
El trabajo desarrollado por el becario Joaquín Ríos Mellone se denomina "Modelado computacional del escurrimiento superficial de agua en cascos urbanos" y es llevado adelante con respaldo de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE.
El trabajo desarrollado por el becario Joaquín Ríos Mellone se denomina "Modelado computacional del escurrimiento superficial de agua en cascos urbanos" y es llevado adelante con respaldo de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE.
Un modelo computacional de la Facultad de Ingeniería de la UNNE permite simular cómo corre el agua de lluvia por las calles de Resistencia, Chaco, con un margen de error de apenas 1,5 centímetros. El resultado se obtuvo al comparar los cálculos con las mediciones de siete tormentas registradas en 2007 en la ciudad. El objetivo es avanzar hacia una herramienta que permita anticipar qué calles podrían anegarse durante lluvias intensas.
El trabajo, titulado "Modelado computacional del escurrimiento superficial de agua en cascos urbanos", fue realizado por Joaquín Ríos Mellone, estudiante de quinto año de Ingeniería Civil e integrante del Laboratorio de Mecánica Computacional (LAMEC). La investigación se desarrolló mediante una Beca de Pregrado de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE, bajo la dirección de los doctores Javier Luis Mroginski y Hugo Guillermo Castro.
Resistencia está ubicada sobre el valle de inundación del río Paraná, en una llanura con muy pocas diferencias de altura. En esas condiciones, unos pocos centímetros pueden determinar hacia dónde corre el agua y dónde se acumula. Por eso, conocer con precisión las características del terreno es fundamental para anticipar anegamientos.
"Para anticipar las zonas que se inundan, intentamos confeccionar un modelo que siga el agua sobre el terreno cuadra por cuadra", explicó Ríos Mellone. La herramienta calcula qué altura alcanza el agua en cada lugar y a qué velocidad se desplaza durante una lluvia.
Para realizar las simulaciones, el equipo utiliza ANUGA, un programa gratuito que representa el movimiento del agua sobre el suelo. El sistema divide el terreno en pequeñas áreas y calcula cómo se desplaza el agua a medida que avanza la tormenta. Los investigadores también incorporaron funciones para representar cómo las bocas de tormenta captan el agua de las calles y la conducen hacia los desagües.
La zona estudiada y sus límites
El análisis abarcó unas cinco hectáreas en una zona de la calle San Lorenzo, en Resistencia. Allí, el Departamento de Hidráulica de la Facultad contaba con mediciones detalladas de las alturas del terreno y registros de siete tormentas de 2007. Esa información permitió comparar los resultados de las simulaciones con las alturas de agua registradas durante las lluvias.
Las tormentas analizadas fueron habituales, no extremas. "Sabemos que esas tormentas reproducen correctamente el fenómeno, así que podemos predecir que van a ser simuladas correctamente también", señaló el becario. Sin datos de lluvias más intensas, todavía no es posible asegurar el mismo nivel de precisión para esos eventos.
Entre las limitaciones, el sistema calcula cómo corre el agua por las calles y cuánto captan las bocas de tormenta, pero no sigue su recorrido por los conductos subterráneos. Esa etapa podrá incorporarse en futuras investigaciones.
Otro inconveniente es que los datos sobre las alturas del terreno tienen aproximadamente 20 años. "Datos actualizados son difíciles de conseguir, por lo menos no tuvimos acceso a ellos. Si tuviéramos un acceso más libre de esos datos, el trabajo sería más completo y preciso", afirmó Ríos Mellone.
El doctor Javier Mroginski destacó que esta tecnología podría servir para crear un sistema de alerta temprana que permita anticipar qué calles podrían anegarse ante lluvias intensas. También, ayudaría a planificar y diseñar los desagües pluviales de las ciudades.
En zonas rurales podría utilizarse para conocer hacia dónde corre el agua, a qué velocidad se desplaza y cuánto material arrastra. Para obtener resultados confiables es necesario contar con información sobre el suelo, su capacidad para absorber el agua y los registros de precipitaciones.
Mroginski informó que se presentarán junto con Ríos Mellone a una convocatoria de becas de iniciación del CONICET, con el propósito de que el estudiante continúe su formación mediante un doctorado.
Una nueva etapa en la Cuenca Cisterna
El próximo paso será evaluar el funcionamiento de la herramienta ante tormentas extremas sin registros previos. Además, Ríos Mellone la utilizará en su trabajo final de carrera junto con su compañero Martín Amadei, bajo la tutoría del ingeniero Alejandro Ruberto.
El estudio se realizará en la Cuenca Cisterna, en Resistencia, que abarca entre 40 y 50 hectáreas, casi diez veces más que la superficie analizada hasta ahora. El Departamento de Hidráulica estudia esa zona desde 2007. "La idea es utilizar el modelo para ver cuál es el efecto que produce el avance de la urbanización sobre el escurrimiento superficial", explicó Ríos Mellone.