
A 12 años de su creación legal, el área protegida chaqueña destaca por el regreso de especies clave como el yaguareté y la nutria gigante, impulsando un modelo de desarrollo basado en el turismo sustentable que involucra a más de 70 familias rurales.
A 12 años de su creación legal, el área protegida chaqueña destaca por el regreso de especies clave como el yaguareté y la nutria gigante, impulsando un modelo de desarrollo basado en el turismo sustentable que involucra a más de 70 familias rurales.
Conservación, rewilding y biodiversidad en el monte
El área protegida representa un bastión fundamental para la recuperación de la fauna nativa y la protección del ecosistema.
Gracias a las políticas de conservación, regresaron al monte el yaguareté, la nutria gigante, el tapir, los guanacos y las tortugas yabotí.
El parque resguarda 128 mil hectáreas de bosques compuestos por ejemplares de quebrachos, palo santo y algarrobos, además de pastizales y bañados que albergan al aguará guazú y al oso hormiguero.
El territorio fue instituido formalmente a través de la Ley Nacional N.º 26.996, sancionada el 22 de octubre de 2014.
Impacto en las economías regionales y el turismo
La consolidación del destino durante sus cinco años de apertura turística generó un fuerte impacto socioeconómico.
Unas 72 familias de parajes rurales participan en el sector turístico y gastronómico, comercializando artesanías y productos regionales con valor agregado como alfajores de harina de algarroba, dulces y licores.
La actividad tracciona ingresos genuinos que benefician de forma directa a las comunidades de Miraflores y Juan José Castelli.
Quienes recorren el área disponen de opciones de alojamiento, senderismo, excursiones en kayak guiadas por pobladores locales y experiencias de avistaje de vida silvestre.