
La Pulga, figura absoluta de este Mundial, transita sus últimos años como genio de este deporte, pero él mismo reconoce que son sus “últimas batallas”. Mientras tanto, en el rival de este domingo, donde disfrutaron por primera vez a Leo, ya gozan de otro prodigio: Lamine.
La Pulga, figura absoluta de este Mundial, transita sus últimos años como genio de este deporte, pero él mismo reconoce que son sus “últimas batallas”. Mientras tanto, en el rival de este domingo, donde disfrutaron por primera vez a Leo, ya gozan de otro prodigio: Lamine.
Lionel Messi atraviesa, quizá, el último Mundial de su carrera, aunque por ser él siempre debe haber lugar para la duda porque hace un tiempo parecía improbable verlo en Estados Unidos y hoy es la figura absoluta del torneo. Su brillante presente igual sigue marcado por el calendario, porque con 39 años recién cumplidos, Leo sabe que transita el ocaso de su carrera. Rey absoluto del fútbol durante este siglo, relegó a Cristiano Ronaldo a un lejano segundo lugar. Es amo y señor, incluso después de haber decidido refugiarse en la liga de Estados Unidos, donde las exigencias son menores, pero le permiten una vida tranquila. Si algo le faltaba para cerrar un exitoso recorrido era quitarse la piedra en el zapato con la Selección. Y vaya si lo logró: se coronó cuatro veces desde 2021 para acá y esta tarde en Estados Unidos buscará su segunda Copa del Mundo. Aunque aún vigente, como si el tiempo para él corriera a otro ritmo, el final de su etapa como jugador está ahí, a la vuelta de la esquina, y es imposible no preguntarse: ¿y después de Messi qué?
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Si tras el retiro de Diego Maradona era difícil imaginar a alguien que pudiera acercarse a semejante nivel, aún más complejo será pensar una figura del fútbol mundial tan clara después de la Pulga, quien, a diferencia del Diez, perduró en la más alta competencia, superó cuantos récords le pusieron en el camino y se consolidó como uno de los mejores de todos los tiempos (o el mejor). Y también llenó de emociones a quienes lo vieron hacer jugadas memorables con una habilidad única y, probablemente, irrepetible. Sin embargo, ahora el francés Kylian Mbappé, de padre camerunés y madre argelina, quien sorprendió desde su irrupción en la Copa del Mundo de Rusia con solo 18 años, parece ser el delantero que completará todos los casilleros posibles: rápido, habilidoso, potente, goleador, asistidor. A pesar de que Francia terminó tercero y tuvo una deslucida derrota con España en la semifinal, él sobresalió: con los dos tantos a Inglaterra en el duelo por el último lugar del podio, se convirtió en el máximo goleador de este Mundial y también de toda la historia de las Copas del Mundo. En ambas tablas dejó segundo a Messi.
Pero la final de este domingo tendrá un condimento especial, porque pondrá enfrente al Rey actual y a su heredero, Lamine Yamal. Aun con un desempeño discreto, por similitudes en las características de juego, proyección y origen futbolístico en Barcelona, el español está destinado a quedarse con ese legado. El joven español, cuyo padre es marroquí y su madre de Guinea Ecuatorial, sorprendió al mundo en la última Eurocopa que conquistó la Roja y es la joya de los dirigidos por Luis de la Fuente, aunque llegó al torneo con problemas físicos que le impidieron sobresalir hasta el momento. Con una gambeta propia de potrero, Yamal ya está entre los mejores jugadores del mundo a pesar de que el 13 de julio pasado recién cumplió 19 años.
Lo que diferencia a Yamal de Messi es la figura que construye fuera de las canchas. Mientras el argentino pasa lo más desapercibido posible, el juvenil de Barcelona marca una postura. En los festejos tras la conquista de la Eurocopa mostró una bandera de Mataró, la localidad en la que se encuentra Rocafonda, el barrio de Catalunya en el que creció. Hoy, en el Mundial, luce una vincha con el nombre de su lugar de origen. En esa zona que acobijó a varios inmigrantes de diferentes culturas y que hasta su aparición solo aparecía en los medios cuando ocurría un hecho policial, Lamine gambeteó a su primer rival: la marginalidad.
Consciente de su talento y con una madurez sorprendente, Yamal se refirió tiempo atrás a las comparaciones con Messi, a quien tiene de ídolo: “Son cosas que te restan porque nunca vas a ser como él”. Fue después de una foto que publicó el padre del español en la que Leo, de entonces 20 años, sostiene al pequeño Lamine, de solo seis meses. Además de esa premonitoria imagen, ambos tienen algunas similitudes que los unen. Se formaron en La Masía de Barcelona, debutaron a una temprana edad (Messi a los 16 en un amistoso y casi un año después de manera oficial, mientras que Yamal lo hizo con 15 años y 290 días) y en sus inicios se movían por la derecha del ataque, pese a que la pierna hábil de los dos es la izquierda.
El retrato entre Messi y Yamal lo tomó el fotógrafo Joan Monfort, quien entonces trabajaba en Sport, pero hace muy poco advirtió quién era el bebé de aquel momento. “Me enteré hace dos semanas. A las 12 de la noche de un viernes, un excompañero me preguntó si la imagen era mía. Le dije que sí y le pregunté quién era el nene del retrato, porque no llegaba a ver bien. Cuando me dijo que era Lamine, lo único que dije fue: Oooostia”, le contó a Olé. En una de esas fotos, además de alzarlo, Messi acompaña al bebé que se encuentra en una bañera. “Fue Lamine el que bendijo a Leo”, bromeó Mounir Nasraoui, el padre de Yamal. En algunas religiones, el agua bendecida es símbolo de purificación. Y también significa recibir la protección de Dios.
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