
Rodri, volante del Manchester City y playmaker del equipo de Luis De la Fuente, elevó a Leo a un estatus tremendo a horas de disputar la definición por el título en el Mundial.
Rodri, volante del Manchester City y playmaker del equipo de Luis De la Fuente, elevó a Leo a un estatus tremendo a horas de disputar la definición por el título en el Mundial.
Rodrigo Hernández Cascante ocupa esa mitad de España que conoce bien a Lionel Andrés Messi Cuccittini: el playmaker y eje futbolístico del seleccionado de Luis De la Fuente no fue compañero de Leo, es cierto, aunque sí lo enfrentó ocho veces. Seis de ellas, cuando el capitán argentino jugaba en el Barcelona y el madrileño todavía joven centrocampista daba sus primeros pasos en Villarreal y crecía en el Atlético Madrid.
Rodri creció viendo a la leyenda. Conoce el cuento completo. Como adolescente pudo atestiguar su mitológica participación en el Barsa de Pep. Como adulto lo cruzó y apenas pudo ganarle una vez, con el Manchester City, cuando Messi estaba todavía en el Paris Saint-Germain. Comprende quién es, cómo es y qué es capaz de hacer dentro de la cancha a los 39 años.
“ Messi habla por sí solo. Pero más allá de los reconocimientos individuales, por él habla su trayectoria”, le respondió Rodri al diario As cuando el medio español le destacó haber sido uno de los pocos en haber ganado un Balón de Oro en la era Leo. Y en esa línea, puso en valor y en real dimensión lo que ha conseguido el rosarino en esta Copa del Mundo.
“Tantos años al máximo nivel… Llegar a los, no sé cuántos años tiene ahora (39), en ese estado de forma y ser el mejor jugador del Mundial es increíble”, puso en el pedestal al capitán de la Selección Argentina, resaltando que “para ellos (por el rival) es más que un jugador. Es un referente, su líder. Pero habrá que controlar a Argentina en todos los ámbitos”.
Siete partidos, un 93% de acierto en pases, un 64% de duelos ganados, 5 pelotas recuperadas por partido… El boletín de Rodri en este Mundial permite dimensionar de dónde llega el elogio a Messi. No se trata de un mero actor de reparto sino de un protagonista cuyo juego está embebido por la idea de Pep Guardiola, su deté hasta junio en el City. El mismo que llevó a Leo al estatus de leyenda en el Barsa.
Pero este Messi es distinto. Lo dicen los que hablan de él. Lo reconocen sus propios compañeros. Su mirada, su ambición, el peligro que representa enojarlo como de algún modo lo sugirió Jude Bellingham al contar que quiso distraerlo y -sospecha- terminó “despertando algo”. Ese mismo “algo” que emergió en la fase de grupos, con seis goles en tres partidos. Y que explotó ante Inglaterra, con dos asistencias que le permitieron a la Argentina llegar a su segunda final consecutiva después del oro en Qatar.
Para aquellos jugadores que vieron desde muy pequeños a Messi, verlo en este momento tiene un peso simbólico quizás difícil de dimensionar para los fanáticos: para los jugadores, es una leyenda viva. Un ejemplo de resiliencia, de continuidad, de talento, de esfuerzo. De todo. Por eso ese pibe de 39 volvió a recibir un mimo después de sus ocho gritos y cuatro asistencias, del corazón, de la gambeta para bancar a Kane y tirar un caño, del llanto ante Egipto, de este último Tango que quiere redondear ante España.
NUEVA YORK (ENVIADO ESPECIAL).
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