
Sin Vera y con Moreno entre algodones, el DT evalúa cómo rodear al juvenil Silva en el eje del campo para evitar que Paredes y Ascacibar manopólicen la pelota en La Boca.
Sin Vera y con Moreno entre algodones, el DT evalúa cómo rodear al juvenil Silva en el eje del campo para evitar que Paredes y Ascacibar manopólicen la pelota en La Boca.
Leonardo Ponzio, DT de River, en el Camp (Prensa River).
El mediocampo es el motor de un equipo de fútbol. El que marca los tiempos, aceleraciones, pausas, distribución y -fundamentalmente- la potencia que transmite robustez en la base (la defensa) y la explosión en los metros finales para llegar a la meta del gol. En esta analogía, River anda con las bujías empastadas y un par de cilindros averiados, mientras que Boca llega a la recta final del Clausura y de la temporada con la inyección (anímica y futbolística) aceitada y con el acelerador a fondo con el turbo encendido.
Con Fausto Vera desgarrado y Aníbal Moreno con una sobrecarga en el gemelo derecho más la molesta lesión en la zona lumbar (protusión discal) que volvió a sentir el domingo ante Racing, apenas siete días después de regresar a la competencia ante Belgrano tras una larga inactividad, Leonardo Ponzio afronta la obligación de rectificar el motor de su equipo en el tramo final de la carrera hacia los playoffs del torneo y la clasificación a la Libertadores 2027 por la tabla anual.
Aníbal Moreno, volante central de River (Prensa River).
Pocas variantes en un puesto crucial
Las herramientas que tiene el León para solucionar este problema técnico y que el equipo no se quede sin nafta en la Bombonera son limitadas. Porque la presencia de Moreno depende de una recuperación nada sencilla y el juvenil Lucas Silva, que reemplazó al #6 a los 16’ vs. Racing es el único volante central natural: que el uruguayo Arambarri no es un cinco clásico sino más bien dinámico -y desordenado-, que Ponzio utilizó solamente 94’ en cuatros partidos diferentes desde el banco. Y no volvió a jugar desde la derrota frente a Huracán en el Monumental, cuando hasta fue reprobado por los hinchas.
Lucas Silva, el pibe de 19 que entró por Moreno ante Racing (Prensa River).
Ponzio debe buscar la alternativa más sólida y equilibrada para una batalla contra soldados repletos de medallas, jerarquía, energía, talento y capacidad de gol como el campeón del mundo y estrella de Boca, Leandro Paredes, y su ladero Santiago Ascacibar, quienes encima están rodeados por el despliegue, ubicación, criterio y buen pie de Milton Delgado más los volantes creativos Alan Velasco y el pibe Leonel Flores (o el demonio Sebastián Villa en lugar de uno de ellos). Un mediocampo rocoso, físico, áspero y con oficio en la marca; y también agresivo, vertical y profundo en la faceta ofensiva.
Acuña, la carta de jerarquía que espera pista
En este contexto, la alternativa de mayor garantía que tiene Ponzio para reforzar un mediocampo livianito para el roce es ubicar a Marcos Acuña en ese sector, sobre todo en la banda izquierda, el hábitat natural del lateral campeón del mundo que se formó como 10 en Ferro. Porque el Huevo es fuerte desde lo físico y mental y, a la vez, dúctil, criterioso e incisivo en ataque, ya sea por sus centros punzantes o por su pegada desde afuera del área. Características que puede fortalecer y liberar la creatividad de Tobías Andrada y Thiago Almada. Sin embargo, el zurdo que hoy cumple 35 años aún no tiene el alta médica de su golpe en el empeine y Tomás Galván siempre fue titular con el León.
Acuña, aún sin el alta médica, podría ser la sorpresa táctica de Ponzio en el Súper (Prensa River).
La innovación táctica en River que planteó Astrada de cara al superclásico