
En AFA todos tienen claro que empeora el problema, pero no se toca nada. Y Tapia y Toviggino por ahora sostienen a Beligoy.
En AFA todos tienen claro que empeora el problema, pero no se toca nada. Y Tapia y Toviggino por ahora sostienen a Beligoy.
Beligoy, Tapia y Toviggino. (Montaje: Luciano Canet)
Sería muy simplista responsabilizar al ex juez, a cargo de la Dirección del Arbitraje desde 2018, de todos los males que se producen fecha a fecha en el fútbol argentino. Es cierto que Federico Beligoy es la cabeza del referato. Y que hoy lo sostiene Claudio Tapia, el presidente, un hombre que pisa fuerte en Conmebol y FIFA. Y Pablo Toviggino, tesorero de la AFA y un dirigente que maneja hilos importantes, con peso propio dentro de la estructura. Por ahora, no se decidió cambiar el timón del arbitraje argentino, pese a las críticas permanentes.
Desde hace tiempo se viene diciendo puertas adentro, en la misma AFA, que Beligoy sería eyectado de su cargo. Sin embargo, sigue firme y nadie lo movió de su trono, pese a los escándalos que se suceden fecha a fecha. Todos reclaman, todos piden, todos se quejan, pero nada cambia en materia de arbitrajes. Hubo una brisa renovadora justo antes de los playoffs del año pasado, con el famoso pasillo de Estudiantes a Central, pero después todo volvió a la normalidad: polémicas y decisiones escandalosas, muchas veces sin argumentos deportivos que las sostengan.
Sospechas permanentes y equipos bajo la lupa
¿Que en todos los campeonatos del mundo hay polémicas? Sin dudas. Pero tampoco hay dudas de que Argentina pica en punta, con determinaciones que invitan a pensar mal, con equipos que aparecen recurrentemente favorecidos (los casos de Barracas, Instituto, Riestra, Central Córdoba de Santiago del Estero, Rosario Central y tantos otros del Ascenso) y algunos que sienten que corren desde atrás. Y con los hinchas que desconfían de cualquier fallo, incluso ya sin tolerancia al error.
La realidad es que se trata de un problema sin solución a la vista y que se profundiza. Arbitrajes muy polémicos, protagonistas con la mecha corta y hasta los propios hinchas cada vez más desconfiados. Ya casi no quedan jueces que inspiren confianza. Hay pedidos permanentes de los clubes para que los dirija determinado árbitro o para bloquear nombres propios. Por eso si les pitan en contra suelen escuchar el “cuando te salió bien no te quejaste, eh”.
El peso del VAR y las polémicas que bajan desde Ezeiza
Y a eso se suma, en estos tiempos, la importancia del equipo VAR, que pasó a tener una preponderancia casi equivalente a la del juez principal. Sus integrantes pueden hacer cambiar una decisión del árbitro e incluso sugerirle que vaya al monitor: llaman desde las cabinas de Ezeiza y condicionan, más allá de que la decisión final es de los árbitros. Son quienes trazan líneas, muchas veces poco claras, para determinar un offside milimétrico o validar un gol. Por algo, para la final del torneo, comenzará a utilizarse el VAR semiautomático, en un intento por evitar esas suspicacias que hoy están siempre presentes: en las jugadas finas, hasta se desconfía de la propia tecnología. El equipo VAR surgió como un aporte complementario, hoy devino en otra cosa: los jueces de campo, algunos por temerosidad y otros por complicidad, rara vez se animan a cambiar algo que les muestra el VAR.
En la interna de la AFA hay dos nombres de peso. El más popular, a quien los hinchas le dedican sus cánticos a modo de protesta, es Claudio Tapia. Pero también está Pablo Toviggino, un dirigente que construyó buena parte de su poder a partir de los clubes del Interior (sobre todo en Santiago del Estero, sede de varios partidos del fútbol argentino).
En su momento Fernando Miele (ex presidente de San Lorenzo) soltó una frase que también se le oía a Julio Grondona: “Hay que mirar más a los líneas que a los pitos”. Con el VAR se suponía que las manos negras se iban a borrar, pero el desmanejo dejó en claro que ciertas autoridades no tienen vergüenza. Incluso los dirigentes, cuentan por Ezeiza, inventan los artilugios que ni a un mago se le podrían ocurrir.
Dóvalo, Rapallini y la danza de nombres para la sucesión
Por ahora, no hay acuerdo entre Tapia y Toviggino, protagonistas de una relación histórica y con muchos matices, para remover a Beligoy, quien a su vez es jefe sindical de la Asociación Argentina de Árbitros. Se habla de Pablo Dóvalo como posible sucesor y hasta de Fernando Rapallini, exárbitro que en mayo de 2025 asumió como gerente técnico arbitral y cuyo rol se fue desdibujando con el paso del tiempo. De todos modos, Dóvalo tiene la misma línea educacional que Beligoy, es decir que nadie puede garantizar que un cambio de nombres sea un cambio de esencia: conduce la rama femenina arbitral y es árbitro fetiche de Barracas, con protagonismo en varias polémicas.
Bronca por lo bajo, silencio oficial y un "siga siga" que no frena
En la AFA todos reconocen este grave problema con los árbitros y que debe haber un cambio urgente. Algunos se animan a decirlo (caso Nicolás Russo, presidente de Lanús, pero quien también apoyó incondicionalmente a Tapia) y la mayoría elige no exponerse, aunque todos piden y luego tienen que leer estados de wathsapp o mensajes con leyendas como “Hagan caso”.
Por ahora es siga siga y, salvo River y Estudiantes que se pararon en la vereda de enfrente, dejan todo en manos de la cúpula. Y con Beligoy como número 1 durante tantos años, habiendo atravesado tormentas, conocedor de la cocina y de manejos en la AFA como pocos, no pinta que cambie algo…
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