
Los dichos del mileista Hernández Maqueda sobre la radical Alejandra Ferrero desataron la ofensiva de cinco legisladoras del PJ. Agüero amplió el reclamo y llevó el debate más allá de la disputa partidaria, reabriendo la discusión sobre las reglas de convivencia política y la…
Los dichos del mileista Hernández Maqueda sobre la radical Alejandra Ferrero desataron la ofensiva de cinco legisladoras del PJ. Agüero amplió el reclamo y llevó el debate más allá de la disputa partidaria, reabriendo la discusión sobre las reglas de convivencia política y la perspectiva de género.
La guerra de carpetazos entre el PJ y la UCR entró en una fase de cierta distensión, pero antes sumó otro frente en la Unicameral. Esta vez, el fuego cruzado se trasladó al terreno de la perspectiva de género: cinco legisladoras oficialistas desplegaron una ofensiva contra el liberal mileista Gregorio Hernández Maqueda por entender que cosificó a la radical Alejandra Ferrero al intentar defenderla de los cuestionamientos políticos por el caso del asesor Omar Manuel Ludueña.
El detonante fueron las declaraciones del legislador, quien sostuvo que a la presidenta del bloque radical la atacan por ser «inteligente, valiente e independiente», pero también «por ser rubia y linda». Sin embargo, el cuestionamiento de las peronistas no se limitó a la referencia estética. También apuntaron contra la descalificación del peronismo cordobés como un espacio movilizado por un «alto resentimiento social y de clase, además de ser anti-estético y de pésimo gusto».
La contraofensiva se produjo en el tramo final de la sesión del jueves, que marcó el regreso al recinto después de más de un mes de parálisis legislativa. La disputa por los asesores detenidos o con antecedentes penales había concentrado el enfrentamiento entre el oficialismo y la UCR, con Ramón «Cañito» Flores y Ferrero entre los nombres bajo la lupa política.
En ese escenario, el PJ redobló la presión sobre Ferrero por la «doble vara» de la UCR ante el caso Ludueña, mientras la oposición denunció «persecución» y rechazó que se equipararan ambas situaciones. Pero los dichos de Hernández Maqueda abrieron una discusión paralela: las oficialistas cuestionaron tanto la cosificación de una mujer en política como el silencio de sus pares opositoras. En total, plantearon cinco cuestiones de privilegio contra el liberal, en una reacción en cadena que acentuó el embate contra el halcón opositor.
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La vicepresidenta de la Unicameral, Julieta Rinaldi, cuestionó que se redujera a Ferrero a sus atributos físicos y se banalizara una controversia institucional vinculada con una denuncia contra Ludueña por presunto abuso sexual.
«Se reduce una legisladora por su aspecto físico y se tribaliza un reclamo institucional que merece seriedad», reprochó. Para Rinaldi, presentar a la parlamentaria deloredista como blanco de ataques por ser rubia y linda instala un estereotipo que desplaza el debate sobre su actuación política.
También apuntó contra la descalificación socioeconómica del peronismo. «No es una crítica política, es jerarquizar a las personas por su apariencia y por su origen social», sostuvo.
De igual modo, advirtió que asociar al oficialismo con el resentimiento de clase implica descalificar a sus votantes y desconocer la voluntad popular. Además, cuestionó el tono paternalista de una defensa que, a su entender, terminaba menoscabando la autonomía de Ferrero.
Por su parte, Karen Acuña profundizó el planteo al señalar una contradicción entre las posiciones de Hernández Maqueda sobre las políticas de género y su argumento para respaldar a la radical.
«¿Quiénes bajo su juicio no somos rubias y bajo su estereotipo tampoco somos lindas? Eso es discriminación», disparó. Y agregó: «Para él el género es un curro cuando se trata de garantizar derechos, pero se convierte en una bandera y en un emblema cuando hay que defender a una aliada».
La oficialista también cuestionó el uso del resentimiento social para deslegitimar al adversario. «Habló de resentimiento social y de clase, justo él que no recorre ni un barrio de nuestra ciudad», lanzó.
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La legisladora Karina Bruno también rechazó las expresiones de Hernández Maqueda, pero fue más allá: puso el acento en las prácticas que, según denunció, buscan disciplinar a las mujeres que intervienen con firmeza en el recinto.
«Las conquistas de género no son concesiones de los hombres; son conquistas de derechos que se valieron de mucha lucha», remarcó. En esa línea, cuestionó una lógica que atribuye a los varones la potestad de juzgar la capacidad de las legisladoras mediante criterios estéticos o de supuesta superioridad moral.
«Si a alguna de nosotros se nos ocurre defender con vehemencia una posición, nos van a mandar a tomar un calmante como ya sucedió en esta cámara», advirtió la aliada del peronismo.
A su turno, Stella Maris Peralta cuestionó la carga clasista de los dichos del opositor alineado con el modelo Milei y advirtió sobre el silencio de las legisladoras opositoras frente a su mensaje en las redes.
«Calificar a una fuerza política y a su militancia como antiestética y de pésimo gusto, y movilizada por el sentimiento de clase no es una crítica política legítima, es una manifestación explícita de violencia discursiva, discriminación y desprecio clasista», sostuvo.
El reproche más directo hacia Ferrero llegó de Carmen Suárez, quien cuestionó que la radical no repudiara públicamente el episodio. «Las cosificaciones del debate político no se pueden permitir. Que a una colega de esta cámara se la pretenda victimizar argumentando que se la ataca o se la envidia por ser rubia y linda, provoca indignación», afirmó.
Suárez consideró que reducir la discusión política a un cliché estético constituye una forma de violencia simbólica que termina invalidando a la mujer a la que supuestamente se pretende defender.
No obstante, también apuntó contra la doble vara dentro de la oposición. «La moral no se divide según el lado del recinto en el que uno se siente», advirtió. El silencio opositor frente a las expresiones del mileista también quedó bajo cuestionamiento.
El debate no quedó circunscripto al enfrentamiento con el legislador del Partido Demócrata. Noelia Agüero, del Frente de Izquierda, extendió el reclamo a los legisladores hombres del PJ y al conjunto de la Cámara.
La dirigente rechazó los dichos del liberal, aunque advirtió que las prácticas machistas no son exclusivas de una fuerza política. Recordó descalificaciones que, según denunció, también sufrieron mujeres en el recinto: desde cuestionamientos por el tono de voz hasta expresiones que las comparaban con quienes «cacarean».
«Rechazo los dichos de Maqueda, pero también planteo una cuestión de privilegio contra los parlamentarios hombres del PJ», sostuvo. La intervención amplió el alcance político de la controversia: el reclamo dejó de apuntar exclusivamente contra un legislador opositor y puso bajo la lupa conductas que, según Agüero, atraviesan a distintos bloques.
La dirigente también exigió una respuesta institucional. «Por supuesto que no voy a guardar silencio frente a ningún acto de misoginia y tampoco de racismo, tampoco de xenofobia», resaltó. Además, demandó que su planteo se trate en comisión junto con «un protocolo de género que esta legislatura no tiene».
Las intervenciones dejaron expuesta una nueva dimensión del conflicto que atraviesa a la Unicameral. La ofensiva del PJ contra Ferrero por el caso Ludueña había reactivado la guerra de carpetazos con la UCR. Pero los dichos de Hernández Maqueda abrieron una disputa paralela sobre la cosificación de las mujeres, las descalificaciones clasistas y la responsabilidad de los legisladores frente a los discursos machistas.
En medio de la disputa por el caso Ludueña, la Unicameral sumó así otro frente de conflicto: los límites del debate político y el lugar de las mujeres en la política y en el ejercicio del poder.