
Es un amistoso casi olvidado que se jugó en 2002, tres días después de la eliminación de Argentina en el Mundial de Corea del Sur-Japón. Boca ganaba 1-0 pero River lo dio vuelta en el descuento y se llevó el triunfo 2-1. Los hinchas compartieron la tribuna.
Es un amistoso casi olvidado que se jugó en 2002, tres días después de la eliminación de Argentina en el Mundial de Corea del Sur-Japón. Boca ganaba 1-0 pero River lo dio vuelta en el descuento y se llevó el triunfo 2-1. Los hinchas compartieron la tribuna.
River y Boca en su único encuentro duelo en Miami, en 2002
El único superclásico que se jugó en Estados Unidos fue en Miami, sede del Mundial donde la selección jugará mañana ante Cabo Verde por los dieciseisavos de final. Boca ganaba 1 a 0 durante casi todo el partido pero River lo dio vuelta en el tiempo de descuento: empató a los 46 minutos del segundo tiempo y se llevó el triunfo en el 47. Un grupo de hinchas aprovechó la falta de controles e invadió el campo de juego aunque sin incidentes serios, luego de uno de los superclásicos -lógicamente amistoso- más escondidos de la historia, con muy pocos testimonios gráficos, a tono de un estadio ya demolido, el Orange Bowl.
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Aquel superclásico de pretemporada se jugó el sábado 15 de junio de 2002, en medio del Mundial de Corea del Sur-Japón. Es decir, con la selección argentina recién eliminada en la primera ronda de una Copa del Mundo por única vez en los últimos 50 años: el 1-1 contra Suecia que marginó al equipo de Marcelo Bielsa al cierre de la primera fase se había jugado apenas tres días atrás, el miércoles 12 de junio. El mismo día del River-Boca se jugó, en Japón, el Alemania 1-Paraguay 0 por los octavos de final del Mundial.
Se trataba, además, de una Estados Unidos mucho más lejana al fútbol que en la actualidad. La MLS, nacida en 1996, recién gateaba. El Inter Miami, el actual equipo de Lionel Messi, no figuraba en los planes de nadie. Aquel estadio del superclásico, el Orange Bowl, era un escenario de fútbol americano que se utilizaba ocasionalmente para fútbol: lo había usado la selección en un triunfo 2-1 ante Alemania en 1993, con gol de Hernán Díaz.
El mismo Boca, en 1990, había ganado allí la Recopa Sudamericana en el Orange Bowl con un triunfo 1-0 ante Nacional de Colombia con gol de Diego Latorre. El dato olvidado es que, en 1995, Argentinos eligió ser local en el Orange Bowl en una serie ante Atlético Nacional por la Supercopa: el partido se jugó con las líneas de fútbol americano pintadas sobre el césped.
Aquel superclásico en Miami formaba parte de una pretemporada entonces atípica, en Estados Unidos, en medio de un país que sufría por la crisis de diciembre de 2001. River venía de ser campeón del Clausura, el torneo que entonces se jugaba en el primer semestre, bajo la dirección técnica de Ramón Díaz. Pero, a la vez, había quedado eliminado en los octavos de final de la Copa Libertadores por un global de 6-1 contra Gremio. Fue entonces que el presidente José María Aguilar despidió al riojano y contrató a Manuel Pellegrini. Justamente, el superclásico en Miami fue el debut del técnico chileno como DT de River.
En el plantel de Bielsa, o sea en pleno regreso del Mundial, había dos jugadores de River: Ariel Ortega y Claudio Husain. En verdad el Burrito ya no volvería a River sino que viajaría a Turquía para sumarse al Galatasaray. En Japón continuaba Celso Ayala, con la selección paraguaya, mientras que Eduardo Coudet había pedido ser transferido a Europa y Esteban Cambiasso también estaba cercano a una venta.
River formó con Ángel Comizzo; Ariel Franco, Martín Demichelis, Matías Lequi y Alejandro Escalona; Marcelo Escudero, Cristian Ledesma, Víctor Zapata y Andrés D’Alessandro; Alejandro Domignez y Fernando Cavenagui. Luego ingresarían Gabriel Pereyra, Javier Gandolfi, Juan Pablo Raponi (a quien le esperaba el destino de héroe) y Maxi López.
Boca, a su vez, estaba en plena transición tras el primer ciclo de Carlos Bianchi. El Virrey había dejado una estela de títulos y en enero de 2002 había sido reemplazado por Oscar Tabárez. El primer semestre del uruguayo no había sido bueno: en el Clausura terminó en el tercer puesto y en la Libertadores había sido eliminado en cuartos de final por Olimpia, partido que había marcado el final de la primera etapa de Juan Román Riquelme, próximo a partir al Barcelona. Contra River tampoco jugaron Mauricio Serna, Cristian Traverso y Nicolás Gaitán, transferidos a México.
El Boca del Maestro formó con Roberto Abbondanzieri; José María Calvo, Rolando Schiavi, Nicolás Burdisso y Clemente Rodríguez; Javier Villarreal, Gustavo Pinto y Christian Giménez; Guillermo Barros Schelotto, Carlos Tévez y Héctor Bracamonte. Luego ingresarían Diego Crosa, Omar Pérez y Marcelo Delgado. Los diarios de la época presentaron al partido con dos ópticas: “Nace el Boca después de Riquelme” y “River vuelve a defender con 4”, en referencia a la línea de tres defensores que había establecido Ramón Díaz.
El superclásico, en principio, no iba a ser televisado -era un sábado a las 21-, pero TyC Sports finalmente lo emitió en vivo. Y fue un partidazo, también áspero, al límite del reglamento, con dos expulsados en el primer tiempo por infracciones muy violentas, una de Nicolás Burdisso sobre Gabriel Pereya y otra del chileno Escalona sobra Calvo. Es notable cómo, en la transmisión de TyC Sports, se advierte que hasta los jugadores de River se toman la cabeza por la falta de su compañero. El árbitro, el estadounidense Kevin Terry, acertó en sus decisiones.
Con su entonces presidente Mauricio Macri en un palco con Jeb Bush, el gobernador de Florida y hermano del Jefe de Estado de Estados Unidos, George W. Bush, Boca fue ganando durante casi todo el partido. A los 7 minutos, Burdisso había abierto el resultado con un magnífico cabezazo para el 1-0 parcial. El equipo de Tabarez tuvo infinidad de chances para aumentar el resultado.
Entre el palo, algunas respuestas de Comizzo y la mala suerte, sin embargo, River siguió con vida. Y milagrosamente, en el minuto 46 del segundo tiempo, llegó al empate tras un rebote en un centro: Matías Lequi, compañero de Demichelis en la dupla central, marcó el 1-1.
Parecía asunto terminado pero, al minuto siguiente, o sea en el 47, Juan Pablo Raponi convirtió el gol de su vida. Y fue un golazo además, un ingreso en velocidad al área de Boca con una posterior definición cruzada sobre Abbondanzieri. Muchos años después, contaría que fue el mejor gol de su carrera: lo festejó sacándose la camiseta. Enganche de las inferiores, en River llegaría a jugar ocho partidos oficiales sin goles, antes de continuar su carrera en muchos clubes, entre ellos Banfield, Olimpo y Ferro.
Sobre el final del partido, sin que los encargados de seguridad lo impidieran, varios hinchas invadieron el campo de juego aunque sin incidentes serios. Los simpatizantes, incluso, compartieron una misma tribuna, la que enfocaban las cámaras: a la izquierda los de River y a la derecha, los de Boca.
Acorde a un superclásico en Miami, al día siguiente los jugadores de River festejaron tirándose a las aguas cristalinas del océano Atlántico, ya en la entrada del Mar Caribe. Boca siguió su pretemporada en Estados Unidos y a los pocos días sufriría, en Nueva Jersey una derrota similar: vencía 2-0 a los Metrostar pero perdería 3-2.
River y Boca jugaron solo seis veces en el exterior: el resto fue en estadios mundialistas. En el Azteca de México, sede de la actual Copa del Mundo -a diferencia del Orange Bowl-, River le ganó por penales en 2014, tras un empate 1-1. En el Centenario de Montevideo hubo tres amistosos, con dos triunfos de Boca y uno de River, en 1955, 1978 y 1984. El único oficial fue en el Santiago Bernabéu de Madrid, en 2018, cuando River se quedó con la Copa Libertadores.
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