
En el año 125, Luciano de Samosata relataba cómo “un tifón” remontaba un navío que en siete días llegaba al satélite terrestre. También un clérigo contemporáneo de Copérnico, Cyrano de Bergerac, Edgar Allan Poe, Julio Verne y algunos más tuvieron sus propias fantasías selenitas.
En el año 125, Luciano de Samosata relataba cómo “un tifón” remontaba un navío que en siete días llegaba al satélite terrestre. También un clérigo contemporáneo de Copérnico, Cyrano de Bergerac, Edgar Allan Poe, Julio Verne y algunos más tuvieron sus propias fantasías selenitas.
En ámbitos selectos circula la versión -no confirmada- de que la NASA intenta optimizar las finanzas del programa Artemis y planea descartar propulsores y combustibles de última generación. Indagar archivos históricos los ha alertado sobre ingeniosas opciones baratas, asequibles y con escaso impacto ambiental.
En un pergamino de Luciano de Samosata (c.125-c.180) hallaron, por ejemplo, la crónica del navío que se pierde en el Atlántico en una tormenta, es remontado por un tifón y en siete días llega a la Luna. El relato se mofa de las fantasías difundidas por esas épocas, pero los expertos quedaron tan encantados con la idea que prevén estacionar una chalupa en el mar hasta que el mal tiempo consume su magia.
Un blog de acceso restringido publica imágenes de personal de la agencia en procura de 25 gansos de una variedad gigante. Se sospecha que el fin es anexarlos a la réplica de la máquina voladora pergeñada por un fan de Copérnico, el clérigo inglés Francis Godwin (1562-1633). En ella, el comerciante español Domingo Gonsales viajó de Tenerife hacia dominios selenitas en doce días.
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Desafiando la autoridad de Johannes Kepler (1571-1630), la NASA ha descartado solicitar los servicios de demonios de Levania, invocados por el astrónomo en su novela El Sueño. ¿Olvidan que el astuto Johannes acudió a la ficción y la hechicería para gambetearle a la Inquisición y respaldar al heliocentrismo?
Lástima, porque estos seres mágicos son magníficos baquianos siderales que proveen esponjas húmedas protectoras para sortear los escollos del periplo lunar.
Se han reportado eruditos desmenuzando una travesía solar en un texto de Cyrano de Bergerac (1619-1655). Nadie ignora que el Sol atrae y evapora el rocío matutino, sostiene Monsieur Cyrano; hay que sujetar frascos de rocío a la cintura, esperar el alba y dejarse llevar. Si se desea un destino menos tórrido, se unta el cuerpo con médula de buey que, como todos saben, es atraída por la Luna.
¿Olvidan que el astuto Johannes Kepler acudió a la ficción y la hechicería para gambetearle a la Inquisición y respaldar al heliocentrismo?"
Fuentes confiables afirman que dos misiones fueron despachadas a Sudán a evaluar la factibilidad del portento creado por el escritor francés Paschal Grousset (1844-1909). Están ovillando kilómetros de cable en torno a un cerro rico en minerales ferrosos.
Al circular electricidad, el electroimán arrancará la montaña entera y la transformará en nave espacial. Aún no se consultó a los lugareños si están dispuestos a la mudanza.
Especial atención despiertan los dibujos del inglés Edward F.Burney (1760-1848) en los que un tal QQ saldrá al cosmos por el disparo simultáneo de tres cañones verticales atados entre sí. De la boca de cada uno emerge un poste donde yace una tarima en la que QQ va sentado, con lentes, provisión de oxígeno, instrumentos, casco con orificio para aire viciado y traje espacial medio trucho. Al fin de su recorrido, QQ descenderá en la superficie lunar con un paraguas como paracaídas.
A la fecha la agencia no ha reparado en el carruaje electromagnético del químico francés Louis-Guillaume de Lafolie (1739-1780) con el que un nativo de Mercurio alcanzó la Tierra en quinientas horas. Tampoco ha promovido campañas de recolección de lunarium, metal atraído por la Luna y repelido por la Tierra que el autor George Tucker (1775-1861) usó para recubrir las paredes de su nave cúbica.
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Quizá hayan tenido en cuenta que Edgar Allan Poe (1809-1849) desechó al exótico material en su obra y lo cambió por un ingenio más vulgar: un globo aerostático. Para que su globo navegara por el espacio, debió urdir un gas y una purificadora de aire de propiedades casi milagrosas. Al fondo del cofre de los marginados aguarda un material bloqueador de la gravedad, la cavorita, que fue concebido por otro egregio: H. G. Wells (1867-1946).
Ha causado fastidio la clausura del estudio sobre De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna, páginas de solidez científica debidas a nada menos que Jules Gabriel Verne (1828-1905). Narran peripecias de un itinerario a nuestro satélite natural, emprendido por tres exploradores en el interior de una bala de cañón hueca. Para explicar las razones de semejante decisión, nada mejor que un testimonio directo:
“Como es usual, el escritor contempla hasta el detalle más leve. El proyectil es disparado por el Columbiad, un cañón colosal cuyo lugar de montaje se determina con precisión, así como el instante del disparo, la trayectoria, el tipo de pólvora y las características de la bala. Muchos resultados se deben a Henri Garcet, el primo matemático a quien Verne confiaba los cálculos asociados con sus historias. Pese al loable asesoramiento, lamento señalar que detectamos varios errores. El que motivó nuestro dictamen es sustancial.
La relación que fija la velocidad de escape para que la nave abandone la Tierra fue formulada por Isaac Newton (1643-1727). En aquel tiempo no pudo calcular su magnitud porque ignoraba la masa de la Tierra y el valor de una constante. Los avances posteriores permitieron a Garcet hacer estimaciones muy certeras: le pifió por menos del 2%.
Como la aceleración sólo actuaba en el recorrido dentro del Columbiad, nuestros expertos dejaron claro que, para adquirir la velocidad de escape, la bala debía ser sometida a una descomunal aceleración... que hubiese convertido en puré a los exploradores”
Es probable que la NASA, asediada por seguros de vida y descargos de responsabilidad de las tripulaciones, acabe paralizando todos los demás proyectos. Lo que no conseguirá suprimir es la fascinante convicción de que asomarse al cosmos no sólo demanda inventivas, recursos y medios, sino también una firme dosis de locura.
*Docente y capacitador de Física y CN. Lector crítico en Diniece/Min.de Educación. Consultor para NAP (Flacso/Unesco/Fopiie). Coordinador en Plan Social Educativo, Educ.ar y Adultos 2000
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