
No quedan autos disponibles en Atlanta. Los pocos vuelos que están libres son carísimos. El domingo se juega la definición y muchos fanáticos están preparando la logísitca para estar presente ante España, pero no será sencillo. Mirá por qué.
No quedan autos disponibles en Atlanta. Los pocos vuelos que están libres son carísimos. El domingo se juega la definición y muchos fanáticos están preparando la logísitca para estar presente ante España, pero no será sencillo. Mirá por qué.
Los recuerdos quedan estacionados pero el Mundial transcurre a la velocidad de las autopistas. Quizás, incluso, más rápido que esas 70 millas por hora permitidas en Estados Unidos como máxima. Es por eso que los mismos hinchas que el miércoles por la noche celebraban en Atlanta la clasificación de la Argentina a la final amanecieron, de repente, en las oficinas de alquiler de coches del Aeropuerto Hartsfield Jackson: con vuelos prácticamente agotados desde la ciudad más importante de Georgia, la opción más segura es ir en auto hasta Nueva Jersey.
La misma imagen que se había visto en el edificio de renta-a-car de Kansas City se repitió en la terminal de la sede de las semifinales: mostradores abarrotados intentando conseguir alguna conexión aérea exótica -y carísima- por vía aérea o buscando tener un auto confortable para viajar en grupo (de hasta siete personas u ocho, para abaratar costos) en una van. El problema: la disponibilidad. Y es que Olé confirmó que las agencias más populares como ya no tenían coches disponibles a las 11 de la mañana. No quedaba ni un scooter.
Este problema es todavía mayor al que se vivió en Missouri, cuando hubo precios que, por alta demanda, habían llegado a los 200 dólares diarios para camionetas que pudieran trasladar a los argentinos. ¿Viajar por alguna aplicación de traslados metropolitanos? Prácticamente una utopía: casi todas derivan a sus propios servicios de alquiler de coches. Que, por caso, también están sold-out: un loop que genera más estrés que los partidos de este torneo. Es por eso que el traslado al MetLife y aledaños se ha convertido en una travesía complicadísima. Una odisea.
Asegurarse un coche, además, no alcanza: para llegar de Atlanta a Nueva York es necesario pasar por ocho de los 51 estados -Georgia, Carolina del Sur, Tennessee, Carolina del Norte, Virginia, Maryland, Delaware y Nueva Jersey- y viajar 14 horas, sin contar las paradas para cargar combustible -son 874 millas, como ir de Buenos Aires a Puerto Madryn o a Cataratas-, descansar, rotar el conductor de ser posible y comer. Un trayecto que no obstante gran cantidad de argentinos está dispuesto a hacer para poder ver a la Argentina en la final de esta Copa del Mundo frente a España.
Esa gran definición que, paradójicamente, tenía que jugarse en Lusail en marzo y que por cuestiones atribuibles al destino ahora será en las afueras de la Gran Manzana. Allí donde Lionel Messi buscará, una vez más, hacer historia con la Selección. Nadie quiere perderse ese evento histórico, esa segunda final del mundo consecutiva. El viaje todavía no terminó. Cómo hacerlo será cuestión de ingenio argento.
ATLANTA (ENVIADO ESPECIAL).
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