
Veinte años después de confesar en una entrevista olvidada que soñaba con definir el Mundial frente a la Roja, el N°10 de la Selección tiene la chance de cerrar el círculo perfecto en Nueva Jersey.
Veinte años después de confesar en una entrevista olvidada que soñaba con definir el Mundial frente a la Roja, el N°10 de la Selección tiene la chance de cerrar el círculo perfecto en Nueva Jersey.
“Es un partido especial”, admitió Lionel Messi después de la agónica e histórica remontada 2-1 frente a Inglaterra, con doblete de asistencias suyo. Lo dijo con la voz de quien todavía no termina de creerlo: no solo por tratarse de la final del Mundial, la tercera que disputará con la Selección Argentina, sino porque del otro lado del campo de juego del Metlife Stadium de Nueva Jersey lo esperará España. El rival que lo vio crecer.
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El país lo cobijó desde los 13 años, cuando se incorporó a la academia de Barcelona. Tiempo después, al distinguir cada uno de sus entrenadores que era mucho más que un extremo imparable, un jugador distinto a todos y dueño de un talento inagotable, lo tentó con vestir la camiseta roja.
Pero a Leo nunca se le cruzó por la cabeza otra cosa que no sea llevar a lo más alto la bandera albiceleste con la pelota pegada al botín zurdo. Representar a Argentina fue siempre su gran sueño. Como Diego Armando Maradona, se desvelaba imaginando el momento en que levantaba la Copa del Mundo. Como Diego Armando Maradona, se desvelaba imaginando el instante exacto en que levantaba la Copa del Mundo. Después de tanto insistir, y con una vuelta del retiro de por medio, lo consiguió en Qatar 2022, al vencer por penales a Francia.
Desde que era un pichón de crack, Messi anhelaba definir el título máximo con España. A finales de 2005, después de ganar el Mundial Sub 20 (también se quedó con el Balón de Oro y la Bota de Oro del torneo) y en la antesala de Alemania 2006, un Leo pelilargo y de sonrisa tímida expresó su deseo en una entrevista con EFE que había quedado sepultada en el olvido: "Sería lindo un Argentina-España en la final".
Debieron pasar más de dos décadas para que el destino del fútbol le cumpliera el capricho. Durante ese tiempo, la Roja dio la vuelta olímpica en Sudáfrica 2010 y la Albiceleste abrazó la gloria en la edición pasada, una revancha de la final perdida de Brasil 2014.
Toda una vida pasó desde aquellos dichos de Messi. Para tomar dimensión: todavía no habían nacido Lamine Yamal (13 de julio de 2007) ni Pau Cubarsí (22 de enero de 2007), dos de las grandes figuras de España y el Barcelona que hoy lo tienen como ídolo máximo. Gavi (5 de agosto de 2004) apenas tenía un año en diciembre de 2005. Y Pedri (25 de noviembre de 2002), con quien alcanzó a compartir plantel antes de su despedida del Barça, recién cumplía tres.
“Conozco a los jugadores también, me he enfrentado, los sigo, varios están en el Barca”, le dijo Leo a TyC Sports. Y cerró, con la calma de quien ya tocó el cielo con las manos: “Una vez más, nos podemos entre los dos mejores del mundo y eso demuestra que todo lo que hicimos no es casualidad y nadie nos regaló nada. Conseguir dos finales del mundo seguidas es para pocos y este grupo lo consiguió".
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