
Después de México 86, Diego volvió a la Bombonera para ver un Superclásico. Semanas después, desde la pretemporada del Napoli, dejó lejos la idea de volver al club: tardaría nueve años en hacerlo.
Después de México 86, Diego volvió a la Bombonera para ver un Superclásico. Semanas después, desde la pretemporada del Napoli, dejó lejos la idea de volver al club: tardaría nueve años en hacerlo.
Pocas semanas después de ganar el Mundial de México, Diego Armando Maradona volvió a la Bombonera, pero esa vuelta terminó con él corriendo hacia el túnel. Desde Italia, el campeón del mundo dejó lejos la idea de volver a jugar en Boca. Lo contó en una entrevista con El Gráfico, publicada el 12 de agosto de 1986, desde Lodrone, en los Alpes italianos, donde el Napoli hacía la pretemporada: “Es muy difícil volver”. Cuando le preguntaron por su sueño de jugar en el Xeneize con sus hermanos, respondió que le parecía “mucho más lejano”.
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En los días que pasó en Buenos Aires después de la Copa del Mundo, Maradona fue a la Bombonera para presenciar el Superclásico. Era su vuelta a la cancha del club en el que había salido campeón del Metropolitano 1981, antes de irse al Barcelona. Pero la visita duró poco: Diego saludó y se fue enseguida. Al día siguiente, los diarios dieron versiones distintas. “En un diario dijeron que yo estaba descompuesto, en otro que no había aceptado el reconocimiento de la hinchada de Boca”, recordó en El Gráfico.
Maradona dio su versión sin vueltas: “No señor, yo salí disparando de la cancha porque no sabemos organizar nada. Se lo dije al presidente y a los dirigentes de Boca. No puede ser que yo salga a la cancha y lo primero que me hagan es meterme un micrófono en la nariz”.
Y describió el momento: “La gente me empujaba, me apretaba, querían ellos saludar a la hinchada de Boca. Bueno, le hice un gesto de saludo a la hinchada y en cuanto tuve cinco metros pegué un pique para el túnel y me fui a la tribuna a ver el partido tranquilo”.
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La Bombonera no fue el único disgusto de esos días. El 10 de julio de 1986, Diego jugó para Belgrano un amistoso a beneficio contra Vélez en Córdoba, y después circuló que había cobrado 50.000 dólares. “Yo ese partido no lo quería jugar”, aseguró, y contó que aceptó porque lo convenció Jorge Cyterszpiler, su amigo de la infancia y primer representante.
El enojo fue tal que lanzó una promesa: “Ahora hice la cruz: nunca más juego un partido en Argentina, no muevo más un dedo. Si voy a Buenos Aires lo único que voy a hacer es estar en mi casa y no salir a jugar siquiera un picado”.
Con ese contexto, el periodista Bruno Passarelli le preguntó cómo pensaba combinar el cariño que sentía por la Argentina con tantas decepciones. La respuesta de Maradona fue: “Es muy difícil volver, aunque son muchas y muy importantes las cosas que me tira, pero creo que si el Turco se viene a jugar a Italia se me va a aclarar el panorama y vamos a poder reunir a la familia acá, en Nápoles”.
Entonces llegó la pregunta sobre Boca: “¿Y aquel sueño tuyo de jugar los tres hermanos en Boca?”. Diego, que acababa de llegar a la pretemporada de un Napoli que esa temporada ganaría su primer Scudetto, contestó: “No sé, me parece que va quedando mucho más lejano”.
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El sueño no se cumplió de inmediato. En 1993, cuando volvió al fútbol argentino tras su paso por el Sevilla, la puerta de Boca tampoco se abrió y terminó en Newell’s. La vuelta llegó recién en 1995, nueve años después de aquella entrevista: Maradona volvió a ponerse la camiseta azul y oro y jugó en Boca hasta su retiro, en 1997. La Bombonera de la que se había ido corriendo en 1986 fue la última casa de su carrera.
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