
Todos los detalles del Fanatics Festival que se realizó en la zona de Manhattan, Nueva York, con la presencia de múltiples estrellas.
Todos los detalles del Fanatics Festival que se realizó en la zona de Manhattan, Nueva York, con la presencia de múltiples estrellas.
La selfie que se hicieron Lionel Messi, el Dibu Martínez, Rodri y las demás celebridades presentes en el Fanatics Festival de Nueva York.
Un helicóptero sobrevuela el Hudson antes de aterrizar a espaldas de un edificio vidriado ubicado a unas cuadras del Javits Center. Parece listo para ser abordado. Otro similar siguió el mismo ritual para trasladar a las estrellas de un Mundial made in Estados Unidos: grandilocuente, impactante en algunos casos, con el show off que vuelve más pomposos a los eventos deportivos de este extremo de la brújula americana. “Estoy bastante nervioso porque volvemos en helicóptero”, bromea minutos más tarde Luis De la Fuente, el técnico de España, en pleno speech pre final. Minutos más tarde su lugar lo ocupará Lionel Scaloni, en ese mismo escritorio del auditorio del Fanatics, el centro de convenciones en el que la FIFA organizó un espacio dedicado a los fans. Y que albergó en sus entrañas de hormigón y vidrio al show de los shows. Al All Star Game de una definición que comenzó a jugarse.
Parece el sueño de un fanático del deporte hecho realidad. Kevin Durant recorre el escenario, saluda al moderador inglés Rio Ferdinand (jóvenes, googleen: no hubo muchos como él en la defensa británica), de repente se topa con Tom Brady, uno de los mejores jugadores de la historia de la NFL. Todo un rato después de que Novak Djokovic le hiciera preguntas a las personas vestidas de azul, bermudas y sonrisas con un micrófono decidido a acoplar. Sentados en una banqueta alta, Lionel Messi, Lionel Scaloni y Dibu Martínez asienten, responden, sintonizan el dial de lo que se pretende en ese último paso protocolar antes de sumergirse en el día -1. En la concentración para la definición del Mundial en el que se enfrentarán a los que están en la otra punta del estrado: Luis De la Fuente, amigote de Scalo y silbado cuando intentó hablar ("me han enseñado a ser respetuoso con todo el mundo y deberíamos aprender de esa lección", dijo), y Rodri Hernández.
Es el show perfecto. El Madison Square Garden está a apenas 0.7 milla, según Google Maps (hay que confiar y tenerlo siempre a mano: Manhattan es gigante): tranquilamente este show de estrellas internacionales podría haberse celebrado ahí para albergar a los fanas con ticket que consiguieron un lugarcito a módicos 82 dólares para asegurarse un tesoro en mp4 o en JPG. Un video, una foto. Un gesto de Messi. La bandera en la cabeza de Dibu, que habla en inglés como si hubiera nacido en Birmingham pero ataja con el fervor que le brota del corazón marplatense. Las sonrisas de Scaloni. Un main event destinado a que los protagonistas tengan ese encuentro cercano del tercer tipo con quienes los adoran.
Aunque uno solo es el extraterrestre. Al que miran. Al que desean tener cerquita al menos para pedirle al menos una mirada. Messi atrae los flashes, acapara las pantallas de los smartphones que lo graban. Tanto que cuando Scaloni arranca a brindar su discurso y el pitido del encontronazo entre el micrófono y el parlante obliga a una pausa, los fanas empezaron a reverenciar con el mantra típico, el “Meeessi, Meeessi” típico que se oye en cada tiro de esquina, tiro libre, finta, caño y etcéteras. De eso es capaz el rosarino de 39 años que asombra a todos los espectadores de esta Copa del Mundo. Cuando no también a los competidores que tiene a su lado. Tanto que Rodri, de los mejores del Mundial y candidato a Balón de Oro como en 2024, lo destacó como “el mejor jugador de todos los tiempos“ y “un jugador que ha sido capaz de liderar a su selección y llevarla en Qatar a ganar la copa del mundo, en este caso a la final”.
El show lo arma Leo. Como en la cancha, ahora en un escenario. Está viviendo sus últimos días de su último Tango y ahora es un rockstar. Que está sentado sonriendo. Que está disfrutando. Que está viviendo de cerca cómo hay personas que han sido capaces de gastarse parte de sus ahorros sólo para tenerlo cerquita un rato. Un Messi que atrapa, que seduce, que es idolatrado. Al que le pasaron por al lado grandes en lo suyo, del tenis, de la NBA, de la NFL. Pero que parece opacarlos por su aura, por lo que irradia, por su vigencia. Por todo eso que lo ha llevado a ser la estrella una vez más antes de jugar. Que se repita el domingo.
NUEVA YORK (ENVIADO ESPECIAL)
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