
El Vasco tiene pocas pulgas y conoce perfectamente el Mundo Boca. Armó un grupo fuerte, que le responde, y por eso el presidente no se mete. Confía en él.
El Vasco tiene pocas pulgas y conoce perfectamente el Mundo Boca. Armó un grupo fuerte, que le responde, y por eso el presidente no se mete. Confía en él.
A Arruabarrena hay que destacarle mucho más lo extrafutbolístico que lo que se ve en el campo de juego. Porque, a ver, en lo futbolístico, en el juego, ya Paredes soluciona un montón de cuestiones. Si Flores juega como juega, también aporta soluciones. Merentiel hace goles, los laterales son de lujo... Tiene muy buenos jugadores. Entonces, lo primero y fundamental que ha logrado el Vasco en este tiempo es que Riquelme le tenga miedo. Sí, Riquelme le tiene miedo a Arruabarrena. Suena fuerte pero es así.
¿Por qué sucede esto? Porque el Vasco tiene tremenda personalidad y conoce de toda la vida a Román, con el que han convivido hasta en Villarreal. El presidente de Boca sabe que el Vasco es de pocas pulgas, que si llega a ver algo que no le gusta o se entera del fútbol pasillo, agarra su valija, se toma un avión y se va a España, donde vive su familia. Riquelme le tiene miedo a Arruabarrena. Ante todo, eso.
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Pero además, Román le tiene respeto porque sabe que es un gran entrenador, que es un técnico con pergaminos, con experiencia, que conoce a la perfección el Mundo Boca. Entonces, Riquelme no se mete con el Vasco porque sabe que tiene todas las de perder. Ahora, con el resto, con los otros que trajo, ¿cómo no se iba a meter? Hasta era necesario que se metiera y lo hizo.
Y además de miedo y respeto, Riquelme le tiene confianza a Arruabarrena. Por eso lo fue a buscar, porque sabía que el Titanic se hundía. Y lo buscó pese a que el Vasco es alguien que está más cerca de la oposición, aunque en realidad siempre haya transitado por el medio. Y esto, la presencia de Arruabarrena, unió grietas. Este es un gran acierto del presidente porque tuvo la inteligencia de ir a buscarlo. Las consecuencias: se cerró la grieta política y se armó un grupo muy fuerte. El grupo que quedó, porque la primera decisión que tomó el entrenador fue limpiar a Cavani y a Ander Herrera, como cuando Bianchi limpió a Caniggia.
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Fueron decisiones fuertes y los jugadores saben que Arruabarrena es más que ellos, incluso que Paredes, que va camino a ser el cuarto ídolo de Boca pero que no tiene los títulos del Vasco, no tiene la cantidad de partidos que jugó el Vasco con esta camiseta ni tienen su trayectoria internacional. Tampoco tienen la plata que tiene el técnico, y entonces lo respetan. Y lo respetan desde la sabiduría y desde la cercanía, porque los jugadores salen abrazados con él. Cuando están de festejo y hasta cuando los saca del campo. Pasó el otro día con Merentiel.
Hay un detalle que pinta muy bien lo fuerte que es este grupo que armó. El Vasco logró que un tipo como Ángel Romero, que si lo apurás -espero que se entienda lo que digo- no sabe los colores de la camiseta de Boca, fuera el primero en ir a agarrar del cuello al tipo que había roto el escudo de Boca luego del triunfo de Vasco en la Bombonera. Eso es generarle al jugador compromiso, sentido de pertenencia, saber qué camiseta defiende. Son detalles pero que hacen al grupo y demuestran la importancia del gran trabajo del Vasco.
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