
El Estimador Mensual de Actividad Económica de agosto mostró una caída interanual de 1,7% y apenas una mejora de 0,1% frente a julio, insuficiente para compensar el derrumbe de 2,9% del mes anterior.
El Estimador Mensual de Actividad Económica de agosto mostró una caída interanual de 1,7% y apenas una mejora de 0,1% frente a julio, insuficiente para compensar el derrumbe de 2,9% del mes anterior. Con un segundo trimestre que ya retrocedió 0,6%, solo un salto cercano al 2,8% en septiembre evitaría que la Argentina entre en recesión técnica. Si se confirma, sería el noveno proceso recesivo desde 2001: una historia que atraviesa a seis presidentes, devaluaciones, cepos, una pandemia y varios acuerdos con el FMI, y cuyo denominador común fue la incapacidad de sostener el crecimiento en el tiempo.
El fantasma avanza. Amenaza. Y muestra su cara. Los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondientes a agosto de 2026 no trajeron los resultados esperados. La actividad económica cayó 1,7% interanual, mientras que frente a julio registró una recuperación desestacionalizada de apenas 0,1%. El retroceso, además, fue generalizado: diez de las 15 actividades relevadas cayeron (ver recuadro).
En definitiva, un mal mes, en el que quizá lo único para festejar sea el empate técnico contra julio.
Pero el problema es otro. En agosto la economía debería haberse recuperado de manera importante y sólida frente a julio, para compensar al menos en parte la abrumadora caída de 2,9% que había registrado julio respecto de junio. Y así empezar a alejar el problema serio que muestra la actividad económica: la posibilidad concreta de que el país haya entrado en una recesión técnica. La definición teórica marca que dos trimestres consecutivos de caída en la actividad implicarían un proceso recesivo. Teniendo en cuenta que entre el primer y el segundo trimestre de 2026 la economía cayó un 0,6%, una nueva baja trimestral implicaría recesión. Y, de no mediar en septiembre un crecimiento del EMAE de casi 2,8%, probablemente esa situación ya se haya consumado. Para los responsables de una política económica, pocas cosas son más difíciles de explicar que una recesión técnica.
Pero, de confirmarse el lamentable fenómeno, Javier Milei, Luis “Toto” Caputo y el resto de los responsables de la política económica no serían los únicos en tener que explicar (si lo hacen) una situación de este tipo en la historia de las recesiones del siglo XXI. En realidad, sería el noveno fenómeno de este tipo. Desde 2001 (final de la convertibilidad) hasta octubre de 2026, la Argentina atravesó ocho grandes procesos recesivos, si se distinguen las crisis de 2018 y 2019-2020. La historia incluye a seis presidentes, sucesivas devaluaciones, conflictos políticos, restricciones cambiarias, una pandemia y varios acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. El denominador común fue la incapacidad de sostener períodos prolongados de crecimiento.
La primera crisis: febrero de 2001 a agosto de 2002. Comenzó durante el gobierno de Fernando de la Rúa, con Domingo Cavallo en Economía, y terminó durante la presidencia de Eduardo Duhalde, después de las gestiones de Jorge Remes Lenicov y Roberto Lavagna. Fue el final de la convertibilidad, con el corralito, el default, la pesificación y una fuerte devaluación. El PBI cayó 10,9% durante 2002. La crisis provocó un salto de la pobreza, destrucción del empleo y una profunda pérdida del poder adquisitivo. La recuperación comenzó en la segunda mitad de 2002, impulsada por el nuevo tipo de cambio y la capacidad productiva disponible.
La segunda recesión: octubre de 2008 a mayo de 2009. Cristina Fernández de Kirchner gobernaba y Carlos Fernández era ministro de Economía, sucedido en julio de 2009 por Amado Boudou. La crisis financiera internacional, iniciada con la quiebra de Lehman Brothers, golpeó las exportaciones, la inversión y la actividad industrial. Se sumó una fuerte sequía que perjudicó al campo. El PBI retrocedió aproximadamente 5,9% en 2009. Políticamente, el kirchnerismo venía del conflicto por las retenciones móviles y sufrió una derrota legislativa en junio de ese año.
Diez de cada 15 actividades relevadas por el Indec cayeron en agosto
La tercera: noviembre de 2011 a abril de 2012. Cristina Kirchner acababa de conseguir su reelección con el 54% de los votos. Hernán Lorenzino asumió en Economía en diciembre. El Gobierno había comenzado a aplicar restricciones a la compra de dólares, dando origen al cepo cambiario. La falta de divisas, las trabas a las importaciones y el debilitamiento de Brasil afectaron la producción. La economía cayó alrededor del 1% durante 2012. Fue una recesión relativamente breve, pero anticipó los problemas estructurales del segundo mandato presidencial.
La cuarta: agosto de 2013 a agosto de 2014. Cristina Kirchner continuaba en la Presidencia y Axel Kicillof asumió Economía en noviembre de 2013. En enero de 2014 se produjo una devaluación cercana al 23% en pocos días. La inflación se aceleró, los salarios perdieron poder adquisitivo y el consumo se contrajo. El PBI retrocedió aproximadamente 2,5% en 2014. El enfrentamiento con los fondos buitre, después del fallo del juez Thomas Griesa, agravó las restricciones financieras internacionales.
La quinta: julio de 2015 a junio de 2016. Comenzó durante los últimos meses de Cristina Kirchner y Kicillof y continuó con Mauricio Macri y Alfonso Prat-Gay. El cambio de gobierno implicó la eliminación del cepo, una fuerte devaluación y modificaciones en las tarifas de los servicios públicos. La inflación erosionó los ingresos y cayó el consumo. El PBI disminuyó alrededor del 2,1% durante 2016. El Gobierno apostó a recuperar inversiones mediante la normalización financiera y el acuerdo con los acreedores que habían quedado fuera de los canjes de deuda.
La sexta: desde fines de 2017 y durante 2018. Mauricio Macri era presidente y Nicolás Dujovne conducía Economía. El cambio de metas de inflación de diciembre de 2017 precedió a una crisis de confianza que estalló en 2018. La salida de capitales, la devaluación y la sequía golpearon la actividad. El Gobierno recurrió al FMI y obtuvo un acuerdo por US$57.000 millones, de los cuales finalmente se desembolsaron unos US$44.000 millones. El PBI cayó 2,6% en 2018. El ajuste monetario y fiscal profundizó la contracción.
La séptima: 2019 a mayo de 2020. La crisis iniciada bajo Macri continuó durante 2019, cuando Hernán Lacunza reemplazó a Dujovne. Después de las PASO de agosto se produjo otra devaluación y regresaron los controles cambiarios. Alberto Fernández asumió en diciembre, con Martín Guzmán como ministro. La pandemia de marzo de 2020 transformó una economía debilitada en una crisis histórica. El PBI cayó 3,7% en 2019 y 9,9% en 2020. El aislamiento paralizó numerosas actividades, mientras el Gobierno expandió la asistencia estatal para sostener ingresos y empresas.
La octava: junio de 2022 a marzo de 2024. Comenzó con Alberto Fernández, durante la gestión de Martín Guzmán, y atravesó las administraciones de Silvina Batakis y Sergio Massa. La renuncia de Guzmán en julio de 2022 abrió una crisis política y cambiaria. En 2023, la sequía redujo drásticamente las exportaciones agrícolas y agravó la escasez de dólares. La inflación se aceleró y la economía volvió a contraerse.
La recesión continuó con Javier Milei y Luis Caputo desde diciembre de 2023. La devaluación inicial, la eliminación de subsidios y el ajuste fiscal profundizaron la caída del consumo, la construcción y la industria. El PBI acumuló una contracción del 6,8%. La recuperación comenzó durante 2024.
Si se confirmara el dato recesivo entre el segundo y el tercer trimestre de 2026, que sería el segundo proceso de este tipo durante el actual gobierno, Javier Milei podría defenderse afirmando que hubo jefes de Estado peores. Como Cristina Fernández de Kirchner, que tuvo tres. Algo es algo, en materia de consuelos.
Claros ganadores y perdedores
En agosto, la economía argentina mostró una marcada diferencia entre sectores. De las 15 actividades relevadas, solamente cinco crecieron y diez retrocedieron respecto de agosto de 2025. Los sectores ganadores estuvieron encabezados por la explotación de minas y canteras, con un crecimiento interanual del 11,1%, impulsado por la actividad energética y minera.
Le siguieron electricidad, gas y agua, con un avance del 4,3%; hoteles y restaurantes, con el 3,1%; servicios sociales y de salud, con el 0,6%; y actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, con el 0,4%.
Entre los tres primeros aportaron 0,6 puntos porcentuales a la variación del índice. Del otro lado, la caída más pronunciada fue la de la pesca, con un desplome del 15,7%. Retrocedieron también la intermediación financiera, con una baja del 3,8%; el comercio, con el 3,5%; la industria manufacturera, con el 3,2%; el transporte y las comunicaciones, con el 2,9%; y la construcción, con el 2,5%. La actividad agropecuaria cayó un 1%.
Pegar los datos con chicle