
El sucesor de Pedro tiene la misión de confirmar a sus hermanos en la fe, lo que implica renovar el impulso misionero; de allí el lema «Bienvenidos todos, vayan y anuncien», cuya frase se centra en la palabra «todos».
El sucesor de Pedro tiene la misión de confirmar a sus hermanos en la fe, lo que implica renovar el impulso misionero; de allí el lema «Bienvenidos todos, vayan y anuncien», cuya frase se centra en la palabra «todos».
La visita del papa León XIV a la Argentina se percibe como un acontecimiento de gracia, cuyo lema episcopal y papal de su escudo es «In Illo uno unum» (del latín, que en español es «En Aquel que es Uno, somos uno»), y evoca el anhelo de unidad inscripto por Dios en el corazón humano, un anhelo también del pueblo argentino que, en el frontis de la catedral de Buenos Aires, esculpió el reencuentro de José y sus hermanos (Gn 45) como ideal de encuentro y cooperación entre los argentinos.
La historia argentina es una larga sucesión de dolorosas fracturas y desencuentros que la cultura popular llama habitualmente: «la grieta», grieta que es una herida que duele. En ese marco, la visita de aquel que se presentó en la Plaza de San Pedro augurando la paz del Resucitado es vista como una oportunidad para el reencuentro. Por eso desde el anuncio de la visita del Pontífice, la Conferencia Episcopal Argentina invitó a la comunidad católica a rezar pidiendo al Señor ser una «Nación hospitalaria», tal como se reza en la Oración oficial de preparación a la visita apostólica.
El Sucesor de Pedro tiene la misión de confirmar a sus hermanos en la fe (ver Evangelio de San Lucas capítulo 22 versículo 32), lo que implica renovar el impulso misionero. Así lo perciben los obispos argentinos que eligieron como texto inspirador para pensar la narrativa de la visita el número 16 de la primera Encíclica de León XIV sobre la Inteligencia Artificial, Magnifica humanitas (en español, Magnífica Humanidad). La Iglesia desea que toda la sociedad argentina escuche la voz del Sucesor de Pedro que invita a todos los hombres y mujeres a reconstruir Jerusalén incluyendo las piedras desechadas («los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños»), en ese tejido social que conforma una ciudad que pone «a Dios en el horizonte de nuestro actuar y al ser humano en el centro de nuestras decisiones». La Iglesia en la Argentina espera que la presencia del Papa renueve en ella la convocación a la misión, como expresa la oración preparatoria a la visita.
El lema está compuesto de dos frases, «Bienvenidos todos, vayan y anuncien», binomio que evoca la identidad cristiana enunciada por el Documento de Aparecida, Brasil, a través de otra dupla: «Discípulos misioneros». El centro del lema está en la palabra «todos». Todos son bienvenidos al encuentro, todos son enviados a anunciar el Evangelio.
Bienvenidos todos: la expresión remite al corazón hospitalario de Dios que ofrece una fiesta para todos los pueblos. Jesús, el Hijo de Dios, ha venido para ofrecer ese banquete a todos; en su vida y enseñanzas Él nos revela un Dios Padre con los brazos abiertos que recibe a todos los que se acercan. Jesús es la presencia hospitalaria de Dios en la historia: vengan a Mí todos los que están afligidos y agobiados y Yo los aliviaré (Mt 11,28); todos pueden acercarse con la certeza de que al que venga «a Mí Yo no lo rechazaré» (Jn 6,37). La expresión más cierta de esta invitación que Dios hace a acercarse a su amor la encontramos en la Cruz de Jesús, donde se evidencia que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos (Jn 15,13); Jesús entrega la vida libremente por amor a todos. Por eso la Cruz, en cuanto expresión del amor de Dios, es un punto de atracción para toda persona que tiene necesidad de sentirse amada.
Vayan y anuncien: la Iglesia en la Argentina desea renovar su respuesta al mandato misionero que Jesús hace a sus discípulos (Mc 16,15). La Iglesia se siente urgida por la voz del Resucitado a «salir a los cruces de los caminos e invitar a todos los que encuentren» (Mt 22,9) para que nadie quede fuera del banquete. La misión implica salir de sí mismos: la salida, el movimiento, es condición estructural de la proclamación del Evangelio. El Papa recuerda que «la Buena Nueva que estamos enviados a anunciar al mundo no es un ideal abstracto; es el Evangelio del amor fiel de Dios, encarnado en el rostro y en la vida de Jesucristo. La misión de los discípulos y de toda la Iglesia es la prolongación, en el Espíritu Santo, de la misión de Cristo; una misión que nace del amor, se vive en el amor y conduce al amor». Los miembros de la Iglesia son los discípulos misioneros que anuncian a Jesús siendo signos de la hospitalidad de Dios para una humanidad herida, «constructores de comunión (…) siervos del Reino que viene» a fin de «edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez más, en el corazón del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar» (MH 16).
«Las adicciones son un fenómeno complejo que pone de manifiesto el fracaso de un mundo deshumanizado», afirmó el papa León XIV en un encuentro promovido oportunamente por la Pontificia Comisión para América Latina sobre las situaciones de adicción en el continente, al referirse tanto a las drogas como a nuevas problemáticas como el juego compulsivo, las apuestas y la pornografía digital, y del sufrimiento profundo, especialmente de los jóvenes.
Destaca la necesidad de ofrecer respuestas integrales al problema, como una justicia con rostro humano y un acompañamiento pastoral sin pretender competir con las neurociencias, la psiquiatría o la salud pública. «Que la Iglesia sea la familia de todas las personas que se quedaron al margen del camino», y sostiene que «no hay mejor prevención contra las drogas que una buena familia», recordando su rol de «Iglesia doméstica» donde se cultiva y cuida la vida.