
El legendario artista tuvo una relación más que compleja con Stanley, su padre, pero encontró en el club de sus amores un punto en común que, años después, sería clave para reencausar su vida y salir del pozo de las adicciones y los excesos.
El legendario artista tuvo una relación más que compleja con Stanley, su padre, pero encontró en el club de sus amores un punto en común que, años después, sería clave para reencausar su vida y salir del pozo de las adicciones y los excesos.
Si bien la vida de Elton John suele tener en el centro de la escena su gran talento como músico, sus inolvidables canciones escritas con su socio Bernie Taupin o su histrionismo a la hora de estar sobre un escenario, lo cierto es que su vida podría haber sido muy distinta de no ser por… Watford FC. Es que aquel humilde club de Vicarage Road -que hoy milita en el Championship- no sólo sirvió para que el músico tienda un puente en una compleja relación con su padre, Stanley Dwight, sino también para salvarle la vida en el peor momento de sus adicciones.
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Antes de Elton Hercules John (sí, leyeron bien ese segundo nombre) existió Reginald Kenneth Dwight, un joven nacido en Pinner, en las afueras de Londres, que intentaba construir una relación con un padre distante. En su autobiografía “Me”, Elton describe a su padre Stanley como alguien que por su labor militar solía estar lejos de casa y con quien no tenía demasiado en común. El exmiembro de la Real Fuerza Aérea Británica solía estar apostado en diferentes bases, por lo que la crianza del pequeño Reggie quedó a cargo de su madre, Sheila, y su abuela materna, Ivy.
Para Reggie, Watford terminó siendo ese nexo con un padre distante, uno que incluso, a pesar de tocar la trompeta, intentó convencerlo de no perseguir una carrera como músico y de ganarse la vida de “una manera más convencional”. El propio músico recuerda las tardes en Vicarage Road, el estadio de Watford, cuando tenía seis años e iba a los partidos con su padre, cuando Watford no era el club que es hoy.
El equipo de Hertfordshire lejos estaba de ser uno que pueda despertar pasiones positivas en sus hinchas, pero para Elton la magia estaba ahí, entre las tribunas viejas y los resultados adversos: “Lo amé de inmediato. La emoción de ver deportes en vivo por primera vez, de subirme al tren hasta Watford y caminar por el pueblo hasta el estadio, los vendedores de diarios que aparecían en el entretiempo y te decían los resultados de otros partidos, el ritual de siempre sentarse en el mismo lugar, en el área al lado de la tribuna Shrodells llamado The Bend. Era como tomar una droga a la que inmediatamente te volvías adicto”.
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El tiempo pasó y la vida de Elton John giró hacia la música… pero Watford siempre estuvo ahí. El club acumulaba decepciones mientras la carrera de Elton crecía, e incluso llegó a descender a la Cuarta División inglesa. Y fue allí, en 1976, cuando un Elton John sumido en los excesos dijo “basta” y aceptó la oferta del dueño del club, Jim Bonser, de venderle la institución. La idea de adquirir el club rondaba por su cabeza desde hacía dos años, cuando se enteró a través de un periodista acerca de los problemas financieros que atravesaba su amado equipo. Así, el pequeño Reggie convertido en Elton adquirió al club y asumió un compromiso: ascenderlo por primera vez a la Premier League.
Para el músico, a pesar de su carrera y de sus excesos, Watford siempre estaba ahí. Lejos de ser un dueño “simbólico”, una de las primeras decisiones que tomó fue la de echar al entrenador Mike Keen y contratar a Graham Taylor. ¿El resultado? Tres ascensos al hilo con un equipo que brillaba y alcanzó la Premier League, para un año después disputar la Copa UEFA por terminar segundo y que, en 1984, llegó a la final de la FA Cup ante Everton, con una derrota por 2-0.
Curiosamente, a pesar de su ya gran caudal de éxitos musicales para esa época y de su gran labor como presidente de Watford, la prensa elegía hablar de Elton John por otros motivos: los excesos y su decisión de declararse abiertamente bisexual, algo que fue tapa de la revista Rolling Stone el mismo año en que compró el club. Pero al pianista no le importaba: Watford seguía siendo un refugio.
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“Amaba ir al club, porque todo sobre éste era diferente al mundo de la música que habitualmente habitaba. No había glamour, lujos, limusinas ni Starship (el nombre con el que bautizó a su avión personal). Te subías al tren hacia Grimsby con los demás jugadores, mirabas el partido, escuchabas como los rivales cantaban acerca de tu incesante deseo de ser penetrado por el c… y después te ibas a casa, otra vez en el tren”, contó el cantante en su libro.
Incluso los jugadores y el staff trataban a Elton como si fuese “uno más” y no una figura mundial de la música, como también lo recordó: “Los jugadores y el cuerpo técnico eran respetuosos, amigables, pero no estaban interesados en masajear mi ego. Alegremente me decían cuando no les gustaban mis nuevos discos o si creían que el tapado que estaba usando ese día me quedaba ridículo”.
Ese golpe al ego fue necesario para el músico. Las adicciones lo atormentaban y, si bien tomaba nota de no hacer escándalos en su rol como dueño del club, rompió esa regla personal una vez, algo que le generó un llamado de atención más que necesario… de Graham Taylor.
“Llegué a un partido de Boxing Day con resaca después de una monstruosa noche de cocaína e inmediatamente empecé a tomar whisky en la sala de la Comisión Directiva. Al día siguiente, recibí un reto de esos que nadie tenía las agallas para darme: ‘¿Qué mie… pensás que estás haciendo? Te estás decepcionando a vos mismo y estás decepcionando al club’. El hombre que me retó fue Graham Taylor”, escribió en “Me”.
Los años corrieron, los buenos resultados deportivos no lograron traducirse en títulos, pero el legado de Elton John en Watford era innegable. Eventualmente, Taylor dejó el club y la magia pareció desaparecer. Los resultados no se dieron, Watford regresó al Championship y, en 1990, Elton John decidió vender el equipo para centrarse en su carrera musical. Siete años después, compraría acciones de nuevo y regresaría con Taylor al club hasta 2002, cuando volvió a venderlo pero fue nombrado Presidente Honorario de por vida. Al día de hoy, una de las tribunas de Vicarage Road porta su nombre.
Si bien no logró títulos, el impacto de Watford en la vida de Elton John fue innegable, desde ser aquel puente con su padre Stanley, hasta el reto de Taylor que lo obligó a reordenar su vida. Así, para el cantante que supo regalarnos “Alguien salvó mi vida esta noche”, ese salvador fue el club de sus amores: “Le debo más a Watford de lo que Watford me debe a mi. Fui presidente durante el peor período de mi vida: años de adicciones e infelicidad, relaciones rotas, malos negocios, juicios, escándalos… A través de todo eso, Watford fue una constante fuente de alegría para mi. Cuando sentía que no tenía amor en mi vida personal, sabía que lo tenía en el club y sus fanáticos. Si no hubiese tenido al club, Dios sabe lo que me hubiese pasado. No exagero cuando digo que Watford podría haberme salvado la vida”.
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