
El Bicho superó bajas sensibles, potenció juveniles del Semillero y sumó refuerzos clave para sostener una regularidad que hoy lo tiene en lo más alto. Eso sí, le falta coronar...
El Bicho superó bajas sensibles, potenció juveniles del Semillero y sumó refuerzos clave para sostener una regularidad que hoy lo tiene en lo más alto. Eso sí, le falta coronar...
La fórmula del Argentinos puntero.
Hace tiempo ya que Argentinos Juniors se consolidó como un equipo protagonista en el fútbol argentino. Un proyecto serio, campañas que ilusionan a toda La Paternal y la costumbre de estar siempre peleando por algo importante. El hincha se siente representado y ve plasmada en la cancha la idiosincrasia del club, pero hay algo que le sigue faltando: coronarlo con un título.
Y la oportunidad de saldar esa cuenta pendiente vuelve a estar sobre la mesa. En este tramo final del Clausura, el Bicho pasó una prueba de fuego ante Independiente Rivadavia, otro de los grandes animadores de los últimos campeonatos. Se quedó con tres puntos clave en el DAM y alcanzó a Boca en la cima de la tabla anual a dos fechas del final, con la ilusión latente de quedarse con el título de Campeón de Liga.
Pero detrás de este gran presente del conjunto de La Paternal hay una reconstrucción que comenzó a fines de 2024, cuando el club apostó por un hombre de la casa para salir del mal momento. Desde entonces, Nicolás Diez sostuvo una idea de juego clara mientras rearmaba el plantel entre salidas de peso, incorporaciones y apuestas por jugadores del Semillero. ¿Cuáles fueron las claves de esa renovación?
El cierre de 2024 había dejado a Argentinos lejos de las grandes aspiraciones - 23º en la Liga Profesional, afuera de la Sudamericana en la fase de grupos y de la Copa Argentina en octavos-. La salida de Pablo Guede -perdió 10 de 19 partidos- y los interinatos que siguieron, marcaban algo a lo que el equipo de La Paternal se había acostumbrado: la irregularidad.
En ese contexto, el presidente, Cristian Malaspina, apostó por un hombre de la casa para revertir ese presente: Nicolás Diez. Un técnico de poca experiencia, aunque con una larga trayectoria como ayudante de campo -fue segundo asistente de Jorge Sampaoli en la Selección de Chile y Argentina- y, además, con un sentido de pertenencia que era necesario para que el club recuperara un poco de la identidad que había perdido. Formado en el Semillero, tuvo su debut en Primera con la camiseta del Bicho en 1997, asumió el desafío de reconstruir al equipo para “trabajar con pasión”, según las palabras del propio DT.
El 2025 de Argentinos fue recuperar lo que había perdido. Y si bien aparece la cuenta pendiente de coronar esa levantada con una estrella -fue subcampeón de la Copa Argentina ante la Lepra mendocina y quedó eliminado en cuartos de final tanto en el Apertura como en el Clausura-, la realidad es que el equipo mantiene una regularidad envidiable en un fútbol argentino de poca paciencia y en el que lo que reina es, justamente, la falta de continuidad en los proyectos.
Ya en 2026, si bien arrancó el año con la dura eliminación en los playoffs para ingresar a la Copa Libertadores -cayó ante Barcelona de Ecuador por penales, uno de los déficits a corregir del Bicho-, realizo una buena campaña en el Apertura, que terminó en la semifinal ante Belgrano, en la que cayó nuevamente desde los 12 pasos.
Pero a pesar de esos golpes, si hay algo que identifica al equipo de Diez es justamente eso: la continuidad. Que logró sostener incluso en medio de las constantes renovaciones del plantel y las salidas de futbolistas importantes en los últimos mercados de pases.
La renovación de Argentinos
Una de las bajas más significativas que sufrió Diez en los últimos meses fue la de Diego Rodríguez, capitán y uno de los baluartes del equipo. El Ruso sufrió la rotura de los ligamentos cruzados a fines del año pasado y estuvo más de ocho meses afuera de las canchas, por lo que el Bicho tuvo que salir a buscar un arquero y encontró en Brayan Cortés un reemplazante que estuvo a la altura. El chileno se consolidó bajo los tres palos y hoy mantiene una de las vallas menos vencidas del torneo.
La línea defensiva también atravesó una renovación. Con la salida de Leandro Lozano a Boca, Franco Paredes, que llegó desde Independiente a principios de año, se asentó como lateral derecho. En la zaga central, la baja de Román Riquelme obligó a reacomodar las piezas, pero la vuelta de Franco Vázquez, repescado de Morón, y el gran nivel de Francisco Álvarez como sostén de toda la estructura, le permitieron al Bicho mantener la solidez defensiva.
Otra salida importante para la columna vertebral del Bicho fue la de Alan Lescano, transferido a Vasco da Gama en septiembre, una baja que profundizó la renovación de un mediocampo que también perdió a Federico Fattori. Ahí apareció un pibe del Semillero: Facundo Carrizo, de características similares a las del Pipa, aunque con menos rodaje en Primera División. Además, un experimentado Nicolás Oroz asumió un rol protagónico en la generación de juego y pasó a llevar la cinta de capitán. Kevin Gutierrez es otro de gran nivel, desempeñándose como volante central en lugar del ahora futbolista de Talleres.
El recambio también se hizo notar en ataque, donde, ante el bajón en el rendimiento de Hernán López Muñoz y Tomás Molina, aparecieron otras alternativas. Gastón Verón se convirtió en el goleador del equipo en el Clausura, con cinco tantos, mientras que Diego Porcel y Matías Giménez se afianzaron como habituales titulares.
Con un equipo que supo reinventarse sin perder su identidad, Argentinos llega a la recta final del Torneo Clausura nuevamente con la chance de consagrarse. Ahora, el desafío de Nicolás Diez y sus dirigidos será transformar todo ese recorrido en esa estrella que tanto anhelan. ¿Será la vencida?
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