
El agónico gol en el Maracaná que significó la clasificación a la final de la Copa Sudamericana, con el toque épico de haberlo hecho desgarrado, llenó otro de los casilleros que todo jugador necesita para quedar en la historia. El capitán de este equipo ya cumplió varios de los requisitos para sumarse al selecto grupo de héroes. Le quedan pocos pasos para ser eterno.
La condición de ídolo es quizá uno de los tesoros más sagrados que tiene el hincha de fútbol y no se le concede a cualquiera. Hay diferentes caminos para que un jugador sea distinguido con semejante privilegio, pero todos confluyen hacia una marca que lo vuelve eterno y casi que lo eleva de lo terrenal. En el caso de Leandro Paredes puede haber alguna discusión -incluso por tratarse de un tema subjetivo-, porque estarán quienes crean que el solo hecho de haber regresado de Europa en el momento en que lo hizo ya le otorga los créditos suficientes. Sin embargo, en un club como Boca las exigencias son acordes a su historia y esa vara hace que conseguirlo se valore todavía más.
Boca, el gigante azul y aura
Su llegada a Casa Amarilla fue a los 8 años, tras ser descubierto por Ramón Madoni en el club Brisas del Sur, y su debut se dio con apenas 16: fue el 6 de noviembre de 2010, en la derrota por 2-0 ante Argentinos en la Bombonera con Claudio Borghi como director técnico. Aquella primera etapa -como enganche y apuntado a ser el sucesor de Juan Román Riquelme- terminó con dos títulos (Torneo Apertura 2011 y Copa Argentina 2012), aunque sin tanta participación. En total sumó 31 partidos (14 como titular) y convirtió cinco goles. Le había costado afirmarse y el pase a Roma a comienzos de 2014 dejó la esperanza de que algún día pudiera regresar para cumplir sus sueños.
En su travesía por Europa y Rusia empezó a convertirse en el mediocampista central que es hoy y dejó su huella bostera en cada equipo en el que jugó. Este tipo de embajadores de los colores por el mundo suelen ganarse un especial cariño en el hincha y puede ser un plus a la hora de validar su estatus de ídolo, pero lejos está de ser un mérito por sí solo para semejante distinción. Mientras tanto, cada vez que le consultaban por una posible vuelta a Boca se encargaba de renovar la promesa y asegurar que lo haría en plenitud, como para diferenciarse de aquellos que llegan solo para vivir la experiencia y ya tienen un pie en el retiro.
Por eso el primer gran paso que dio fue su regreso desde Roma a mediados de 2025 (con 31 años), como campeón del Mundo y bicampeón de América con la Selección Argentina. Incluso pudo haber llegado seis meses antes -esa era su intención- y quizá algún día se puedan saber los motivos que lo impidieron. Lo cierto es que en esta segunda etapa ya jugó más partidos que en la anterior (55 contra 31) y marcó 5 goles. De inmediato deslumbró con su calidad y se convirtió en el máximo referente del plantel. Al brillo con la pelota le suma inteligencia dentro y fuera de la cancha, lleva la cinta de capitán a la perfección y ejerce el liderazgo con jerarquía.
La entrega es otro de los pilares que más se valoran. Por eso el hecho de haber jugado lesionado contra Universidad Católica en las puertas del Mundial también se destacó con un marcado énfasis. Y a la vuelta de la Copa del Mundo no se tomó vacaciones: un domingo jugó la final con España y al jueves siguiente fue titular ante O´Higgins. No quiere faltar nunca y por eso exige su físico hasta el límite. Muchas veces se nota que no está en óptimas condiciones, pero así y todo demuestra que es más que cualquiera. La última epopeya fue la del Maracaná, con un final épico y digno de una película.
A 11 días del desgarro -y tras haberse perdido la ida-, entró para jugar poco más de media hora y en el último minuto marcó el gol de la clasificación. Lo tocó la varita mágica que solo ilumina a los elegidos, como en aquel recordado muletazo de Martín Palermo a River en 2000 o el gol de Riquelme -también desgarrado- ante Libertad en 2007. Lo único que le falta son las coronaciones importantes, necesarias para respaldar y validar sus méritos. Esas conquistas que funcionan como un sello imborrable y le dan la entrada definitiva al altar. Paredes, camino a ser el ídolo que Boca tano necesita.
Recibí las últimas noticias, cúando juega Boca Juniors ¡y más!
El día que Boca revirtió la paternidad sobre Independiente
Cómo un título de Boca le puede servir a River para jugar la Libertadores 2027
El plan de Arruabarrena para el clásico con Independiente
Atlético Mineiro y Eduardo Domínguez, con sed de revancha: las rachas que intentarán cortar contra Boca
El manual de estilo de Bianchi
El gesto de Riquelme con el plantel de Boca tras el pase a la final de la Sudamericana