
La semana pasada el buque en construcción se movilizó unos metros producto de la corriente y la creciente. Ya había pasado lo mismo en 2018.
La semana pasada el buque en construcción se movilizó unos metros producto de la corriente y la creciente. Ya había pasado lo mismo en 2018.
El fin de semana del 18 y 19 de octubre el Uros-Z quedó a la deriva, por los efectos de la creciente y la corriente que determinó su liberación de la zona en la que estaba amarrado.
La crecida, empujada por el fenómeno de El Niño, rompió los cabos que lo sujetaban en el Astillero Corrientes S.A. y lo lanzó a la deriva. Sin tripulación, sin propulsión, sin luces, sin boyas. Una mole de hierro de 107 metros de eslora, 14,5 metros de manga y 6,70 metros de puntal, navegando sola casi dos kilómetros río abajo, hasta quedar varada frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros.
Ahí quedó, en una zona de habitual tránsito para pescadores y embarcaciones menores. Un obstáculo invisible de noche, sin ninguna señalización que advierta a quien viene navegando.
No era la primera vez. En 2018, otra creciente ya lo había arrancado de su lugar y lo había hecho navegar a la deriva más de 50 kilómetros aguas abajo, hasta varar en cercanías del riacho Virá Pitá, en territorio santafesino. Ahora los pronósticos dicen que el río podría crecer un metro más, y el riesgo de un nuevo desplazamiento es inminente.
El Uros-Z no es un barco cualquiera. Nunca llegó a navegar como se había proyectado. Su construcción comenzó a principios de la década de 1990, diseñado como un buque tanque químico con bodegas de acero inoxidable. La empresa que lo encargó entró en concurso de acreedores y cedió la nave al Estado nacional como parte de pago de sus deudas. Desde entonces quedó en un limbo: sin matrícula oficial porque quedó inconcluso, sin que esté claro qué organismo tiene hoy la responsabilidad sobre la embarcación.
En 2000, el astillero firmó un acuerdo con el Ministerio de Economía que establecía un plazo máximo de 60 días para retirarlo. El traslado nunca se concretó.
Y ahí aparece la otra historia, la que explica por qué este casco varado duele tanto en Corrientes.
Como recuerda el Dr. Horacio Gutnisky, profesor fundador de la cátedra de Derecho de la Navegación de la UNNE, Argentina tenía una importante industria naval que construía para el exterior. Astilleros Corrientes era una demostración. Construyó dos plataformas de exploración submarina para Estados Unidos en competencia internacional y contrató con empresas de México la construcción de dos buques petroleros de 110 metros de eslora, de navegación fluvio-marítimo.
Uno se entregó en tiempo y forma. El segundo se paralizó la construcción, pues el comitente entró en proceso de quiebra en México y quedó a medio construir. Ese es el buque que hoy es noticia.
Es decir: el Uros-Z no es solo un peligro para la navegación. Es el símbolo de una industria que supo construir para el mundo y que quedó a mitad de camino.
Por eso Gutnisky advierte que es un error creer que la solución al alto costo argentino del transporte fluvial está en autorizar que terceras banderas realicen el transporte entre puertos argentinos, modificando la legislación vigente. La solución está en bajar el costo argentino y no cerrar una fuente de trabajo como es el de las tripulaciones. Las terceras banderas, en este caso Paraguay, tripularán sus buques con sus connacionales.
Mientras tanto, el ambientalista Luis Martínez ya reclamó la intervención de las autoridades para que Prefectura pueda asegurar el Uros-Z y evitar posibles accidentes.
El barco fantasma sigue ahí, varado frente a Corrientes, esperando que alguien decida qué hacer con él. Como esperando que el país decida qué hacer con su río, con su industria naval y con su propia bandera.
Tapa del Martes 27 de Octubre de 2026