
Se trata del Uros-Z. Es un imponente casco de 107 metros de eslora cuya construcción comenzó en 1993 en un astillero local para funcionar como buque químico.
Se trata del Uros-Z. Es un imponente casco de 107 metros de eslora cuya construcción comenzó en 1993 en un astillero local para funcionar como buque químico. Tras la quiebra de la empresa encargada, la obra quedó abandonada. Debido a las crecidas del río Paraná (en enero de 2018 y nuevamente en octubre de 2026), la estructura se soltó de sus amarras y quedó a la deriva. En las últimas horas, volvió a desplazarse.
El barco de hierro volvió a desplazarse sin control durante a la deriva. Las imágenes exclusivas son gentileza de Mariano Vallejos
Esta situación volvió a encender las alarmas debido al grave peligro que representa para la navegación local, ya que el navío se encuentra suelto y sin ningún tipo de señalización en el agua.
El grave incidente se produjo cuando la fuerza de la corriente, impulsada por la crecida del río, logró romper los cabos que mantenían a la estructura sujeta a la costa.
Hace algunas semanas, la inmensa embarcación —que mide 107 metros de largo (eslora), 14,5 metros de ancho (manga) y 6,70 metros de alto— comenzó a moverse sin rumbo fijo, generando un riesgo inminente para los pescadores y navegantes de la zona. En las últimas horas, la situación se repitió.
La historia de este navío se remonta a principios de la década de 1990. Originalmente, fue diseñado para ser un costoso buque tanque químico con bodegas de acero inoxidable. Sin embargo, la empresa que encargó el trabajo quebró y la embarcación nunca se terminó de construir, motivo por el cual no posee matrícula oficial. Tras la quiebra, el Estado se quedó con la estructura y, aunque en el año 2000 se firmaron los papeles para retirarlo del lugar, esa promesa nunca se cumplió y quedó olvidado a la intemperie.
Debido a sus décadas de abandono, su gran tamaño y su aspecto oxidado, los vecinos de la zona lo bautizaron popularmente como el "barco fantasma del Paraná". En la actualidad, tras haber sido arrastrado por el caudal del río, el buque representa una verdadera trampa en el agua, ya que permanece estancado en un lugar indebido, a oscuras y sin advertencias visuales para quienes transitan por allí.