
Hernán Encina fue ídolo en el Canalla, compartió vestuario con un joven Paulo Dybala en Instituto y ganó dos ascensos. Después del retiro volvió a su barrio, Las Flores, y trabaja en la construcción junto a su padre: “Es el oficio que me enseñó mi viejo y lo hago con gusto”.
Hernán Encina fue ídolo en el Canalla, compartió vestuario con un joven Paulo Dybala en Instituto y ganó dos ascensos. Después del retiro volvió a su barrio, Las Flores, y trabaja en la construcción junto a su padre: “Es el oficio que me enseñó mi viejo y lo hago con gusto”.
En Instituto compartió vestuario con un pibe que años después sería campeón del mundo: Paulo Dybala. En Rosario Central fue ídolo y ayudó a devolver al club a Primera. Pasó por Godoy Cruz, Colón, Gimnasia y Talleres, y jugó en México y en Ecuador. Hoy, Hernán Sapito Encina se levanta temprano para trabajar en la contrucción junto a su papá. “Hoy estoy con mi viejo trabajando de albañil. No se me van a caer los brazos por decirlo, no tengo vergüenza”, contó.
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Encina debutó en la Primera División de Rosario Central en 2001, el club con el que quedó identificado para siempre. En 2007 se fue a México, donde jugó en Tecos y Atlas, y a la vuelta pasó por Colón y por Godoy Cruz, donde fue una de las figuras del Tomba. Después llegaron Barcelona de Ecuador y Gimnasia y Esgrima La Plata.
En la temporada 2011/12 llegó a Instituto de Córdoba. En ese plantel brillaba un juvenil que después se convertiría en figura de la Juventus y en campeón del mundo con la Selección Argentina en Qatar 2022: Paulo Dybala. Encina fue uno de los experimentados de aquel equipo de la Gloria en el que la Joya dio sus primeros pasos como profesional.
En 2012 volvió a Rosario Central para ayudar al equipo a salir de la B Nacional, y lo logró: el Canalla fue campeón de la temporada 2012/13 y regresó a Primera. Tres años después repitió la historia con Talleres, campeón de la B Nacional en 2016. Además jugó en Olimpo, Independiente Rivadavia y Guaraní Antonio Franco, su último club.
Después del retiro volvió al barrio. Hoy trabaja de albañil con su padre. “Es el oficio que me enseñó mi viejo y lo hago con gusto”, explicó. También desmitificó la idea de que todos los que llegan a Primera quedan resueltos para siempre: “La diferencia la hacen pocos”.
Los fines de semana sigue jugando, pero con amigos: forma parte de “Los de Siempre”, un equipo de veteranos con amigos de la infancia como César “Chelito” Delgado, otro ex jugador surgido en Las Flores. Además colabora con chicos de la zona para alejarlos de la calle. “Siempre extrañé el barrio y disfrutar con amigos”, resumió.
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