
El accidente cerebrovascular es una de las principales causas de discapacidad en adultos. La hipertensión arterial, el tabaquismo, la diabetes y el sedentarismo están entre los factores de riesgo. Reconocer los síntomas y recibir atención médica urgente puede reducir las secuelas.
Sábado 24 de Octubre de 2026 - Actualizada a las: 11:12hs. del 24-10-2026
Cada 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), una fecha destinada a concientizar sobre la prevención y la detección temprana de esta emergencia médica.
En Argentina, las estimaciones incluidas en las fuentes consultadas indican que una persona puede sufrir un ACV cada 15 a 20 minutos y que hasta el 80% de los casos podría prevenirse mediante el control de los factores de riesgo. El evento ocurre cuando se interrumpe el flujo de sangre hacia una parte del cerebro o se rompe un vaso sanguíneo, y requiere atención inmediata.
El ACV puede provocar secuelas graves y permanentes. Por eso, reconocer sus primeras manifestaciones es fundamental: los síntomas suelen aparecer de manera repentina y no siempre se presentan todos al mismo tiempo.
Las señales de alerta que no hay que ignorar
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en la cara, un brazo o una pierna, especialmente de un solo lado del cuerpo. También puede aparecer una sonrisa torcida o una parte del rostro caída.
Otra señal es la dificultad para hablar o comprender lo que dicen otras personas. El lenguaje puede volverse confuso, las palabras pueden salir con dificultad o la persona puede no lograr expresarse con claridad.
A estos signos se suman los cambios repentinos en la visión, la pérdida del equilibrio, los mareos intensos y las dificultades para caminar. Un dolor de cabeza muy fuerte, de aparición brusca y sin causa aparente, también puede ser una señal de alarma, especialmente si se acompaña de otros síntomas neurológicos.
Ante cualquiera de estas manifestaciones, se debe solicitar asistencia médica de emergencia. No hay que esperar a que los síntomas desaparezcan, ni trasladar a la persona por sus propios medios si se sospecha un ACV.
Cómo reconocer un ACV en pocos segundos
Una forma sencilla de recordar los síntomas es el protocolo R.Á.P.I.D.O., que reúne las principales señales de alerta:
Rostro: pedirle a la persona que sonría y observar si un lado de la cara cae.
Alteración del equilibrio: detectar si pierde estabilidad o tiene dificultades para caminar.
Pérdida de fuerza: comprobar si puede levantar y sostener ambos brazos.
Impedimento visual: prestar atención a cualquier cambio repentino en la visión.
Dificultad para hablar: escuchar si habla de manera extraña o no comprende lo que se le dice.
Obtener ayuda: llamar de inmediato al servicio de emergencias.
También existe la regla HABRASO, que resume tres señales: habla alterada, brazo débil y sonrisa torcida.
Qué hacer ante la sospecha de un ACV
El tiempo es determinante para el tratamiento. Ante la aparición repentina de síntomas, hay que llamar a emergencias, registrar la hora en que comenzaron o cuándo se vio a la persona por última vez sin síntomas y seguir las indicaciones del personal sanitario.
No se debe administrar aspirina, ni otros medicamentos por cuenta propia, porque primero es necesario determinar mediante estudios si el ACV es isquémico o hemorrágico. Tampoco hay que ofrecer alimentos o bebidas, ya que puede existir dificultad para tragar.
Incluso si los síntomas desaparecen en pocos minutos, es necesario acudir a una guardia de inmediato. Podría tratarse de un ataque isquémico transitorio (AIT), un episodio que puede anticipar un ACV de mayor gravedad.
Qué dicen las estadísticas sobre el ACV en Argentina
71% de los casos: corresponde a ACV isquémicos en una de las series hospitalarias citadas. El 29% restante corresponde a eventos hemorrágicos.
8,4% de mortalidad intrahospitalaria: es la tasa reportada por el Registro Nacional de ACV ReNACer, que incluyó 2.678 pacientes de 74 centros.
2,5% de mortalidad hospitalaria: fue la registrada en una investigación realizada en FLENI sobre 1.514 pacientes internados.
Menos del 1%: es la proporción de pacientes con infarto cerebral que, según los datos recopilados, recibía trombólisis endovenosa en el país.
Los factores de riesgo que se pueden controlar
La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo del ACV. También influyen la diabetes, el tabaquismo, el colesterol elevado, el consumo excesivo de alcohol, la obesidad, el sedentarismo y algunas enfermedades cardíacas, como la fibrilación auricular.
El control de la presión arterial, el seguimiento de las enfermedades crónicas, la actividad física y la adopción de hábitos saludables forman parte de las medidas de prevención.
Incorporá este apartado después de la sección “Las cinco señales de alerta de un ACV” y antes de explicar cómo reconocerlo y pedir ayuda. Así, la nota mantiene el orden informativo y suma una explicación sobre los dos tipos de accidente cerebrovascular.
ACV isquémico y hemorrágico: cuáles son las diferencias
Aunque ambos tipos de accidente cerebrovascular pueden provocar síntomas similares, se originan por mecanismos diferentes. El ACV isquémico ocurre cuando una arteria cerebral se obstruye y la sangre deja de llegar correctamente a una zona del cerebro. El ACV hemorrágico, en cambio, se produce cuando se rompe un vaso sanguíneo y la sangre se derrama dentro del cerebro o en el espacio que lo rodea.
ACV isquémico: cuando se obstruye una arteria
Es el tipo más frecuente. La obstrucción puede deberse a un coágulo que se forma en una arteria afectada por placas de aterosclerosis o a un émbolo que llega desde otra parte del cuerpo, por ejemplo, desde el corazón en personas con fibrilación auricular.
La interrupción del flujo sanguíneo priva a las neuronas de oxígeno y nutrientes. Por eso, la rapidez de la atención resulta fundamental para intentar recuperar el flujo y reducir el daño cerebral.
ACV hemorrágico: cuando se rompe un vaso sanguíneo
Se produce por la rotura de un vaso sanguíneo intracraneal. La sangre puede acumularse dentro del tejido cerebral o en el espacio subaracnoideo, que rodea al cerebro. Además de afectar la circulación, el sangrado puede comprimir las estructuras cercanas y aumentar la presión dentro del cráneo.
Entre sus posibles causas se encuentran la hipertensión arterial, los aneurismas y las malformaciones arteriovenosas.
¿Se pueden distinguir por los síntomas?
No de manera definitiva. Tanto el ACV isquémico como el hemorrágico pueden provocar debilidad de un lado del cuerpo, dificultades para hablar, alteraciones visuales y problemas de equilibrio.
Un dolor de cabeza repentino y extremadamente intenso puede orientar hacia una hemorragia, pero no permite confirmar el diagnóstico. Para determinar qué tipo de ACV ocurrió, es necesario realizar estudios de imágenes, como una tomografía computada o una resonancia magnética.
El diagnóstico define el tratamiento
Los tratamientos no son iguales. En determinados casos de ACV isquémico, los equipos médicos pueden utilizar medicamentos para disolver el coágulo o realizar una trombectomía mecánica para retirarlo. Estas opciones dependen del tiempo transcurrido, los resultados de las imágenes y las condiciones de cada paciente.
En el ACV hemorrágico, el tratamiento se orienta a controlar el sangrado y la presión arterial, reducir las complicaciones y evaluar si se necesita una intervención neuroquirúrgica o endovascular.