
Unos 20.000 argentinos coparon el corazón de Manhattan con el último banderazo antes de la final contra España. Bombos, bengalas, pogo y una fiesta que convirtió a Nueva York en una segunda Buenos Aires.
Un hombre deambula por la esquina de la 7th Avenue y la calle 45. Una serpiente está enroscada en su cuerpo. Es una curiyú, o así parece: nadie se anima a preguntarle al exhibidor cuál es la especie. Hacerlo representa un riesgo: ante cualquier amago de pregunta, él hace el ademán de sacarla de sus hombros para colgársela a quien le consulta. Y es que la foto cotiza unos buenos mangos en pleno Manhattan. Si es cara grande, se agradece.
El amarillo de esa boa resalta cromáticamente en plena marea albiceleste. Nueva York desde el jueves al mediodía es una segunda Buenos Aires: a Times Square sólo le falta el Obelisco. Entre los fotógrafos callejeros que transitan con sus tablets, sus cámaras y sus paraguas para darle un toque pro a las imágenes que les toman a los turistas, esos 300 metros iluminados por pantallas LED en 4K albergan al último banderazo del Mundial, con unos 20.000 hinchas. La última peregrinación pasional de los argentinos antes de la final en el MetLife, donde España espera.
El banderazo argentino desde la altura.
“Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”, se oye desde varias cuadras. El hit resuena desde el punto más brillante de la Tierra: el haz de luz se eleva multicolor, tanto que desde el piso 86 del Empire State se destaca en un paisaje que de por sí abruma, anestesia la mente, la deja en shock: la constelación de ventanas iluminadas parece formar un universo paralelo. “¡Vamos mañana en la final, eh!”, grita un argentino. Otro levanta el pulgar, sonríe. Se encontrarán seguramente allí donde todo vibra, en la ciudad que, según Frank Sinatra, nunca duerme. Imposible hacerlo.
Banderazo de hinchas argentinos en Time Square previo a la final que disputara Selección Argentina contra España. Foto Juano Tesone/ Enviado especial - FTP CLARIN JTE08413.jpg Z JTesone Tesone
Porque los bombos llegan por las anchas veredas. Van hacia Broadway. Dos extranjeros bailan danzas típicas para ganarse unos dólares a la gorra. Hasta que el compás de los tambores los pone de la gorra: meten pogo, revolean sus brazos, se suman al ritual. El que comenzó en Mill Creek Park de Kansas City, el que siguió en el Klyde Warren Park de Dallas para mudarse después a Miami Beach, al Piedmont Park y al Underground de Atlanta. Y a los aeropuertos, aviones, autos y todo sitio en el que hubo un argentino gritando al ritmo de ese amor del que no se arrepienten, honrando al hit de Gilda que le dio ritmo a la canción de cancha más popular de este Mundial.
Times Square suele reunir, año tras año, a miles de neoyorquinos -habitantes nativos o sólo residentes- para festejar el Año Nuevo. La nueva era. Para brindar, besarse, emborracharse en el frío invernal de Manhattan. El checkpoint ahora celebra otra cosa: lo que puede llegar a venir. No importa qué. Porque si Argentina gana habrá Cuarta, sueño cumplido, vuelta olímpica, llanto y hurras a Messi. Si no lo hace, lo único que no habrá será otra estrella: este Mundial ha llenado a muchos por la épica de cada paso, por el brillo de Lionel, por los golazos de Enzo, por la reivindicación de Lautaro, por el bombazo de Julián a Suiza, por el empuje de Cuti. Porque la Scaloneta ha dejado cosas para festejar.
Banderazo de hinchas argentinos en Time Square previo a la final que disputara Selección Argentina contra España. Foto Juano Tesone/ Enviado especial - FTP CLARIN JTE08441.JPG Z JTesone Tesone
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Por eso desde temprano, con o sin paraguas, ya había cientos reunidos en la vereda de la casa de camarones inspirada en Forrest Gump. Otros tantos en la esquina del Hard Rock, varios más paseándose por los carros tirados por bicicleta con la música al mango que pelean para ver quién pone más alto su parlante. Una Nueva York que de repente ve poblar su emblemático epicentro de señalética electrónica de lo más puro de la cartelería amateur. Letreros hechos a mano en cartones rogando por entradas. Tickets que, en la reventa, ya superan los 8.000 dólares. Los trapos de Maradona, de la #10 de Messi. Una pasión que trasciende la cancha para llegar a la tela.
Banderazo de hinchas argentinos en Time Square previo a la final que disputara Selección Argentina contra España. Foto Juano Tesone/ Enviado especial - FTP CLARIN 20260718_180007.jpg Z JTesone Tesone
No es cómodo alentar. Time Square está colapsada. La policía administra el paso. Corre vallas para evitar que la gente baje de la vereda. Desborda la pasión. En la esquina de Actors’ Equity y la 7 Av no cabe nadie más y siguen llegando. El calor se vuelve agotador. El vapor subterráneo no ayuda. La seguridad hace lo que puede: el tráfico no se va a cortar. Pero el pogo sigue. Porque “el que no salta es un inglés”. Porque “mañana cueste lo que cueste”. Porque el Himno penetra en el corazón, lo estruja.