
La rebelión comenzó durante la Semana Santa de 1996 y se extendió durante ocho días en una cárcel bonaerense. Hubo asesinatos y toma de rehenes.
La rebelión comenzó durante la Semana Santa de 1996 y se extendió durante ocho días en una cárcel bonaerense. Hubo asesinatos y toma de rehenes.
El 30 de marzo de 1996, un intento de fuga en la Unidad Penal 2 de Sierra Chica, ubicada en el partido bonaerense de Olavarría, desencadenó uno de los motines más violentos de la historia carcelaria argentina. La rebelión fue protagonizada por un grupo de internos que pasó a ser conocido como "Los 12 Apóstoles" y se extendió hasta el 7 de abril, cuando los amotinados finalmente se rindieron.
Todo comenzó cuando un grupo de presos intentó escapar del establecimiento utilizando escaleras rudimentarias y un arma de fuego. El plan fue frustrado por los guardiacárceles, que respondieron con disparos. Sin embargo, el fracaso de la fuga dio paso a un levantamiento que rápidamente se extendió por distintos sectores del penal.
Los internos tomaron como rehenes a integrantes del Servicio Penitenciario, visitantes y autoridades judiciales. Entre las personas retenidas se encontraba la jueza María Mercedes Malére, quien había ingresado al establecimiento para intentar intervenir en la situación. También fue secuestrado el secretario del juzgado.
Durante los días siguientes, la violencia aumentó. Los integrantes del grupo atacaron a presos que consideraban integrantes de una banda rival y asesinaron a ocho internos. Siete de las víctimas fueron descuartizadas y sus restos terminaron incinerados en el horno de la panadería de la cárcel. El octavo murió posteriormente en un hospital.
Uno de los episodios más escalofriantes surgió durante el juicio por los hechos. Testigos que habían permanecido como rehenes relataron que los amotinados utilizaron restos humanos para preparar comida que luego repartieron entre otros internos y personas retenidas, sin informarles cuál era su verdadero contenido.
Los testimonios judiciales también describieron las condiciones de extrema violencia que se vivieron dentro del establecimiento, donde los amotinados mantenían el control de distintos sectores mientras las autoridades intentaban negociar una salida.
La revuelta tuvo repercusiones fuera de Sierra Chica. Durante esos días se registraron protestas y movimientos de internos en otras unidades penitenciarias de la provincia de Buenos Aires, en un contexto de fuerte tensión dentro del sistema carcelario.
El 7 de abril, después de ocho días de enfrentamientos, negociaciones y toma de rehenes, los responsables depusieron su actitud y las autoridades recuperaron el control del establecimiento.
La investigación derivó en un juicio oral contra los involucrados. En abril de 2000, varios de los principales acusados recibieron condenas a prisión perpetua, mientras que otros fueron sentenciados a penas de entre 12 y 15 años.