reserva con De Paul, Musso y Vietto, y se retiró joven después de pasar por el ascenso. Hoy, a los 35 años, ataja en partidos amateurs que le pagan a través de una aplicación.
Diego Galanternik debutó en la Academia en 2012 con Zubeldía, compartió la Reserva con De Paul, Musso y Vietto, y se retiró joven después de pasar por el ascenso. Hoy, a los 35 años, ataja en partidos amateurs que le pagan a través de una aplicación.
“Arquero ex profesional con pasado en la Primera de Racing Club.”Así se presenta Diego Galanternik en la aplicación donde los equipos amateurs buscan arquero para un partido. Tiene cinco estrellas, cinco partidos jugados y apenas dos goles recibidos. “Para que te des una idea, me han pagado hasta seis cifras por un partido”, contó. Hace 14 años atajaba en la Primera de la Academia y compartía vestuario con futuros jugadores de la Selección Argentina como Rodrigo De Paul y Juan Musso. Hoy, mientras dirige una empresa de seguridad, sigue atajando: ahora, por encargo.
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Galanternik descubrió la aplicación por una publicidad de Instagram. “Los equipos que necesitan arquero para un partido publican la convocatoria y cuánto están dispuestos a pagar. Cada arquero comparte su trayectoria, si juega en cancha de 5, 8 u 11, y cuánto quiere cobrar”, explicó a Infobae.
En la plataforma ya se inscribieron más de 10.000 arqueros. El sistema es simple: llega, ataja, se va, y el pago se hace a través de la app, que después permite calificar su rendimiento, su puntualidad y su fair play.
Su balance hasta ahora es de tres triunfos, un empate y una derrota. “Hay muchos fanáticos de Racing que me conocían y por eso me buscan”, contó. Y agregó: “En Argentina, el fútbol es competitivo hasta en el nivel amateur. Todos quieren ganar, por eso la gente está dispuesta a pagar por un arquero que te gane un partido”. Por ahora no vive de eso, pero no lo descarta: “No descarto que en algún momento sea mi principal fuente de ingreso”.
Hincha de Racing por herencia de su padre, Galanternik empezó en el baby fútbol de Caballito Juniors como jugador de campo. Cuando le salió una prueba en la Academia, se presentó como arquero. “Era grandote, jugando me defendía, pero sabía que no me daba para ser jugador en una categoría de AFA”, recordó. Fue escalando hasta la Reserva y en 2012 firmó su primer contrato. Al mismo tiempo estudiaba periodismo deportivo en el Círculo de Periodistas Deportivos, donde se recibió.
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Su gran día llegó el 9 de septiembre de 2012. Sebastián Saja estaba lesionado y Jorge De Olivera, suspendido tras ser expulsado ante San Martín de San Juan, en el partido en el que Agustín Pelletieri terminó en el arco y atajó un penal. Así, el Racing de Luis Zubeldía visitó a Belgrano con Galanternik, de 21 años, en el arco.
“Fue un sueño”, recordó. Pero hay un momento que todavía le pesa: “30 segundos antes del gol de Belgrano ya terminaba el primer tiempo y yo pensé: ‘Qué bueno, ya tengo el primer tiempo en cero’. Vino una jugada desafortunada y el gol de ellos. Me quería morir”. Racing perdió 1-0.
En aquella Reserva dirigida por Juan Barbas había nombres que después explotaron: Luciano Vietto, Rodrigo De Paul, Ricardo Centurión, Juan Musso y Gastón Campi, entre otros. Según Galanternik, en ese momento él estaba por delante de Musso en la consideración. “Todos aprovecharon su momento y explotaron como explotaron”, dijo. “Son jugadores con una mentalidad especial, que se pudieron reinventar y superar las adversidades. Musso fue mucho tiempo suplente en Racing y casi se va a préstamo”.
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Tras la temporada 2012/13, Racing contrató a Nelson Ibáñez y Galanternik se fue a préstamo a Tiro Federal de Rosario, en el Argentino A. “Fue un choque y una realidad bastante difícil para mí. Era la primera vez que me iba a vivir solo y a otra ciudad”, contó. Volvió a Racing en 2014, justo cuando regresó Diego Milito, y después pasó a Sportivo Belgrano de San Francisco, en la B Nacional, donde le ganó el puesto a Diego Pozo, mundialista en Sudáfrica 2010. Pero esa etapa terminó mal: “Tuve varias situaciones con técnicos y dirigentes que me afectaron mucho psicológicamente”.
El siguiente club lo consiguió de una forma insólita. “Le escribí por Facebook al ayudante de campo de Pablo Vicó, le pregunté si buscaban arquero y le dije que estaba para ir. Me dijeron que vaya”, recordó sobre su llegada a Brown de Adrogué. Después pasó a Luján, en la Primera C, con la mitad del sueldo. Ahí se desgarró dos veces el mismo isquiotibial y, a los seis meses, colgó los guantes.
Ya tenía un trabajo estable en seguridad, y entre ese sueldo y lo que le pagaban unos amigos por atajarles, ganaba más que en su última etapa como profesional. Además había empezado la relación con quien hoy es su esposa y la madre de su hijo. “Siempre queda el pensamiento de ‘¿qué hubiera pasado?’. Hubo días que extrañaba mucho, sobre todo jugar con público. Esa adrenalina no se compara con nada”, admitió. “He tenido sueños de que seguía jugando, pero cuando pienso en frío fue una decisión acertada”.
Hoy, a los 35 años, encontró la manera de volver al arco sin dejar su vida de lado. Y en cada partido, los rivales se enteran de que enfrente tienen a alguien que alguna vez atajó en la Primera de Racing.
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