
Adelia Harilaos de Olmos legó a la Santa Sede gran parte de su dinero y propiedades, como su palacio residencial.
Adelia Harilaos de Olmos legó a la Santa Sede gran parte de su dinero y propiedades, como su palacio residencial.
A mediados del siglo XX en Buenos Aires, la acaudalada aristócrata porteña Adelia Harilaos de Olmos fue nombrada por la Santa Sede como marquesa pontificia. Esto se debió a que transfirió la totalidad de su inmenso patrimonio inmobiliario y financiero a la Iglesia, luego de que una tragedia la llevara a heredar una fortuna.
Esta colosal donación incluyó el emblemático Palacio Fernández Anchorena de la avenida Alvear y múltiples estancias. Esta decisión consolidó su figura como la máxima benefactora del Vaticano en Argentina durante el siglo pasado.
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Tragedia, psicosis y fortuna: la historia de la Marquesa Pontificia
Adelia había nacido en 1865 en Buenos Aires y en octubre de 1902, Adelia contrajo matrimonio con Ambrosio Olmos, un influyente terrateniente y político cordobés que llegó a ser gobernador de la provincia. Fue una unión marcada por la diferencia de edad y el fasto de la élite de la época. Olmos quedó fascinado instantáneamente con la belleza de Adelia, que inicialmente resistía esa relación.
Sucede que un principio el amor entre ambos no era correspondido, Adelia no se sentía atraída hacia Olmos, quien, devastado, viajó a Francia y recibió una 'ayuda' de su futura suegra, Carolina Senillosa Boret. Esta inventó una excusa para que ambos viajaran a Europa, y finalmente Adelia Harilaos y el político se casaron en 1902.
Adelia sentía temor a los hombres, por lo que pidió a su sobrina, Lía Harilaos, que viva con ellos. La primera vez que la pareja estuvo sin acompañantes fue en un viaje a Córdoba, donde se establecieron en la estancia El Durazno. Esa noche, Harialos tuvo un brote psicótico que la marcaría para siempre.
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Sus delirios se agravaron cuando Ambrosio Olmos alquiló una quinta en Olivos, donde ella estaría aislada casi por completo. Finalmente, su esposo falleció el 30 de abril de 1906 a causa de una hemorragia estomacal, lo que dejaría a Adelia con un testamento que le dejaba toda la fortuna a su nombre.
Legados al Vaticano, obras benéficas y el título de marquesa pontificia
En un principio, Harilaos no se había enterado de la muerte de su marido. Un juez la declaró insana, por lo que su hermano, Horacio, quedó a cargo de su patrimonio. Incluso permaneció internada en un hospital psiquiátrico. No obstante, cuando recuperó la conciencia, pidió desesperadamente que la saquen de ahí y logró conseguir su herencia.
Adelia Harilaos redirigió sus recursos hacia la filantropía católica, con el financiamiento de la construcción de iglesias, asilos y colegios en distintos puntos del país. Por ejemplo, la marquesa mandó a construir la Iglesia de de las Esclavas, donde serían enterrados tanto ella como su marido.
Su cercanía con la jerarquía eclesiástica y su constante sostén económico a diversas congregaciones religiosas culminaron cuando en 1930, la iglesia a distinguió con el título nobiliario pontificio de marquesa pontifical, un reconocimiento reservado para figuras de excepcional servicio a la Iglesia.
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El punto culminante de su obra benéfica ocurrió cuando decidió ceder su residencia, el palacio Fernández Anchorena, y gran parte de sus bienes raíces al Vaticano, asegurando que su fortuna personal sirviera de manera perpetua a las misiones y obras de caridad eclesiásticas. Hoy en día, como bien se estipuló en su testamento, en el palacio funciona la Nunciatura Apostólica.