
La jugada generó fuertes reclamos de los futbolistas de River y abrió una discusión sobre el criterio arbitral. Sin embargo, otras coberturas del encuentro ofrecieron una interpretación diferente sobre el contacto dentro del área.
La jugada generó fuertes reclamos de los futbolistas de River y abrió una discusión sobre el criterio arbitral. Sin embargo, otras coberturas del encuentro ofrecieron una interpretación diferente sobre el contacto dentro del área.
El agarrón de Lautaro Di Lollo a Nicolás Otamendi durante el Superclásico entre Boca y River fue una de las acciones más discutidas del partido. A los 29 minutos del segundo tiempo, durante un tiro de esquina, el defensor xeneize sujetó la camiseta del futbolista del Millonario y Nicolás Ramírez decidió no sancionar penal. La jugada tampoco derivó en una revisión en campo, luego de que Silvio Trucco, desde el VAR, no recomendara modificar la decisión.
Sin embargo, a diferencia de lo que planteó La Página Millonaria, otras coberturas periodísticas consideraron que la acción no reunía los elementos necesarios para señalar la pena máxima. Según el análisis publicado por La Nación, se trató de un forcejeo propio del juego, en el que Otamendi también había sujetado inicialmente a su marcador. Además, el diario sostuvo que el contacto posterior de Di Lollo no tuvo la entidad suficiente para ser considerado una infracción.
Clarín también describió la situación como un forcejeo entre ambos futbolistas y señaló que el defensor de Boca terminó sujetando levemente la camiseta de Otamendi. Desde esa interpretación, el contacto existió, pero no necesariamente alcanzó para justificar un penal.
Uno de los puntos centrales para analizar la jugada es que el reglamento no establece que cualquier agarrón dentro del área deba ser sancionado automáticamente con una pena máxima. La infracción debe evaluarse en función de su intensidad, su incidencia sobre el rival y las consecuencias que tiene sobre la disputa del balón.
En este caso, la discusión pasa por determinar si Di Lollo consiguió impedir que Otamendi participara de la jugada mediante la sujeción o si el contacto formó parte de un forcejeo entre dos futbolistas que buscaban posicionarse para disputar el córner.
También corresponde considerar el protocolo del VAR. De acuerdo con las reglas del IFAB, la tecnología interviene ante errores claros y manifiestos o incidentes graves que hayan pasado inadvertidos. Esto significa que no alcanza con identificar un contacto: debe existir una equivocación arbitral evidente para justificar un cambio de decisión.
Por eso, la ausencia de una convocatoria de Trucco a Ramírez no implica necesariamente una omisión arbitral. Si desde la cabina interpretaron que el contacto no constituía una infracción clara, correspondía mantener la decisión original.
La polémica también se alimentó de los antecedentes que presentó La Página Millonaria. El medio recordó dos penales sancionados por Ramírez en situaciones de agarrones: uno a favor de Lanús ante Banfield, en abril de 2025, y otro para Huracán frente a River, durante el Apertura 2026.
Sin embargo, comparar únicamente el tipo de contacto no alcanza para establecer que las tres jugadas sean idénticas. La intensidad de la sujeción, la dinámica del forcejeo y su incidencia sobre el atacante son elementos que deben analizarse en cada situación particular.