
La IA ha cambiado el trabajo de los programadores, que han pasado de crear código a supervisar el que generan los agentes
La IA ha cambiado el trabajo de los programadores, que han pasado de crear código a supervisar el que generan los agentes
En redes sociales, muchos han descrito una crisis de identidad y una pérdida de motivación profesional
Navegando por las redes sociales uno puede encontrarse con distintos testimonios de cómo la IA está impactando en el mercado laboral, sobre todo en ámbitos como el de la programación y la ingeniería de software. El testimonio de Juanjo Valiño en X deja constancia de una nueva capa en ese impacto de la que todavía no se había hablado públicamente: el impacto en la salud mental de aquellos que están más expuestos a la IA. "Nos hemos quedado sin identidad", sentenciaba Valiño.
Joseba Legarreta, otro usuario de X, contaba una situación similar, y ambas publicaciones se han llenado de profesionales que comparten sensaciones y experiencias similares. El miedo a perder el empleo ya pesaba como una losa, pero a esa presión se unen otras: sentir que "años de esfuerzo por aprender se han ido por el retrete".
Duele más lo que se pierde. La IA frena el acceso de los perfiles junior y asume tareas que antes servían de escalón formativo para quienes comenzaban su carrera laboral. Una publicación de Stanford, asegura que los programadores de 22 a 25 años acumulan descensos de empleo, pero quien conserva el puesto también sufre esa presión constante. Deedy Das, socio de la firma de capital de riesgo Menlo Ventures, contaba a Business Insider que la mayoría de los ingenieros sufre "una crisis de identidad que roza la depresión".
Investigadores de la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg aportan un enfoque más académico a esta nueva capa del problema de la IA, y plantean que el empleo da algo más que sueldo a estos ingenieros: les da una rutina, contacto social, estatus y sentimiento de colectivo.
Kahneman y Tversky describieron la aversión a las pérdidas y cómo perder algo pesa más que ganar lo mismo. Es decir, esa sensación de pérdida de control sobre el trabajo y de capacidades creativas, pesan mucho más que la aceleración de los proyectos que pueda aportar la IA. Años de oficio dedicado a la programación representa esa clase de posesión que se resisten a perder, aunque Valiño admite que lanzar funciones "con las que antes ni soñabas" es "dopamina por un tubo". Esa ganancia no compensa la pérdida.
Horas que no se recuperan. Por otro lado, lo que muchos desarrolladores comentaron hacían referencia a las "miles de horas de práctica" que "se han esfumado" en 18 meses. Aquí asoma otro importante factor psicológico: la falacia del coste hundido, la tendencia a aferrarse a lo ya invertido en términos de tiempo o esfuerzo. Hay precedentes en ese sentido.
Lee Sedol, campeón mundial de Go en 18 ocasiones, se retiró en 2019 después de caer ante AlphaGo. Aunque llegara a ser el número uno dijo que "hay una entidad que no puede ser derrotada". Esa entidad era la IA.
La historia de la evolución industrial también nos deja discursos similares. Los luditas de la Inglaterra de principios del siglo XIX por ejemplo, no se rebelaron contra la tecnología en sí misma, sino contra los procesos que rebajaban a cero el valor de sus años de aprendizaje profesional.
De autor a revisor. Una de las principales quejas de los ingenieros de software es su cambio de rol de pieza clave en el desarrollo de las aplicaciones a mero supervisor del código que genera la IA, aunque ese nuevo rol sea su tabla de salvación. Eso nos lleva hasta una tienda de muebles: el efecto IKEA.
Este planteamiento afirma que damos más valor a aquello que construimos nosotros mismos, aunque el resultado sea mediocre. Para los ingenieros de software, programar es una forma de construir algo propio con sus propias manos y mediante la aplicación de sus conocimientos. Ahora el agente escribe y el solo humano revisa, rompiendo ese sentimiento de pertenencia.
La IA como factor de desmotivación. Otro factor psicológico que se destila de los comentarios y respuesta de las dos publicaciones de X es que la llegada de la IA y el cambio de roles que ello implica está generando una desmotivación generalizada: "llevo 1 año desmotivado siendo niñera de Claude", aseguraban en esos hilos.
Una respuesta al hilo de Legarreta habla del vértigo de "no poder sentirse responsable 100% del resultado". Una investigación de la Universidad de Rochester aborda esa misma desconexión y sitúan a la autonomía de decisión y la competencia entre las necesidades psicológicas básicas para alcanzar esa motivación.
En Xataka | El problema no es que la IA vaya a destruir el mercado laboral: es que millones de empleados tendrán que aprender otro oficio
Imagen | Pexels (Cottonbro Studio)