
La negligencia de los motociclistas convierte las calles en una verdadera ruleta rusa. Cruzan semáforos en rojo, circulan sin casco, miran el celular mientras conducen y hasta transitan de contramano.
La negligencia de los motociclistas convierte las calles en una verdadera ruleta rusa. Cruzan semáforos en rojo, circulan sin casco, miran el celular mientras conducen y hasta transitan de contramano. Pero la situación alcanza niveles alarmantes cuando trasladan a varios niños en una motocicleta.
Las calles se transformaron en escenarios de constantes situaciones de riesgo protagonizadas por motociclistas que parecen desconocer - o directamente ignorar - las normas más elementales de tránsito. Conductas irresponsables que no solamente ponen en juego sus propias vidas, sino también las de quienes viajan como acompañantes y las de terceros que circulan por la vía pública.
Cruzar un semáforo en rojo, conducir sin casco, mirar el celular mientras se maneja o ingresar de contramano son algunas de las infracciones que se repiten a diario. Acciones temerarias que convierten cada recorrido en una situación potencialmente trágica.
Sin embargo, hay una postal que genera todavía mayor preocupación: motocicletas que transportan a varios niños sin las condiciones mínimas de seguridad.
Los menores quedan expuestos a un peligro enorme. Sin protección adecuada por la irresponsabilidad de un adulto que, en muchos casos, parece no dimensionar el riesgo al que los somete. Una caída, una frenada brusca o una maniobra inesperada pueden terminar en una tragedia.
El problema no es solamente la falta de respeto por las señales de tránsito. Es una preocupante ausencia de conciencia sobre el valor de la vida propia y ajena.
La imprudencia no es una cuestión menor ni una simple infracción: puede convertirse en una sentencia de muerte. Y cuando quienes viajan son niños, la irresponsabilidad adquiere una dimensión todavía más grave.