
Argentina lo hizo otra vez: está en una nueva final. Dio vuelta a Inglaterra con fútbol y coraje, con corazón y vergüenza. Esto es un verdadero campeón.
Monstruos. Bestias. Animals.
Claro que sí. Animals. Tenía razón el técnico inglés del 66, Alf Ramsey, que dijo que jugamos como animales. Somos animales. Son unos animales, el equipo de nuestras vidas. Nunca hubo un grupo de jugadores que nos identificara tanto, que nos diera semejante orgullo, que fuera tan bravo, tan valiente, que tuviera esos huevos enormes que aparecen siempre, una y otra vez, cuando se empeñan en darnos por muertos. No se vayan nunca, muchachos, quédense para siempre.
Sigan diciendo que nos ayudan. Que somos ArgenFIfa. Que estamos acomodados con Infantino y con la reputa madre que los parió. No pasen más vergüenza, acepten de una vez que este es el mejor equipo de la Tierra. En los últimos cuatro, cinco años, no hay ninguno que se le acerque, ninguno que haya hecho tan feliz a su gente.
Los puntajes de la Selección Argentina vs. Inglaterra
Votá a la figura de la Selección Argentina vs. Inglaterra
Lautaro habla como puede. Dice con la voz entrecortada, una palabra pidiéndole permiso a las lágrimas para sumarse a otra, que siempre soñó con hacer ese gol. Tan grande es esta Selección que hasta reparte el heroísmo entre sus hombres. Aquel Lautaro que se había quedado atragantado en Qatar ahora nos da este pase a una nueva final del mundo. El domingo, ahí estará él y ahí estaremos todos.
Messi se da un abrazo interminable con Scaloni, que le dice cosas y más cosas al oído. Todos saltan, todos cantan, todos revolean lo que tienen a mano. Y piden "un minuto de silencio pa' Inglaterra que está muerto". Lo muestran a Bellingham, al borde del llanto, que está casi casi como para confirmar el cantito. Ni él -desaparecido en acción- ni Kane ni ninguno de los ingleses de dos metros que puso Tuchel a cabecear pudo con el cabezazo de Lautaro. Como no había podido Pickford con ese balazo imparable de Enzo, enorme otra vez.
La resistencia inglesa se quebró bajo un torrente de sangre argentina. ¿Ves, Francia, vos que te fuiste ayer con la cola entre las patas? Esto es sangre, esto es coraje, esto es amor propio, vergüenza deportiva. Y esto es fútbol. No se trata sólo de calidad, de técnica, de velocidad. Sin corazón es difícil llegar. Imposible. Y Argentina puede no ser la más rápida, es posible que alguno la supere en técnica, que tenga jugadores más jóvenes que corran más. Pero ninguna, ninguna Selección tiene el corazón más grande.
"Un minuto de silencio": el festejo de la hinchada junto a los jugadores argentinos
El corazón fue el motor para llevarse puesta a una Inglaterra que se apichonó y se dedicó a cuidar el 1-0, que no supo ver las señales en el cabezazo al palo de Mac Allister, en su tiro al otro palo, en el manotazo con el que Pickford salvó lo que merecía ser gol de Nico González. Pero también hubo cabeza y piernas para desmitificar aquello de la superioridad física europea. ¿Puede existir? Claro, pero no sirve de nada si no viene acompañada. Messi, con sus 39, les pintó la cara, aguantó los embates, tiró todos los centros que quiso. Enzo se hizo cargo del medio cuando salió Paredes y terminó clavando el 1-1. Nico González fue el rayo que necesitaba el 10 para perforar por izquierda a los británicos. Otamendi, el león que sacó todo de arriba cuando los ingleses quisieron evitar, en los diez finales, el escarnio al que seguramente serán sometidos. Ojo, no es sólo que ustedes arrugaron, eh. Argentina se los llevó puestos, no los dejó respirar, los asfixió.
El banco volvió a funcionar. Todos entraron bien. También Montiel con su ímpetu y De Paul con su orgullo a flor de piel. Fue 2-1 otra vez, 40 años después, con Diego esta vez mirándonos desde lo más alto y Messi en el césped ganando un partido enorme, especialísimo. Valió a pena todo lo que tuvo que esperar para que le llegara esto.
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Contra la primera potencia que se cruzó este Mundial, un adversario que antes de jugar era igual de favorito y de candidato, Argentina jugó su mejor partido. Demostrando una vez más cómo se actúa bajo presión. De qué está hecho realmente. Lo había sufrido Egipto, luego Suiza, ahora Inglaterra. La Selección de Scaloni, de Aimar, de Samuel, la Selección de Dibu, de Cuti, de Paredes, la Selección de todos está en la final. Jugará en New Jersey contra España, el último día del Mundial, por un nuevo título. Y lo queremos, claro que sí. ¡Mirá si nos vamos a conformar! Pero por las dudas, ellos se encargan de recordar a cada paso quién es el campeón. Un campeón que trascenderá generaciones y que se recordará siempre.
Ah, por las dudas: sí, claro, somos Argenfifa. Si no, preguntales a los ingleses cómo les quedó el orgullo.
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