
Durante 52 minutos, Inglaterra impuso el plan que había preparado Thomas Tuchel. Pero el gol de Gordon despertó la versión más competitiva de Argentina. Scaloni modificó el partido desde el banco, Messi volvió a conducir la ofensiva y el campeón transformó una batalla táctica en una demostración de carácter.
Durante 52 minutos, Inglaterra impuso el plan que había preparado Thomas Tuchel. Pero el gol de Gordon despertó la versión más competitiva de Argentina. Scaloni modificó el partido desde el banco, Messi volvió a conducir la ofensiva y el campeón transformó una batalla táctica en una demostración de carácter.
El duelo táctico, ese ajedrez que tantas veces define los grandes partidos, duró 52 minutos. Hasta que Inglaterra tuvo la peor idea posible: tocarle el orgullo al campeón del mundo. Porque una cosa es desafiar a Argentina y otra, muy distinta, despertarla. No es lo mismo llamar al diablo que verlo venir de frente.La Selección hizo un partido de menor a mayor. Empezó con cautela, respetando un plan que exigía disciplina y una enorme generosidad táctica para sostener duelos individuales e, incluso, algunas inferioridades numéricas. El primer tiempo fue uno de esos rounds de estudio en los que la pelea pasa más por interpretar al rival que por lanzarse a intercambiar golpes.
Mágica e inolvidable victoria de la Selección Argentina a Inglaterra: a la final del Mundial
Los dos equipos presentaron estructuras asimétricas, aunque los emparejamientos estuvieron muy claros desde el inicio. Harry Kane se dedicó a bloquear la salida de Leandro Paredes; Julián Álvarez persiguió a Declan Rice; Enzo Fernández se midió con Jude Bellingham; Giuliano Simeone sostuvo una batalla permanente con Djed Spence; Tagliafico tuvo que controlar las apariciones de Morgan Rogers.El equipo europeo dejó liberados a los centrales argentino y a Nahuel Molina, Gordo fue ayuda de Spence en la primera fase de ataque argentino. La Scaloneta hizo lo mismo: no presionó sobre los centrales ni a Reece James en el inicio. Inglaterra propuso un partido de precisión táctica. Argentina respondió convirtiendo cada pelota dividida en un duelo personal. Los ingleses podían igualar la organización. Lo que nunca pudieron igualar fue la intensidad emocional con la que la Selección decidió jugar cada dividida.A los 52 minutos el partido cambió para siempre. Inglaterra encontró el gol en una jugada que había buscado durante toda la tarde: Kane retrocedió para generar superioridad en la mitad de la cancha y lanzó un pase profundo para atacar el espacio. El envío no fue bueno. La acción necesitó de un control fallido de Lisandro Martínez para que la pelota quedara servida a Rice. Rogers metió un centro venenoso y Anthony Gordon apareció debajo del arco para empujar el 1-0.
Sin saberlo, Inglaterra acababa de despertar a un rival que hasta ese momento había respetado demasiado el plan. Desde ahí ya no hubo ajedrez. Hubo una avalancha. Argentina empezó a jugar con una paciencia admirable y una agresividad que fue creciendo ataque tras ataque. Scaloni volvió a leer el partido antes que nadie y los cambios modificaron por completo el escenario. El ingreso de Nico González aportó juego aéreo y amplitud por la izquierda. Enzo Fernández dejó de administrar el partido para empezar a conducirlo. Messi abandonó definitivamente la banda para recibir por dentro y organizar cada ataque, mientras la profundidad de Giuliano ya no era necesaria porque el capitán encontraba desde la derecha el lugar ideal para lastimar. Entonces aparecieron las situaciones una detrás de otra. Enzo probó desde media distancia. Alexis Mac Allister ganó dos veces de cabeza. Nico González atacó el segundo palo. Inglaterra ya no conseguía salir de su campo. El bloque bajo que había resistido durante más de una hora empezó a resquebrajarse bajo un asedio permanente.Fue el mismo muro que durante todo el Mundial desesperó a las grandes selecciones. El mismo paradigma defensivo que parecía indestructible. Argentina no lo derribó con desesperación. Lo desgastó golpe tras golpe, hasta hacerlo caer.
El gol de Lautaro Martínez
Los dos goles resumieron perfectamente esa reacción. El empate nació de un córner jugado en corto. Messi esperó con una calma, dejó que dos ingleses fueran a presionarlo y encontró el pase atrás para Enzo Fernández, que definió con un remate extraordinario. El segundo fue todavía más brillante desde la interpretación. Durante varios minutos Messi castigó con centros cerrados desde la derecha. Cuando Inglaterra decidió taparle la zurda, creyó haber resuelto el problema. Pero el capitán ya había pensado una jugada más adelante. Arrastró a Spence y a O'Reilly hacia afuera y, con la derecha, sacó un centro perfecto para que Lautaro Martínez apareciera completamente solo y sentenciara la remontada.
¿Cómo hizo Argentina para dar vuelta una semifinal que parecía escaparse? Como tantas veces en su historia. Cuando el plan dejó de alcanzar, rompió la pizarra. Cambió el partido desde la interpretación, desde los cambios y desde el carácter. Porque al campeón del mundo no alcanza con ponerlo contra las cuerdas. Si no lo noqueás, siempre encuentra la manera de volver.
El único antecedente entre Argentina y España en Mundiales
Argentina ganó también en las tribunas: el clima en el estadio durante la victoria ante Inglaterra
Los puntajes de la Selección Argentina vs. Inglaterra
Lautaro, el héroe de la semifinal emocionado como nunca: "Soñé con hacer este gol"
"Las Malvinas son argentinas"
Scaloni, a corazón abierto: "Somos únicos, esta gente nos llevó a ganar el partido"